Opinión

Hitchcock, el demiurgo del miedo y la mirada




agosto 13, 2025

El miedo en Hitchcock no sólo es una reacción inmediata, también figura como una condición ontológica que desvela la fragilidad y la ambigüedad del ser… su cine sigue siendo una invitación para enfrentar la sombra interior y comprender la complejidad del alma humana a través del arte del miedo

Por Miguel A. Ramírez López

Alfred Hitchcock nació un 13 de agosto de 1899 en Londres. Desde sus inicios en el cine mudo hasta consolidarse como uno de los directores más influyentes del siglo XX, su obra se caracterizó por un dominio absoluto del suspense, la manipulación de la mirada y una exploración profunda del miedo y la identidad.

Su talento narrativo se traduce en películas que funcionan como textos literarios visuales, donde la fragmentación del tiempo y la ambigüedad moral son constantes. En Vértigo (1958), por ejemplo, el descenso físico y psicológico del protagonista Scottie se vuelve metáfora del deseo imposible y la memoria fragmentada. La escena de la caída inicial, filmada con el innovador “efecto dolly zoom”, crea una sensación vertiginosa que pone en el cuerpo la angustia existencial, evocando las ideas de Kierkegaard sobre el miedo y la libertad ante el abismo.

En Psicosis (1960), Hitchcock redefine el thriller psicológico. La famosa escena de la ducha, con su montaje frenético de planos cortos y el sonido inquietante de la música de Bernard Herrmann, no sólo genera terror inmediato, sino que simboliza la ruptura de la identidad y la invasión de lo siniestro en la cotidianidad. La casa de Norman Bates, con su atmósfera gótica y claustrofóbica, funciona como un espacio simbólico donde se manifiesta el Doppelgänger nietzscheano y la dualidad moral.

Hitchcock perfeccionó el montaje como un lenguaje en sí mismo. En Los pájaros (1963), la tensión se construye en el silencio ominoso antes del ataque, una pausa que transforma el miedo en una experiencia sensorial casi táctil. Esta poética del silencio y la mirada convierte al espectador en cómplice y víctima, exponiendo la fragilidad del ser humano ante lo imprevisible.

Desde un punto de vista filosófico, su obra podría dialogar con el concepto de Angst de Martin Heidegger, esa ansiedad que surge ante la confrontación con la nada y la finitud. El miedo en Hitchcock no sólo es una reacción inmediata, también figura como una condición ontológica que desvela la fragilidad y la ambigüedad del ser.

La mujer en su cine, desde la enigmática Madeleine en Vértigo hasta la vulnerable pero compleja Melanie en Los pájaros, representa la tradición literaria de la femme fatale y el espejo del deseo y la culpa. Esta figura ambivalente remite a la mirada lacaniana donde el deseo se articula a través del Otro, siendo fuente tanto de salvación como de peligro.

Alfred Hitchcock no fue únicamente un director de películas; creó un lenguaje que fusiona imagen, palabra y pensamiento, construyendo un espejo oscuro donde convergen Kafka, Kierkegaard, Heidegger, Borges y Poe. En este aniversario de su nacimiento, su cine sigue siendo una invitación para enfrentar la sombra interior y comprender la complejidad del alma humana a través del arte del miedo.

F∴F∴ Finem Facimus

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Miguel A. Ramírez-López es escritor, ensayista, docente y reportero. Estudió Arqueología en la Escuela de Antropología e Historia del Norte de México, donde se especializó en temas de mitología, pensamiento mágico y religiones comparadas. Asimismo, trata temas de poder, cultura y sociedad en tiempos del capitalismo de vigilancia/aceleracionismo/antropoceno. Una de sus pasiones estriba en el aprendizaje de idiomas y la traducción literaria. Ha publicado los libros Cuando Los adolescentes… Voces chihuahuenses sobre violencia, valores y esperanza por Umbral A.C. (2012) y HÜZÜN. Cuentos, relatos y garabatos por el Programa Editorial Chihuahua (2024).

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