Opinión

El caldo de la hipocresía




agosto 7, 2023

Durante muchas décadas, navegar en la hipocresía ha permitido a la derecha extrema y al centro (que siempre será de derechas) convivir sin morderse. Y aquellos que se han atrevido a expresar lo que realmente creen, piensan y los mueve sufren un castigo, y son purgados. En esa enorme alberca, llenada con el caldo del pragmatismo, han podido navegar, simulándose de centro, sin necesidad de mostrarse como son

Por Alejandro Páez Varela

En los últimos años, desde que abandonó la Presidencia, Vicente Fox ha optado por el silencio en pocas ocasiones. Una de ellas fue durante el Gobierno de Enrique Peña Nieto. Ni una palabra sobre Odebrecht, OHL o cualquiera de los muchos casos de corrupción. Ni una palabra por el aumento de la violencia o de los precios de los combustibles; sobre el pésimo desempeño económico o sobre el derroche de una casta de principitos en un país con millones de pobres. Y la otra ocasión en que Fox se quedó mudo fue hace algunas semanas; después de que, primero, dijo que si Xóchitl Gálvez ganaba en 2024 regresaría los privilegios para una élite (la pensión multimillonaria para los expresidentes) y acabaría con las ayudas sociales. Y luego tuiteó un mensaje de odio que no se atrevería a mover ni siquiera el Ku Klux Klan. Obligado seguramente por sus patrones (los que financiaron su campaña en 2000, pagaron su Centro Fox y lo mantienen hoy), se guardó algunos días.

El silencio de Fox coincide con otro muy notorio: el de Lilly Téllez. La conductora de Televisión Azteca identificada con la ultraderecha se subió a una montaña rusa y terminó bajándose, como puede entenderse, después de la mareada. Primero, como sabemos, incendió con su mensaje contra Andrés Manuel López Obrador y empezó a crecerse y a crecer en las encuestas. Enseguida dio aquél discurso del 5 de mayo en el que se dijo orgullosa de pertenecer a la derecha. (“A nadie debería avergonzarle defender la vida, el esfuerzo individual, la familia, la propiedad privada, el orden y el Estado limitado. A nadie debería de avergonzar defender un modelo de educación libre de adoctrinamiento partidista y de ideologías de género”). Pero un grupo de intelectuales no vio bien su eventual candidatura y empezó a presionarla. Les duró poco. El método de selección del PRIAN hizo su trabajo y quedó fuera. Y se fue en completo silencio.

En la misma entraña de la derecha se han dado otros casos recientes de silencio forzado o negociado. Uno muy ruidoso es el de Gilberto Lozano, a quien la prensa tradicional aisló hasta que lo sacó de la escena pública después de aplaudirle que enfrentara al “dictador López”. Por su carácter no se ha bajado ni se bajará: ahora aspira a la Presidencia y acusa al Partido Acción Nacional de haberse movido a la izquierda. Lozano ha expresado su ideología abiertamente: es homófobo, clasista, echeleganista, antiderechos, machista, guadalupano y si alguien le rasca seguramente se declarará antisemita. El pecado de Fox, Téllez y Lozano no es ser de derecha extrema: es declararlo en público. Y ese es el pecado por el que José Eduardo Verástegui seguramente no tendrá los favores de las élites mexicanas.

Hay muchos casos, muchos. En septiembre de 2021, por ejemplo, la prensa española de derechas (que es casi toda) presumió que el líder de VOX, partido de la ultraderecha ligado a la organización secreta El Yunque, había encontrado en México un gran apoyo en su “cruzada contra la izquierda Iberoamericana”. Santiago Abascal visitó México y el PAN no sólo le abrió las puertas del Senado, sino que sus legisladores promovieron su visita como quien abraza la segunda venida de Cristo. “Por la defensa de la democracia, la libertad y la propiedad privada, hoy firmamos la Carta de Madrid para detener el avance del comunismo. México nunca será comunista, nunca. Muchas gracias a Santiago Abascal por su visita. ¡Bienvenido a México!”, dijeron los senadores del PAN en Twitter. Su coordinador, Julen Rementería (así como Lilly Téllez y otros), firmó esa carta de la ultraderecha y se tomó fotos con Abascal. Luego se arrepintió. Pero expresar su apoyo a los antiderechos, antiinmigrantes, homófobos, echeleganistas, machista y profundamente católicos le costó la voz. Se fue de la escena pública hasta donde le permitió su cargo.

Algo parecido sucedió, por las mismas fechas, con Jesús Rendón, quien hizo fama con su cuenta “Tumbaburros” en X, antes Twitter. En el marco de la visita de Abascal, en un evento llamado “Foro Internacional 2021 de la Mujer Embarazada en Estado de Vulnerable”, se abrazó del PAN y de VOX, y dijo: “Si vamos a frenar esta marea progresista asquerosa y asesina que se viene para todos los países, es desde la pinche política. Señores, vamos a ganar porque es el plan de Dios”. Aplausos y más aplausos. Y luego, un largo silencio. Ahora ha vuelto pero más, digamos, molesto. Apenas recibe retuits. Hace unos días la Diputada de Morena Julieta Ramírez escribió: “La derecha se enreda en una disputa ideológica y política contra los libros de texto, careciendo de plataforma propia y recurriendo a los fantasmas del comunismo para obtener reflectores en redes sociales donde únicamente encuentran su eco”. Tumbaburros, con 390 mil seguidores, dijo: “Que no es derecha, pinches ganas de valer berga. Diles ‘la oposición’ chingada madre”. Reynaldo (@ReynaldoMagal) preguntó: “¿Dónde quedó ese wey? ¿Esta internado? Lo digo por su pésimo aspecto”. Rendón respondió: “Me tenía tu jefa bien sincho”. Y así. Tumbaburros fue favorito de la derecha durante muchos años. Su pecado fue sincerarse en público, exhibir la ideología que lo mueve. Lo condenaron al silencio.

