Opinión

La Cárcel de Piedra de Ciudad Juárez: derecho a la ciudad a través de la memoria




diciembre 1, 2025

“A esta ciudad le hace falta el gran proyecto y programa que convierta la Cultura en un eje transversal de la sociedad. Hay muchas herramientas para que ello. La historia y la memoria son dos muy importantes en ese sentido. Quizá es hora de que el gobierno de la ciudad dé pasos para andar por esa senda del retorno a la ciudad que se imaginó pero nunca fue”

Por Leobardo Alvarado

Sin soslayar nunca las razones que a flor de piel están y de sobra para asustarse y enojarse en Ciudad Juárez, se debe entender la preocupación que de inmediato surgió al ver actividad en la Cárcel de Piedra.

Sabemos el desdén y la proclividad de un entramado de poder que hace y deshace a placer y en contra de la ciudadanía en esta ciudad. Por más buenas intenciones que haya detrás de cada iniciativa del sector privado o del gobierno, la intuición siempre será asegurarse que no haya más “errores” en las decisiones que se toman sobre Ciudad Juárez, el lugar donde habitamos.

Para hablar de memoria, historia y derecho a la ciudad es pertinente reconocer que en ésta ciudad tenemos un serio problema con el resguardo del pasado. El maltrato a los archivos que en general sucede, y ya no se diga la pérdida de aquellos vestigios de ese pasado que con gran facilidad y por no considerarse de valor se han derruido, vendido, o dejado en el abandono, se encuentra a la vista por doquier.

Lo anterior sólo no lo ven o les conocen quienes no tienen interés.

Desgraciadamente las mayorías encabezadas por los distintos gobiernos a lo largo del tiempo han sido arrastradas en esa ignorancia. La falta de interés estriba en que sistemáticamente no se le da importancia por quien gobierna.

La realidad es que la sociedad no puede interesarse, si quienes les guían son los primeros ignorantes de ese valor intrínseco que representa el pasado. La memoria, principalmente la puede retener quien ya vivió y encontró en ella ese valor, pero son los gobiernos, quienes deben ser los primeros en reconocerle.

Justo por eso es necesario reconocer y recordar que hace tiempo, unos diez años, el artista Jorge Pérez, Yorch, alguien a quien fácilmente se le puede ver como impulsor y parte de las colectividades del ámbito cultural en la ciudad, buscó que la Cárcel de Piedra se convirtiera en un Centro Cultural. Así mismo hubo también otras voces que pensaron que allí podía ser finalmente el lugar donde se resguardara el archivo histórico municipal en las condiciones óptimas que debe estar algo tan importante para el patrimonio histórico.

Por supuesto que es una obligación poner atención al reclamo de quienes luchan y defienden la memoria de las personas desaparecidas por el Estado Mexicano para que la Cárcel de Piedra pueda ser el lugar donde como sociedad nos encontremos con esa parte del pasado histórico. Sin duda que en esta ciudad uno de los mayores gestos que se puedan tener para construir un sentido de vida distinto al derrotero que esto ha tomado en los últimos lustros, tener el lugar donde se recuerde y se enseñe lo sucedido en ese pasado ominoso, construirá una mejor sociedad.

Habrá que insistir en que es una verdad que en esta ciudad la memoria no es importante para los sectores dominantes de la política y la economía. Por tanto, reconocer a gente interesada que imagina espacios como el de la Cárcel de Piedra convertida en recinto cultural y para bien de la ciudad, es encomiable. Sea de la gente que lo dice en redes sociales, artistas como Yorch o quienes salieron prontamente a reclamar ante el aviso mediático de que empezaban a derrumbarla. Lo mismo para la empresa Smart y su propuesta de construir allí un espacio comunitario.

De hecho, de la propuesta de la empresa Smart lo que se desprende es el reto de cómo imaginar el entorno urbano de la Cárcel de Piedra porque no basta con lo que hasta ahora se ha planteado. Pero antes, y porque es una deuda de transparencia, la empresa debe ser nítida en su proceso. La confianza sólo se entenderá al establecer con claridad lo que sucedió para que ahora sean ellos quienes dicen que tienen la propiedad de algo que es de la ciudad. La rendición de cuentas sería deseable de propia voluntad.

