Crónicas de Juárez

Un tranvía que cruzó la frontera por casi 100 años

En casi un siglo de operaciones, este sistema de transporte entre Ciudad Juárez y El Paso, Texas, fue mudo testigo de la historia fronteriza; en sus asientos trasladó a soldados de Fort Bliss que acudían a divertirse a Juárez; pero también llevó a migrantes mexicanos que buscaban “el sueño americano”

Crónicas de Juárez

Juan de Dios Olivas
Apuntes Políticos

Ciudad Juárez – Quizás pocos juarenses recuerden todavía el peculiar sonido del zin ting, o la campanita que algún tiempo utilizaron para avisar que avanzarían en dirección a los cruces internacionales, aunque lo cierto es que la mayoría de los habitantes de la ciudad desconocen que en Juárez hubo alguna vez tranvías.

Si, por espacio de casi un siglo, este medio de transporte comunicó a Ciudad Juárez con El Paso, Texas.

El primer vehículo, jalado por mulas aquel vehículo que circulaba sobre rieles como si fuera un tren, fue captado por una cámara fotográfica en algún momento cuando avanzaba al sur del Río Bravo desde El Paso, Texas a Ciudad Juárez por la calle Lerdo.

A su paso llamaba la atención de los pocos transeúntes que había en la calle y un niño miraba curioso la escena en el extremo del puente de madera, construido para ese medio de transporte, mientras que un fotógrafo inmortaliza la escena con su cámara que un siglo después genera añoranzas.

Se trataba de la primera vía internacional de tranvías que iniciaba operaciones en esta frontera en el año 1882, que marcaba una era que habría de terminar hasta 1973 y en la que los transportes no eran sinónimo de mal servicio como ocurre en la actualidad.

Para entonces Juárez ya había dejado de ser la villa Paso del Norte y se había transformado en una ciudad en progreso, cosmopolita, con un intenso comercio acelerado por la llegada del ferrocarril. El tranvía contribuyó aún más al progreso particularmente trayendo turismo a Ciudad Juárez.

El servicio de tranvía fue implementado aquí por el empresario Felipe Arellano que trae los primeros carros de Nueva York.

Las unidades que tenían a sus costados rótulos con la leyenda “Tranvías de Ciudad Juárez”, “El Paso & Juárez”, circularon por esta frontera hasta el año de 1900 cuando la compañía de Arellano fue adquirida por El Paso Electric Railway la cual recibió el apoyo de el gobernador Luis Terrazas y llego a contar entre sus socios a importantes empresarios juarenses como el doctor Mariano Samaniego e Inocente Ochoa, así como los paseños McGoffin, Zacarías White, y Anson Mills

La empresa consolidó en Ciudad Juárez el servicio, sustituyó los carros de mulas por vehículos eléctricos y extendió el servicio hasta las inmediaciones del nuevo Hipódromo de Ciudad Juárez, ubicado de lo que entonces era el sur de la mancha urbana.

Esa compañía implementó un tranvía más mecanizado que partía de la 16 de Septiembre y la avenida Lerdo. Circulaba por la misma calle Lerdo hasta la Vicente Guerrero, dando vuelta en la Ramón Corona, después en la 20 de Noviembre, aun lado del monumento a Benito Juárez, después al sur por la Constitución hasta la avenida del Hipódromo que actualmente se llama avenida de los Insurgentes.

Más adelante daba vuelta a la izquierda, hacia el oriente hasta llegar a la calle Perú, que esta sesgada y era el camino del tranvía hasta llegar a la Reforma que se llamaba avenida de la Cervecería. De ahí daba vuelta al oriente y entraba a la calle que conducía al primer Hipódromo de Ciudad Juárez.

El tranvía nuevo era moderno, eléctrico, contaba con dos frentes, pero como no había retorno, quitaban el volante y la palanca de freno que eran removibles y lo colocaban en el otro extremo para volver a instalarlo para regresar de frente por la misma vía. Estos vehículos se utilizaron hasta el año de 1950.

