Opinión

La trampa, la telaraña




diciembre 18, 2019

¿Qué nos ha pasado, porque tanto dolor, tanto sufrimiento?, estamos como asombrados todo el tiempo ante lo desconocido, ante lo que no pedimos ni deseamos.

Jorge S. Bermúdez

Como casi todas las personas que conozco, hay momentos en que queremos no pensar más, hacer como que nada sucede y además dormir y despertar ya cuando el insoportable bullicio haya acabado.

No es de culpar a nadie, el nivel de desencanto y apatía que vivimos en un mundo que al parecer se cae a pedazos, un mundo donde somos desprovistos de lo fundamental, de lo esencial, donde los pilares que nos sostenían son destruidos por manos que creíamos amigas, en seres en quien confiamos, y que abiertamente nos traicionan.

Las preguntas sistemáticas son, ¿Qué nos ha pasado, porque tanto dolor, tanto sufrimiento?, estamos como asombrados todo el tiempo ante lo desconocido, ante lo que no pedimos ni deseamos.

He mencionado antes que yo atribuyo este descontrol tan enorme, esta barbarie incansable al fin de nuestra era, de nuestra cultura, de nuestra sociedad, estoy convencido que esta descomposición ya nadie la detiene y no solo no disminuirá, sino que ira creciendo conforme pasan los años.

No obstante, mi razonamiento y mi resignación no dejo de observar el abuso que se comete diariamente en contra de la sociedad toda, y hablo particularmente del terrible momento por el que pasa nuestro país en lo que a división social y engaño se refiere.

Increíblemente caímos en una enorme trampa, en una gigantesca telaraña que nos ha inmovilizado y además nos ha apuntado con su dedo acusador, a unos de conservadores y enemigos del nuevo modelo gubernamental y a otros de chairos, o focas aplaudidoras de la cuarta transformación.

El país está enfrentado, muy lastimado de ambos lados creados por el gobernante en turno, sé que históricamente los mexicanos habían hecho diferencias particularmente sociales entre unos y otros, que durante siglos hemos padecido los resabios de la colonia, y por supuesto que ha habido sectores muy lastimados, injusticias inenarrables, y sectores muy privilegiados.

Por supuesto que México es un país profundamente clasista y racista, donde unos pocos creen merecer tratos especiales, y facilidades que la enorme mayoría no tiene, ni ha tenido jamás. Pero sería perverso no reconocer que hubo durante muchos años avances significativos, donde se crearon instituciones democráticas que funcionaban y lo hacían bien, alternancia política en todos los órdenes de gobierno, y un congreso que generaba un contrapeso significativo.

Hoy por desgracia ha sido tal la embestida del populismo socialistoide latinoamericano inculto y torpe, que nuestros avances históricos se comienzan a desdibujar a una velocidad vertiginosa, haciendo casi imposible imaginar la sociedad fuerte y productiva en que nos estábamos convirtiendo antes de esta máquina destructora populista.

Jamás imagine ver un país tan polarizado, las diversas expresiones de odio son cotidianas, por no decir diarias, hoy vemos a mujeres odiando a hombres, a hombres odiando mujeres, a conservadores despreciando a los nuevos izquierdistas, izquierdistas queriendo llevar al pat íbulo a los conservadores, campesinos amenazando artistas, artistas burlándose de los héroes campesinos, políticos engañando al pueblo, el pueblo enfrentado a muerte con sus autoridades, blancos contra morenos, mestizos contra criollos, blancos contra negros, chairos contra fifís , empresarios contra el gobierno, el gobierno contra los contribuyentes, la sociedad contra el crimen y la justicia siendo ciega contra este.

En fin que la caja de pandora se abrió de par en par, y todos los demonios están sueltos en un país que raya en la barbarie y en el retroceso.

Alain Finkielkraut, el gran intelectual y filósofo francés dijo en una ocasión muy acertadamente lo siguiente que cito de memoria y por eso carece de literalidad.

“Cuando el hombre logro la hazaña de leer con precisión el genoma humano y cayó en cuenta que no hay diferencia alguna entre un ser humano, blanco, negro, amarillo o café, el argumento de la superioridad racial debió desaparecer por completo, el racismo debió desaparecer, sin embargo no desapareció, solo regreso a su punto de origen. El racismo del siglo XXI es un racismo cultural”

Los seres humanos históricamente y de forma natural buscan diferenciarse, pero propiciar de forma artificial la guerra de unos contra otros es una canallada innombrable.

Y como no obstante que allá afuera se encuentra hoy el infierno, deseo abstraerme de él y buscar mundos más hermosos a través de la literatura por eso deseo a todos ustedes una feliz navidad deseando con toda el alma que sea un momento de reconciliación, mientras yo y con su permiso me dispongo a leer “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust.

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