Opinión

La virgen del Sado, cuentos de Fernando Yacamán




septiembre 26, 2023

Fernando Yacamán es un escritor mexicano joven. Sabe lo que escribe, tiene certeza de las historias homoeróticas que trama, y esa certeza se refleja en la contundencia de su narrativa, en como sus personajes se mezclan y se amparan en la noche para mostrar historias llenas de poesía, homoerotismo, oscuridad y misterio

Por Évolet Aceves / @EvoletAceves

Fernando Yacamán es un escritor mexicano nacido en Aguascalientes en la década de los 80. Un escritor joven que no viene a aburrir ni a experimentar con su literatura. Sabe lo que escribe, tiene certeza de las historias que trama, y esa certeza se refleja en la contundencia de su narrativa, una que da muestra de la literatura mexicana contemporánea en la que sus personajes son encarnados por hombres que aman a otros hombres.

Yacamán es autor de más de una decena de libros, entre los más recientes se encuentran: Sebastián de la noche (Fraguas Ediciones, 2023) —que, por cierto, será presentado por primera vez en la Feria de Aguascalientes el próximo 1 de octubre—, El demonio que nos habita (Ediciones Periféricas, 2022), Todos mis padres (Ediciones Periféricas, 2019), entre otros más.

Esta ocasión me centraré en La virgen del Sado (Ediciones Periféricas, 2022), un libro que contiene diez cuentos en los que tanto el autor como sus personajes se mezclan y se amparan en la noche para mostrar historias llenas de poesía, homoerotismo, oscuridad y misterio.

El primer cuento, que lleva el nombre del libro, deslumbra desde los primeros renglones, en que aparece la imagen de una virgen sin cabeza al interior de una vecindad citadina, una virgen con olor a meados y rodeada de paredes grafiteadas. El narrador en primera persona describe el sitio del encuentro sexual que está por ocurrir con un hombre de bigote y con aliento a cerveza, “Deslizó sus manos callosas bajo mi pantalón, agarró mis nalgas para atraerme, presioné mis manos en su espalda de toro, sentí su verga contra la mía. Hay astros que también colisionan en la Tierra”.

Hay en los personajes fetichismos muy bien narrados que hacen de la lectura una experiencia erótica, pienso en la repetida atracción hacia el cuerpo masculino golpeado o cicatrizado como emblema de una fuerza, violenta y a la vez erótica, que deja rastros en la piel: “Me prendía su bigote negro, su olor a tierra y la cicatriz en el pie izquierdo; desde niño me atraían los cuerpos fuertes y violentados”, pero también en el bondage: “Sogas cortaban la circulación de mis manos y pies, una mordaza de tela reprimió mi lamento” o “El resplandor de la noche eran las sogas que me ataban”, voracidad: “‘Yo me trago a los amantes del Chema’[…] solo tuve la imagen de un hombre devorando a otro”.

La prosa poética de Yacamán es notable, el erotismo y los astros se funden en la historia y en la noche, esto ocurre en la mayoría de sus cuentos. Y el humor es de lo más disfrutable. Un humor de lo más natural y fluido.

Si bien, el primer cuento toma lugar en una zona urbana, “Zafra”, título del segundo, toma lugar en un espacio rural, en donde una gallina gordísima ronca como un cabrón. La Señora, así se llama la gallina gorda. Pero también hay arañas que se meten a un Cristo de paja, y unos gusanos, las cuijas, de los que “solo su cagada” te cae del techo. También está la facilota del pueblo, quien es el centro de los disturbios de dos jóvenes primos, la Leidy, “Leidy, nadie te va a querer como yo, chingá. Sabes que sea lo que sea acabaremos juntos. Te amo, pinche Leidy puta”.

En varios de los cuentos hay presencias que son entre fantasmales y etéreas, algo ultraterrenal que convive con un personaje terrenal.

En el cuento “El libro rojo”, dos amigos compran una ouija y juegan con ella.

“—Entonces qué, mañana contactamos a unos muertitos.

—Lo que sea, pero juntos.”

Pero es una amistad que con la edad se vuelve demasiado estrecha a la vista de los padres, “para los padres de Raymundo, al haber crecido, su amistad se volvía un delito”, dice Yacamán en este cuento. A tal grado de que Raymundo es enviado por una temporada a vivir con sus tíos y primos, a un recóndito lugar en donde los hombres sólo aman a las mujeres.

“Aquí entre nos, ya dime la neta, ¿te gusta la verga?” le pregunta el primo a Ray, y páginas después se disculpa: “Oye, Ray, te pido disculpas, si eres puto sabes que cuentas conmigo”. Ray por la única mujer hacia quien siente atracción, es una mujer trans. Y el cuento termina magníficamente, con un salto inesperado.

Muchos de los cuentos pueden también leerse como poemas en prosa, hay imágenes poéticas a todo momento. Yacamán recurre a la primera y segunda persona en singular. La extensión de los cuentos llega a ser muy variable, cuentos de dos cuartillas o hasta más de diez, pero sobre todo son relatos cortos de entre cinco y ocho páginas.

La edición está muy bien cuidada, el formato es muy atractivo, es un libro de formato pequeño, la portada es de Fabián Chairez. Este libro de cuentos es imperdible, no tiene desperdicio. Espero que se reedite en algún momento. Consta con un tiraje de 300 ejemplares y, hasta donde sé, aún se pueden conseguir ejemplares en la Librería Somos Voces (Zona Rosa, CDMX).

Instagram: @evolet.aceves

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Évolet Aceves escribe poesía, cuento, novela, ensayo, crónica y textos híbridos. Psicóloga, fotógrafa y periodista cultural. Estudió en México y Polonia. Ha colaborado en revistas y suplementos culturales, como: Pie de Página, Nexos, Replicante, La Lengua de Sor Juana, Praxis, La Libreta de Irma, El Cultural (La Razón), Revista Este País, entre otros. Fue galardonada en el Certamen de ensayo Jesús Reyes Heroles (Universidad Veracruzana y Revista Praxis, 2021). Ha realizado dos exposiciones fotográficas individuales: México Seductor (2015) y Anacronismo de la Cotidianeidad (2017). Ha trabajado en Capgemini, Amazon y actualmente en Microsoft. Esteta y transfeminista.

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