Posteriormente llegaron los Coches Comité Presidencial (PCC) construidos en la década de 1930 para circular en San Diego, California, pero adquiridos por la compañía El Paso City Lines, la cual también adquirió la empresa que operaba en la frontera de El Paso-Ciudad Juárez.

Este vehículo fue el que los juarenses mayores de edad conocieron y que en El Paso, Texas están rescatando actualmente. Circulaban en círculo por la misma vía, con un solo frente. Había una campanita que tenia un sonido característico que indicaba que iba a avanzar se oía zin ting.

Al cruzar a Juárez por el puente Juárez y Reforma, conocido como el de la Lerdo, el tranvía realizaba su primera parada en la calle Tlaxcala.

Posteriormente en la Mejía para proseguir hasta la Abraham González y la 16 de Septiembre. En esta última arteria daba vuelta al poniente y hacía un alto en la avenida Ferrocarril (Francisco Villa).

Al llegar a la avenida Juárez daba vuelta y hacía alto en la Abraham González, donde se encontraba la casa Open.

En todo el recorrido había almacenes, tiendas, bares, restaurantes, hoteles y negocios que daban servicio a turistas y juarenses por igual.

En ese entonces los bares abrían 24 horas y quienes llegaban a visitarlos, se iban amaneciendo en el tranvía de vuelta a El Paso. Otros preferían cruzar el puente y tomar el tranvía ya en territorio estadounidense.

En aquellos días, por dos centavos el tranvía cruzaba a los habitantes por la frontera, entonces no pedían pasaporte ni visa.

El fin del tranvía

Tras casi un siglo de operaciones, en el que fue mudo testigo de la historia de Ciudad Juárez, el tranvía vería el final de sus días el 31 de julio de 1973, cuando abruptamente el gobierno mexicano ordenó suspenderle el permiso para circular en territorio mexicano.

En ese lapso de casi 100 años, sería testigo de los días finales de la dictadura del gobierno de Porfirio Díaz, su entrevista con el presidente Taft, el estallido de la Revolución Mexicana, periodo en el que Pancho Villa ordenaría constantemente cortar el cableado eléctrico. También vería los mejores días del Hipódromo de Ciudad Juárez y sus centros nocturnos al acarrearles miles de clientes a diario.

En sus asientos trasladaría a soldados de Fort Bliss que acudían a divertirse a Juárez; pero también llevaría a Estados Unidos a migrantes mexicanos que buscaban “el sueño americano”.

El tranvía fue mudo testigo de la entrega de El Chamizal a México, pero también del recrudecimiento de las relaciones con Estados Unidos, lo que vendría terminar con su recorrido por Juárez.

Algunos historiadores atribuyen el final de este medio de transporte a las exigencias de los comerciantes mexicanos que veían como los juarenses lo utilizaban para ir de compras a El Paso, Texas.

Aunado a lo anterior, la compañía City Lanes atravesó por conflictos laborales con el personal que era en su mayor parte mexicano.

En 1973 tras el conflicto con los colectores de peaje de los puentes internacionales, el personal fue asimilado por el Gobierno Federal y asignado a Caminos y Puentes Federales.

Para poner fin a la concesión que en México se les dio para circular por Juárez y cruzar la frontera, los tranvías fueron secuestrados y abandonados en Ciudad Juárez durante un periodo de 30 días, ya que dejar de prestar el servicio por ese lapso, implicaba la cancelación del permiso.

Con ese sabotaje, los tranvías ya no volvieron a brindar servicio en esta ciudad, los vehículos fueron regresados a Estados Unidos y el Gobierno de México ya no les permitió seguir funcionando en territorio mexicano.

En 1977 el gobierno municipal ordenó desmantelar la infraestructura y la mayor parte de los rieles fueron retirados, poniendo fin a la última esperanza de que regresaran.

Algunos rieles permanecieron en su lugar y fueron tapados con asfalto porque algunos juarenses todavía tenían la esperanza de que se les autorizara nuevamente circular.

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Fuentes:
Armando B. Chávez, en Visión Histórica de la Frontera Norte de México

Martín González de la Vara, en Breve Historia de Ciudad Juárez

docentes2.uacj.mx

www.texastrolleys.com

Colección Allen Morrison

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