Opinión

Generación Z




noviembre 7, 2025

“…A la generación actual le ha tocado una realidad más compleja respecto a la que vivieron sus padres y sus abuelos. Una época en la cual aumenta el costo de vida, mientras el empleo se precariza y las oportunidades ya no son tan abundantes”

Por Hernán Ochoa Tovar

“Papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito, de gendarmes y fascistas
y estudiantes con flequillo”

Ismael Serrano, “Papá cuéntame otra vez” (fragmento)

Inicio esta colaboración con el epígrafe de la afamada canción del cantautor español Ismael Serrano, debido a que, en los últimos días, la presunta marcha de la denominada Generación Z, misma que se producirá tentativamente el próximo 15 de noviembre, ha dado de que hablar, generando la reflexión entre los comentócratas y sobre todo, en el universo de la virtualidad.

Para el escribiente, comenzar este escrito con un fragmento de “Papá cuéntame otra vez” tiene sentido, pues es un reclamo de la generación X a sus padres, los baby boomers, por las utopías incumplidas, y el abandono de los metarrelatos en el siglo XX tardío. A pesar de lo lírico de la canción, ésta retrata un asunto que suele ser materia de análisis tanto por parte de filósofos, como de sociólogos o de estudiosos de las ciencias políticas: l -o incluso, del psicoanálisis en sí- la rebeldía juvenil, versus la resignación que suele envolver a las personas, una vez que han llegado a la vida adulta, y las metas juveniles han de ser canjeadas por el realismo laboral y social.

Bajo una tesitura semejante, Papá cuéntame otra vez también aborda la pugna y el abismo que se suele abrir entre las diversas generaciones, mismo que se ha acrecentado en el siglo XXI, con el advenimiento de internet, redes sociales y de toda la sintomatología virtual que hace la vida más cómoda, pero también más efímera y vigilada. Ello nos recuerda aspectos muy puntuales, de los últimos cohortes generacionales que han poblado la faz de la tierra por espacio de la última centuria.

Ejemplo de esto es que, la generación silenciosa pareció abrazar la realidad que los abarcaba sin chistar, con resignación pronta. Justamente, la consolidación de la Presidencia Imperial se dio en esta era, cuando los regímenes posrevolucionarios aún tenían la pátina de ser los depositarios de la lucha armada, que había llegado a cambiar a este país para bien (sic). Y es que, en realidad, lo novel del régimen también había alcanzado a las personas de este tiempo. Si bien, el régimen fue adquiriendo tonalidades más corruptas conforme avanzaba la línea del tiempo, dicha generación sí pudo tener oportunidad que no habían tenido sus ancestros: quizás la universidad, un trabajo seguro, con prestaciones, o todo por añadidura. El ascenso social existía, no obstante los bemoles de un régimen cada más autoritario y enredado en una madeja de intereses.

Contrariamente, los boomers parecían querer cambiar el estado existente de las cosas. No sólo en México, sino en el mundo. Si el ’68 fue la gota que derramó el vaso, el mayo francés parecía la explosión ante el marasmo del régimen gaullista que ya había cansado a la juventud de la época. La revolución cubana también fue piedra de toque, y el “Che” y Fidel, modelos de inspiración para no pocos mozuelos de la era. Frente a un presidencialismo que se comenzaba a apoltronar, la rebeldía del Che les parecía una bocanada de aire fresco. Sin embargo, el tiempo pasó, y aunque la democracia se consolidó en muchos países -en México, tardó varias décadas más- los grandes relatos fueron decreciendo. Tanto que, para las siguientes generaciones, se fueron apagando. Y, aunque, ciertamente, la rebeldía juvenil nunca dejó de aflorar en ciertos puntos nodales, lo cierto es que era más la excepción a la regla; contrario a la década de 1960, cuando la efervescencia social y política parecía respirarse a flor de piel. En los siguientes decenios comenzó a invadir el individualismo. Y, aunque la utopía no estaba del todo muerta -a pesar de todo, la izquierda nunca se fue y siguió ahí- ya no era lo mismo respecto a aquel pasado, donde los jóvenes canturreaban gloriosos: la imaginación al poder. Ahora, imperaba la resignación y el pragmatismo. Todo esto, en un mundo cada vez más complejo, más competitivo, y con menos oportunidad que las obtenidas por los ancestros de las generaciones actuales.

