Crónicas de Juárez

Paso del Norte y la guerra de 1847

Una batalla de unas cuántas horas en la que México perdió la mitad de su territorio ante Estados Unidos, dividiendo a las comunidades asentadas en esta frontera y obligando a sus residentes a desplazarse al sur o quedarse a merced de los nuevos amos de esas tierras

Juan de Dios Olivas / Especial para La Verdad

La mañana del 13 de septiembre de 1847 fue tomado el castillo de Chapultepec por el ejército de Estados Unidos. La batalla duró unas cuantas horas, pero la derrota marcó por siempre a México, debido a que en cuestión de meses se vería obligado a ceder la mitad de su territorio.

Los habitantes de la antigua villa Paso del Norte, fundada por fray García de San Francisco fueron testigos directos de los estragos y consecuencias de esa guerra, ya que las comunidades asentadas aquí quedaron divididas por el río Bravo, tomado como límite de la nueva frontera y de un día a otro quienes vivían al lado norte, tendrían que desplazarse al sur o quedarse a vivir a merced y desprecio de los nuevos amos de esas tierras.

El 2 de febrero de 1848, en la Villa de Guadalupe Hidalgo, de la Ciudad de México, ambos países firmaron el Tratado de Paz, Amistad, Límites y Arreglo Definitivo también conocido como el Tratado de Guadalupe Hidalgo. 

El acuerdo que establecía además de la cesión de territorios, los nuevos límites de la frontera norte concretaban así la política de expansión implementada por el presidente norteamericano James Polk.

Tras su firma, poblaciones enteras fueron obligadas a dirigirse al sur y dejar sus propiedades para que estas fueran ocupadas por estadounidenses.

Así nacieron municipios como San Ignacio (hoy Praxedis G. Guerrero), y Guadalupe, Distrito Bravos, en el Valle de Juárez, el cual se convirtió en refugio de agricultores y jornaleros desplazados por la guerra, mexicanos que no deseaban quedarse del lado estadounidense y que vinieron cargando hasta con sus muertos, de acuerdo con crónicas de la época.

El cura Ramón Ortiz, entonces diputado federal, daba cuenta del daño y al oponerse argumentaba los inconvenientes que para los mexicanos de uno y otro lado de la frontera planteaba el tratado.

“Perdidas las fértiles riberas, los montes, las salinas y todos los terrenos, en fin, que habitantes de Paso del Norte poseen en la parte izquierda del Río Bravo… habrán desaparecido todos los elementos con que contaban para subsistir… trasladarán su residencia a la otra margen del río, pues pasando éste sin dejar a la población ni sus ejidos por el lado Este, tendrán que ocurrir a un país extranjero aún para la leña, carbón de consumo y la empalizada para llevar agua al centro de la villa… tal sería el conflicto en que se pondría a un distrito de 15, 000 habitantes”, manifestó el sacerdote,  uno de los héroes que ha dado la entidad al país y cuyo relato fue recopilado por Ramón Alcaraz en “Apuntes para la guerra entre México y Estados Unidos”, publicado originalmente en 1849 y del que el sacerdote fue coautor.

Texas, la manzana de la discordia

Dos años antes de la firma del tratado de paz y límites, Texas se convertiría en el centro de una disputa entre México y Estados Unidos impulsada por los intereses expansionistas de los estadounidenses y alimentada por los texanos que en 1836 ya habían declarado su independencia y protagonizado varias batallas sin que pudieran ser derrotados en forma definitiva por las fuerzas mexicanas.

La región de El Paso del Norte, que nada tenía que ver en el conflicto, pronto quedaría envuelta en la guerra entre los dos países, refiere el historiador Luis González de la Vara en Breve Historia de Ciudad Juárez y su región.

Al declararse la guerra, los estadounidenses avanzaron a México por varios frentes, uno de ellos por el Oeste con tropas al mando del coronel Stephen Kearny, que avanzaron de Fort Leavenworth para ocupar Nuevo México y California. Llegaron a Santa Fe y la tomaron sin encontrar resistencia

A diferencia de esos estados, en Chihuahua los preparativos para la guerra habían comenzado desde que Texas fue anexada a los Estados Unidos.

El gobernador del Estado Ángel Trías, organizó un ejército y contaba con mil 796 hombres armados con 677 armas de fuego, 575 arcos con sus flechas y 193 lanzas.

La batalla de Temascalitos

Así, cuando el coronel Kearny, antes de partir a California, dio instrucciones al coronel Alexander Doniphan para que invadiera Chihuahua, los habitantes de la entidad ya estaban preparados para dar la batalla.

El capitán Ponce de León recibió el mando de las tropas mexicanas establecidas en Doña Ana y junto con sus fuerzas planeó la batalla en contra de los estadounidenses.

Decidió no dar batalla abierta y esperarlos en Temascalitos –Bracitos para los invasores–, ubicado al poniente del actual puerto de Jerónimo, entre Ciudad Juárez y Nuevo México.

El encuentro esperado por los chihuahuenses se dio el 25 de diciembre de 1846. Las tropas de Ponce atacaron a las estadounidenses y estuvieron a punto de romper la línea de fuego; pero la superioridad de las armas de los invasores se impuso, así como la desorganización de los nacionales quienes confundieron el toque de trompeta con la orden de retirada a sólo 30 minutos de haber iniciado el combate.

Tras obtener el factor sorpresa, Ponce logró avanzar, pero al dar la señal de degüello en contra de los enemigos, el soldado que tocaría la corneta da mal la señal y la tropa la interpreta como señal de retirada.

Pese a los esfuerzos de Ponce para que los mexicanos presentaran nuevamente combate, las tropas continuaron en retirada.

Finalmente al ser herido cede el mando de la infantería y manda tocar tres veces la retirada completándose la derrota, refiere el cura Ortiz.

Al día siguiente de la victoria para Estados Unidos, los soldados estadounidenses toman Paso del Norte, se apoderan de los molinos y confiscan el maíz y el trigo que encontraron a su paso. Luego persiguieron a los líderes locales y encarcelaron al prefecto Sebastián Bermúdez y al cura Ramón Ortiz.

Dos años después, la batalla de Temascalitos formaría parte de una cadena de derrotas para los mexicanos que finalizaron con la toma del Castillo de Chapultepec y días después con las demás posiciones mexicanas que aún resistían débilmente, para meses después, firmar el Tratado de Guadalupe-Hidalgo, el 2 de febrero de 1848.

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