Casi todas las semanas se da un nuevo caso de autocensura en la derecha. Este fin de semana, sin ir más lejos, a Claudio X. González le pareció muy buenaondita escribir lo siguiente: “Vaya descaro… nunca, ni en los terribles tiempos de Peña Nieto, ha habido tanta corrupción y despilfarro. Morena no nada más está repleta de ex-priístas, es la peor versión del PRI”. El pecado Claudio no fue reconocer que sus socios son una bola de corruptos; su pecado fue decirlo en público: se le vinieron encima Alejandro Moreno Cárdenas, Rubén Moreira y una cantidad ingrata de priistas de distintos estados. “Estás equivocado Claudio. En el PRI hay priistas calificados, profesionales y eficientes, que le dieron y le siguen dando a México grandes décadas de trabajo, desarrollo y crecimiento. Tu comparación es pendenciera y muy desafortunada”, le dijo “Alito” Moreno. Dos horas después, el multimillonario padre de Va por México se dobló: “No tengo problema en reconocer las múltiples contribuciones del PRI a la construcción institucional y el desarrollo de México. He conocido a muchas y muchos priístas, en el pasado y en el presente, que han entregado su mejor esfuerzo a México”, dijo. Es casi seguro que el fundador de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad no volverá a referir la corrupción y la impunidad de Peña Nieto.

Durante muchas décadas, navegar en la hipocresía ha permitido a la derecha extrema y al centro (que siempre será de derechas) convivir sin morderse. Y aquellos que se han atrevido a expresar lo que realmente creen, piensan y los mueve sufren un castigo, y son purgados. En esa enorme alberca, llenada con el caldo del pragmatismo, han podido navegar, simulándose de centro, sin necesidad de mostrarse como son. Imagínense: allí nadan Claudio X. González o Santiago Creel o Alejandro Moreno o Xóchitl Gálvez y pueden, incluso, decirse de izquierda y nadie les reclamará. Serán parte ése club tan nutrido, hipócrita y poderoso de México, siempre y cuando oculten lo que realmente son y piensan.

Las élites mediáticas, intelectuales, empresariales y académicas se beneficiaron a manos llenas del Gobierno de Fox y nunca dijeron una palabra que ese gabinete presidencial estaba en poder de la secta ultraconservadora conocida como El Yunque. TV Azteca se une a la ultraderecha para acusar a los Libros de Texto Gratuitos y ninguno de los intelectuales que dan vueltas en esa farola se atreven a abrir la boca porque perderán los favores de la televisora. Ese es el silencio que les gusta, esa es la condición para disfrutar de los beneficios de la alberca.

Es la política de la simulación, tan conveniente y tan efectiva en México: no lo digas, no preguntes (don’t ask, don’t tell en inglés). Los unos no dicen quiénes son, los otros otros no deben preguntarlo. El caldo de la hipocresía estará allí para darte cobijo, para que puedas navegar, para que puedas esconderte y sobrevivir cómodamente y hacer fortuna y tener buenos puestos e incluso sin carga moral o ética. Puedes ser un radical antiderechos, antiinmigrantes, homófobo, machista y racista y mentiroso y ratero, y nadie te dirá nada. La alberca es amplia para los hipócritas que entiendan la clave del juego. Porque si te muestras como eres, entonces los desnudas a todos y eso no, no, no. Vivir fuera del caldo es vivir en el error. No digas lo que crees, no digas lo que realmente piensas y te mueve: sé un hipócrita y puedes ser un corrupto, un odiador, un racista y un clasista y nadie te dirá nada. Y si estás en la alberca y hablas, entonces atente a las consecuencias. Cierra la boca, y ya. Y aprende pronto tu lección o te harán que la aprendas por la mala.

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Alejandro Páez Varela. Periodista, escritor. Es autor de las novelas Corazón de Kaláshnikov (Alfaguara 2014, Planeta 2008), Música para Perros (Alfaguara 2013), El Reino de las Moscas (Alfaguara 2012) y Oriundo Laredo (Alfaguara 2017). También de los libros de relatos No Incluye Baterías (Cal y Arena 2009) y Paracaídas que no abre (2007). Escribió Presidente en Espera (Planeta 2011) y es coautor de otros libros de periodismo como La Guerra por Juárez (Planeta, 2008), Los Suspirantes 2006 (Planeta 2005) Los Suspirantes 2012 (Planeta 2011), Los Amos de México (2007), Los Intocables (2008) y Los Suspirantes 2018 (Planeta 2017). Fue subdirector editorial de El Universal, subdirector de la revista Día Siete y editor en Reforma y El Economista. Actualmente es director general de SinEmbargo.mx

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