Opinión

Chocolatería del Bienestar




julio 18, 2025

El gobierno federal, por conducto de la doctora Sheinbaum, anunció la creación de la Chocolatería del Bienestar, un negocio administrado por el Estado, lo que ha despertado el añejo debate acerca de si el gobierno resulta un buen administrador o no lo es

Por Hernán Ochoa Tovar

Existe un añejo debate acerca de si el gobierno resulta un buen administrador, o si por el contrario, no lo es. Esto sale a colación porque, en los días recientes, el gobierno federal, por conducto de la doctora Sheinbaum, anunció la creación de la Chocolatería del Bienestar, un negocio administrado por la secretaría de estado en turno (por conducto de la dependencia “Alimentación para el Bienestar”) el cual busca vender alimentos nutritivos a un precio módico. Esto ha despertado el debate anterior, acerca de si la federación podrá administrar cabalmente la creación del presente producto, o si, por el contrario, será una especie de niño muerto como algunos proyectos del INSABI. 

Debo decir, creo que la consabida chocolatería del bienestar es un proyecto noble, aunque la terca realidad se impone. Esto porque, como planteaba Hegel, la historia se repite dos veces: primero como tragedia; luego como farsa. Eso es lo que ha acontecido en el caso nacional, pues, lo que vemos ahora ya había sucedido en el pasado reciente. A continuación explicaré el porqué.

Durante la época del nacionalismo revolucionario se visualizó al estado no sólo como el administrador, sino como el ente todopoderoso que tenía en sus manos el devenir de la Patria. El famoso ogro filantrópico del cual Octavio Paz nos habló en alguna de sus obras señeras. Al principio, ésto parecía marchar bien: el gobierno buscaba garantizar el bienestar ciudadano más allá de sus capacidades. Sin embargo, poco a poco el precepto dio de sí y se corrompió. Diversas paraestatales eran inviables, pues se mantenían en números rojos debido a su pésima administración y al manejo corrupto de las mismas. Si a ello le agregamos que el estado quiso absorber un sinnúmero de actividades, siendo un contrapeso real a la iniciativa privada, el resultado podría oscilar entre lo desalentador y catastrófico. Dicho modelo, que dio para sexenios en jauja y para la consolidación de El Milagro Mexicano terminó agotándose en las postrimerías del gobierno de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976). Y aunque José López Portillo le quiso dar vida artificial por medio del boom petrolero, la suerte estaba echada. 

Bajo esta tesitura, considero acertado que los gobiernos neoliberales (1982-2018) hayan decidido ordenar la casa, ponderando el déficit cero, alejando, paulatinamente, los fantasmas de la crisis y la devaluación sexenal. Sin embargo, su actuar tecnocrático pareció alejado del sentir popular, y no supieron comunicar sus decisiones para la comprensión y el aquilatamiento de la ciudadanía. Quizá, por ello, el arribo de la autodenominada Cuarta Transformación implicó revertir algunos de los mantras exhibidos por los expertos y los funcionarios del neoliberalismo.

Quizá presto a nadar a contracorriente, así como a consolidar un nuevo modelo económico y político, Andrés Manuel López Obrador quiso probar que el estado era un buen administrador. El problema, es que el experimento salió mayormente mal. Sus obras insignias, que presumió con bombo y platillo, parece que no serán redituables a largo plazo, y, en cambio, representarán una onerosa carga para las finanzas federales. Esto porque no se contempló la viabilidad, y se utilizó el voluntarismo como moneda de cambio. La frase hegeliana parecía resonar cuando los proyectos obradoristas cobraron aceptación popular, pero no tuvieron la suficiente aceptación como para ser autofinanciables a mediano y largo plazo.

En este mismo tenor, considero que el gobierno de la doctora Sheinbaum ha visualizado esa falencia y esa área de oportunidad,  en el actuar de su predecesor. Mientras AMLO rehuía de toda contemplación económica -quizá como buen izquierdista clásico, que quiere hacer tabla rasa en lugar de tener un punto de partida seguro- ella habla de beneficios sociales, al tiempo que el actual director del Tren Maya se refiere al plan de negocios del organismo -algo pocas veces citado por el gobierno de Andrés Manuel-, mientras, en algún ocasión, la Presidenta aludió a la competitividad. 

Semejantemente, la dependencia Alimentación para el Bienestar está en manos de una funcionaria competente y comprometida, como lo parece ser María Luisa Albores. A pesar de ser una herencia del gobierno anterior, ha demostrado tener dedicación a la hora de hacer su trabajo. Quizá por eso la Chocolatería del Bienestar podría funcionar, pues está en manos de una persona que hace su trabajo con eficacia y eficiencia. A contrapelo de SEGALMEX, que fue una causa perdida prácticamente desde su gestación, pues le confirieron importantes encomiendas a pillos del pasado, creo que este proyecto sí podría fructificar. Y así como PEMEX y el Tren Maya intentan llegar a un punto medio luego de cenagosos desenlaces, creo que este proyecto podría ser interesante. De manera personal, le otorgo el beneficio de la duda. 

Hace algunos años, el sociólogo británico Anthony Giddens preconizaba que el estado debía estar en un punto intermedio entre el estado todopoderoso y el mercado salvaje. Considero lo mismo. Creo lo mismo. El estado debe apostarle a las tareas indispensables, pero medir el agua a los camotes y ver si puede ser un buen administrador. Si no, auxiliarse de los privados, pero con responsabilidad. Lo que sí debe ser el estado es el fiel de la balanza y no sólo un lobista de inversiones. Es cuanto. 

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