El reciente temporal lluvioso en Chihuahua y Juárez, que ha traído daños al patrimonio de quienes menos tienen…en ambos municipios hay una convivencia con pequeños grupos “desarrolladores” a los que se les autoriza la construcción defectuosa de vivienda, por influyentismo y corrupción
Por Jaime García Chávez

En teoría, como se acostumbra decir, el municipio como institución está gobernado por un ayuntamiento; es decir, que se trata de un gobierno colegiado y que se ejerce por el presidente municipal, los regidores y el síndico, por cierto muy bien remunerados todos ellos.
Si esto se llevara a la práctica, las voces que integran el cuerpo edilicio debieran servir para lo que están diseñadas constitucionalmente: valorar y decidir los mejores acuerdos en favor de la comunidad.
Un buen regidor es un gran censor de los problemas de una ciudad o de un pueblo. Se supone que está en cercanía con los asuntos que aquejan a la comunidad y que se debe abocar a dar voz a los que no la tienen, a la hora de tomar decisiones fundamentales que afectan los más de los días la vida en comunidad, trátese de mercados, plazas deportivas, jardines públicos, la nomenclatura de las calles y esencialmente la movilidad urbana, sobre todo en las grandes concentraciones poblacionales, en nuestro caso Chihuahua y Juárez, principalmente.
Eso es lo que dicen las leyes. La realidad es muy distinta. Para empezar, tenemos el dominio que ejerce la figura del presidente municipal, que se siente separado del ente colegiado y que, además, por tener el manejo de todos los hilos de la administración y las finanzas, tiene en sus manos la información privilegiada para orientar decisiones.
Pero más fuerte que esto es que a través de la Presidencia municipal se manejan las relaciones con los grandes grupos de interés, donde no es infrecuente que en agencia informal se tomen decisiones que luego se barnizan de legalidad en las sesiones del Cabildo.
Una lección deja lo que se ha afirmado: gobierno compartido con el cuerpo edilicio, pero dominación y hegemonía del alcalde en turno. Hasta aquí se afirma lo que ya todo mundo sabemos, repito, la teoría. Pero cuando hay contingencias graves, la tendencia es a preguntarse cómo está representada la comunidad y sus intereses colectivos en el propio ayuntamiento. Y ahí es donde surge el problema de los gobiernos municipales.
El reciente temporal lluvioso en Chihuahua y Juárez, que ha traído aparejado una emergencia plagada de inundaciones que obstruyen la movilidad, el llegar a tiempo al trabajo y muchas otras actividades de la vida cotidiana, pero sobre todo los daños al patrimonio de quienes menos tienen y que lo ven afectado por la falta de una infraestructura pluvial a la altura de los conglomerados sociales de millones de habitantes que viven en esas dos grandes ciudades del estado.
No digo que no se haya hecho nada, ni que todo lo realizado esté mal. Pero sí puedo afirmar, sin lugar a dudas, que en ambos municipios hay una connivencia con pequeños grupos “desarrolladores” a los que se les autoriza la construcción defectuosa de vivienda, sobre todo de interés social, y complejos industriales, con muy grandes utilidades y con enorme irresponsabilidad porque no resuelven los flujos de arroyos, ríos o drenajes que implican las autorizaciones que se dan por influyentismo y corrupción.
Por otro lado la gente ve cómo sus impuestos (el predial, esencialmente) se convierte en complemento de las finanzas de las grandes empresas inmobiliarias, a las que se les construyen puentes, vialidades y demás, pero no lo básico que es, en el caso que me ocupa, la valoración de cómo fluye el agua incontenible en temporales como el que hemos visto.
No siempre suceden en una región desértica, pero eso no obsta de ninguna manera para que se omita hacer bien los desarrollos de vivienda e industriales, aunque las contingencias sucedan esporádicamente.
Creo que los regidores, en especial, debieran jugar el papel de contrapeso y no conformarse exclusivamente a levantar el dedo para apoyar a su presidente, a su encargado de Obras Públicas, que no pocas veces son simples brazos que se extienden a la administración desde las empresas constructoras.
Hoy ser presidente municipal se paga, y se paga muy bien. Los regidores cobran, como si trabajaran. Pero unos y otros históricamente han sido irresponsables en la materia que me ocupa. Y ahí están los torrentes y las calles anegadas que lo demuestran sobradamente, cuando no la pérdida de vidas y patrimonios.
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Jaime García Chávez. Político y abogado chihuahuense. Por más de cuarenta años ha dirigido un despacho de abogados que defiende los derechos humanos y laborales. Impulsor del combate a la corrupción política. Fundador y actual presidente de Unión Ciudadana, A.C.