Si hay confianza podremos imaginar el proyecto cultural completo y extramuros. Podremos pensar en esa imagen que circula en redes sociales en la que hay un parque enfrente de la Cárcel de Piedra. La imagen parece ser el diseño original de la cárcel cuando se construyó en la década de los años cuarenta del siglo pasado. Lo único que haría falta es pensar en cambiar el entorno urbano y actuar en consecuencia. Ello significaría llevar a cabo una acción radical: quitar la estación de policía.

Ésta imagen de ese parque enfrente de la Cárcel de Piedra en redes sociales la comparten un sinfín de gente quienes se muestran interesadas en una ciudad que desean. No falta la jocosidad en los recuerdos cuando la comparten. Pero también hay una gran cantidad de comentarios en los que se da cuenta de lo que allí sucedió. Algo que habla de una ciudad de la que no podemos estar orgullosos. Sin embargo, detrás de todo lo que se dice, lo sustancial es el sentido de memoria que sobre la ciudad expresan todas esas personas.

Para que el derecho a la ciudad a través del derecho a la cultura y el derecho a la memoria sea de acceso en lo individual y lo colectivo, suceda, recuperar ese parque no es mala idea. Para que un espacio comunitario lleno de tanta fuerza simbólica se mantenga de pie más allá de sus bardas de piedra, se requiere un proyecto que mantenga esa memoria. Si partimos territorialmente desde donde se ubica la Cárcel de Piedra, un centro cultural y social comunitario y un parque, cambiarían radicalmente la zona. El vínculo con la memoria irradiaría el polo poniente del Centro histórico.

Pensar la memoria desde el derecho a la ciudad nos permite imaginar una entrada digna al poniente de Juárez. Ahora las condiciones parecen una buena oportunidad para saldar la deuda histórica con aquella zona de la ciudad si se sitúa el objetivo de contribuir a resolver el rezago social, cultural y económico de un lugar que siempre se tuvo sólo como fábrica de votos recordados cada proceso electoral.

Pero la realidad es que el municipio nunca ha invertido dinero en Cultura grandes cantidades de recursos. Acaso sólo han hecho lo suficiente para mantener el espíritu folclórico con el que se ve al tema cultural. Así que parte de esa realidad es que no había posibilidades que en el gobierno municipal se creyera y se viera así mismo construyendo un proyecto para la ciudadanía como ahora una vez más lo hace la iniciativa privada.

En el fondo, y aunque no debiera ser únicamente de esa forma que sucediera la inversión, no queda nada más que reconocer que seguimos dependiendo del altruismo y la filantropía, con la precariedad que eso conlleva. Porque la Cultura sucede, y en el caso de las instituciones de gobierno es su responsabilidad invertir y generar las políticas públicas que le potencien. Es en ese sentido que ahora podría aportar para completar un proyecto más amplio como podría ser esa entrada digna al poniente de Juárez, generando las condiciones para que el parque se construya.

A esta ciudad le hace falta el gran proyecto y programa que convierta la Cultura en un eje transversal de la sociedad. Hay muchas herramientas para que ello. La historia y la memoria son dos muy importantes en ese sentido. Quizá es hora de que el gobierno de la ciudad dé pasos para andar por esa senda del retorno a la ciudad que se imaginó pero nunca fue. Desaparecer la estación de policía que está enfrente de la Cárcel de piedra para construir aquel parque que no sucedió, sería abrir la puerta al poniente de la manera amable que se perdió en el pasado y ahora la gente simbólicamente rememora.

Ahora que es real la posibilidad de recuperar la Cárcel de Piedra, es posible también pensar en ese parque. Algo que el SMART debiera tomar en cuenta para fomentar la empatía con la propuesta que hasta ahora tienen. A final de cuentas el municipio sólo cedería la tierra e invertiría en un parque. Por supuesto, el reto sería desaparecer algo que no se verá bien frente a un centro social y comunitario como el que se pretende hacer de la Cárcel de Piedra: La estación de policía Distrito Delicias.

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