Curiosamente, y contrario a lo ocurrido a la generación X -donde pareció haber una curiosa reedición de la denominada generación silenciosa-, con los milenials sí pareció haber atisbos de rebeldía. Si los abuelos se habían rebelado, ahora los nietos querían replicar la historia maravillosa. Sin embargo, a contrapelo de lo ocurrido en la década de 1960, no fue un proceso de larga duración, sino eventos específicos donde la juventud se manifestó, pero se apagaron con una rapidez impresionante, quizá muy propios de la modernidad líquida (Zygmunt Bauman, dixit). Si en el caso internacional, la “Primavera Árabe” intentó ser vista como un punto de inflexión a principios de la década de 2010, la efervescencia terminó pronto. Y, en el caso de México -curiosamente en la misma temporada- el movimiento #Yosoy132 intentó manifestarse contra la candidatura del ex Presidente Enrique Peña Nieto (2012-2018). Pero, al contrario de lo ocurrido en el decenio de 1960, cuando fue un fenómeno que duró años -y algunos de los líderes del 68 terminaron como liderazgos señeros de la izquierda contemporánea-, el 132 se apagó pronto. Ciertamente, trató de protestar, a través de las nacientes redes sociales, así como por la vía tradicional, contra una candidatura (la de EPN) construida a partir del marketing y de los intereses creados. Sin embargo, y aunque recibieron un cierto respaldo de las fuerzas de izquierda de la época, su punch no fue muy duradero. Y aunque algunos quisieron continuar sus trayectorias, no todos lo lograron. Antonio Attolini, uno de los liderazgos visibles del mismo, terminó como comentarista de Televisa -emporio al cual solía criticar- y, a posteriori, como un político gris integrado al oficialismo. En palabras de José Emilio Pacheco, acabó abanderando aquello que solía criticar cuando estaba en sus mocedades.

Con base en lo anterior, es complejo inferir cómo discurrirá la denominada protesta de la generación Z. Para comenzar, parece un evento planificado, más cercano a lo que fue el 2 de octubre de 1968 -fecha emblemática en la historiografía nacional- que a lo efímeramente acontecido en torno a Yosoy132. Sin embargo, sólo nos hemos enterado de la eventual implosión, mas no de las demandas que llevan a estos jóvenes a tomar las calles. Al mismo tiempo, no parece haber un liderazgo detrás de las mismas, pero algunos medios intentan mostrar a Carlos Bello como el ideólogo que se ha encargado de propalar dicha idea entre las juventudes contemporáneas. Sea lo que fuere, creo que, si esta manifestación llega a tener lugar, creo que será por un interés legítimo. A pesar de la retórica imperante, a la generación actual le ha tocado una realidad más compleja respecto a la que vivieron sus padres y sus abuelos. Una época en la cual aumenta el costo de vida, mientras el empleo se precariza y las oportunidades ya no son tan abundantes. Ciertamente las becas otorgadas por el oficialismo han sido un paliativo. Pero el problema sigue ahí, mientras la violencia sigue ahí, y quizás la desazón está comenzando a apoderarse de ellas y ellos. En fin, veremos qué sucede. Pero de algo sí puedo estar seguro: parece que será una rebelión de la generación Z contra los baby boomers (quienes gobiernan el país). Dos concepciones de nación distintos; quizá diametralmente opuestos. Para la reflexión. Al tiempo.

***

Hernán Ochoa Tovar. Académico y analista político. Antropólogo y doctor en Pedagogía Crítica. Ha sido docente en la ENAH Chihuahua, el Centro de Investigación y Docencia, y en el Centro Montessori de Estudios Superiores, desempeñándose actualmente en la Escuela Normal Superior José E. Medrano (ENSECH) en Chihuahua capital. Sus temas de interés son la historia contemporánea, la coyuntura política y el devenir educativo.




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