Opinión

En esta cárcel militar torturaron, mutilaron y desaparecieron

Fotografía: Tomada del Facebook de Alicia de los Ríos Merino

“Llegamos cargando a cuestas la dignidad de nuestros muertos y desaparecidos. Reconocemos que estar presentes este día en lo que fue su prisión clandestina es una muestra de la diferencia con el ayer oscuro. Sin embargo, la misión no está completa”. Con este discurso iniciaron las actividades de la Comisión para el acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia de la Guerra Sucia

Por Alicia de los Ríos Merino*

Mi nombre es Alicia de los Ríos Merino. Estoy aquí porque mi madre, Alicia de los Ríos Merino, fue detenida el 5 de enero de 1978 por elementos de la Brigada Especial y trasladada de manera inmediata a este Campo Militar número 1. Entre enero y mayo de 1978, mi mamá fue vista aquí por Ramón, por Juan Manuel, por Cirilo, por Mario Álvaro y por Alfredo, todos ellos trasladados hasta estas instalaciones después de ser detenidos. A finales de mayo de 1978, Alicia fue trasladada desde aquí a la base naval militar número 7, en Pie de la Cuesta, Acapulco. A partir de entonces, no se supo más de ella. Vale decir que desde esa base despegaba un avión que realizaba los vuelos de la muerte entre las costas de Guerrero y Oaxaca.

El caso de mi madre es uno de los más de mil casos de desapariciones por motivos políticos perpetrados entre 1965 y 1990. En una mayoría, se cometieron con un mismo patrón: detenciones ilegales y traslados a instalaciones militares en diferentes localidades del país. Algunos fueron trasladados hasta aquí, donde permanecieron por un tiempo determinado o desaparecieron hasta el día de hoy. Hemos conocido de los lugares, los tiempos y los perpetradores por los testimonios de los hombres y mujeres sobrevivientes aquí presentes y por quienes ya no nos acompañan. Pese a la cárcel y el miedo, narraron sus historias frente a nuestras abuelas, ante notarios, presidentes y periodistas.

Después de tantos años de exigirlo, este día se abre el gran cuartel. Hoy venimos a decirle al País, sin duda de por medio, lo que pasó en estas instalaciones de la Nación: aquí fueron interrogados, torturados y mutilados nuestros padres y madres, nuestros hermanos y hermanas, los hijos e hijas de cientos de mujeres que no dejaron de buscarlos. Aquí fueron desaparecidas y desaparecidos. 

Licenciado Andrés Manuel López Obrador, Presidente de la República y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas de este país; General Luis Crescencio Sandoval González, Secretario de la Defensa Nacional. Autoridades presentes todas, civiles y militares: aquí estamos personas sobrevivientes y familiares de víctimas de violaciones graves a los derechos humanos perpetradas en el pasado reciente de este país. Dimensionamos este acto protocolario como un día histórico, y con compromiso asumimos la invitación al diálogo. En ese ánimo, reiteramos que buscamos investigación, verdad y justicia. Conózcanos, reconózcanos, porque tendremos que coadyuvar juntos en la reconstrucción de lo sucedido en esta su casa.

Estamos listos para buscar y reconocer las pistas y los lugares usados en diferentes etapas: la cárcel militar de la cual ya nos narró mi hermana Micaela; las instalaciones del 2do. batallón de la policía militar; las oficinas de Acosta Chaparro cercanas a la puerta 8; los sótanos situados entre las caballerizas, la cancha de básquetbol y la biblioteca; las mazmorras en las que dividían a hombres y mujeres, que posiblemente sean las mismas celdas conocidas como “el metro”. El hospital militar en el que convalecieron los heridos por la Dirección Federal de Seguridad y la Brigada Especial. Las guarniciones y los cuarteles estatales.

El plan de trabajo que se asuma debe construirse y ejecutarse con la participación de las personas sobrevivientes y los diferentes actores para el esclarecimiento histórico, la justicia, la memoria, la reparación integral y el compromiso a la no repetición. Debe ser exhaustivo, sin limitantes para el quehacer pericial en edificios, instalaciones y en archivos. Necesitaremos apertura para contar con planos y archivos que reconstruyan lo sucedido en estas inmensas instalaciones. Que estas puertas que al fin se abren no se nos vuelvan a cerrar. 

A partir de las investigaciones, deberán descubrirse e investigarse las cadenas de mando que participaron de los crímenes de lesa humanidad. Desafortunadamente, señor presidente López Obrador, observamos la ausencia de una institución vital para el proceso emprendido. No está la Fiscalía General de la República, por lo que le solicitamos su gestión para sumar al personal ministerial necesario a estos esfuerzos colectivos, porque en este país no habrá verdad si no hay justicia. Y sin justicia tampoco habrá paz.

La historia rebelde fue ocultada por presidentes y autoridades del pasado que diseñaron planes contrainsurgentes. Esas historias subterráneas son desconocidas por generaciones enteras actuales, civiles y militares. Nosotros las conocemos por la transmisión de las y los sobrevivientes aquí presentes, quienes nos confiaron fragmentos de la verdad; sus testimonios son indiscutibles, pero venimos por los que nos faltan. Y por ello, reiteramos que es medular que ustedes también hablen. Con el debido respeto, General Sandoval González, le solicitamos convoque a los elementos retirados a colaborar en este proceso. Construyan, con la colaboración de la Comisión de la Verdad y el Apoyo a la Justicia, espacios y condiciones necesarias para que el personal castrense rinda su testimonio. No iniciarán de cero. Ya en el año 2002, la Justicia Militar registró múltiples testimonios en los que basó la consignación de dos de sus integrantes por ser perpetradores de crímenes de lesa humanidad. Esas huellas se encuentran en sus propios archivos, en los silencios de soldados retirados que hoy tienen la oportunidad de hablar.

Hoy recordamos la claridad de nuestras abuelas que hace décadas decretaron que No hay democracia con desaparecidos; no puede haber democracia con más de 100 mil desaparecidos. Hoy llegamos cargando a cuestas la dignidad de nuestros muertos y desaparecidos. Reconocemos que estar presentes este día en lo que fue su prisión clandestina, es una muestra de la diferencia con el ayer oscuro. Sin embargo, la misión no está completa. Sea éste un primer paso. Que esta mañana se recuerde como el momento en el que mujeres y hombres justos y preocupados apostaron por el futuro de un país herido que merece otra oportunidad.

Muchas gracias.   

***

*Discurso pronunciado durante la Ceremonia de inicio de actividades de la Comisión para el acceso a la Verdad, el Esclarecimiento Histórico y el Impulso a la Justicia de los hechos ocurridos entre 1965 y 1990, este 21 de junio del 2022 en el Campo militar no. 1 en la Ciudad de México

Notas Relacionadas:

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

lo más leido

To Top
Translate »