“La movilidad es un derecho, y es obligación del estado garantizarla. No es un negocio, puede serlo, pero es principalmente un derecho, así lo dice la Constitución”
Por Hernán Ortiz
Caminaba con mi hijo, Hernán, por el FOVISSSTE Chamizal, estaba cerca de esa casa que tiene una moto que parece de Mad Max, de hecho, una vez hablé con el dueño y me dijo que esa era su intención. Esta elaborada a partir de un motor modificado de un bocho, tiene tres llantas y una herrería con forma de machetes en la rueda delantera. Muy acorde de nuestra Juárez que en muchas partes se parece más al futuro distópico de George Miller que a una ciudad… no lo sé, normal podría decir.
Charlábamos y le expliqué que la movilidad en Juárez trae un problema muy serio arrastrando.
La cosa es que el transporte público, las rutas, en Juárez llevan tanto tiempo deteriorándose en su ineficiencia que, desde el siglo pasado, para que las maquilas pudieran funcionar, decidieron tener su propio sistema de transporte privado. Que, al igual que el público, se basó en utilizar camiones escolares desechados por Estados Unidos. Me imagino que los corporativos empresariales consideran a la gente lo suficientemente conformista como para ofrecerles un transporte de calidad.
Hoy por hoy, podemos ver la contaminación, tráfico, irregularidades en las unidades y la forma de conducir de los choferes, sin olvidar los percances y heridos que provocan.
Pero el transporte no mejoró, por el contrario, se fue deteriorando más y más, sumado a la expansión innecesaria de la ciudad y a la facilidad para obtener autos basura de Estados Unidos, que a falta de transporte público parecen ser la única alternativa para moverse en la ciudad.
La situación ha sido tal que incluso las escuelas tienen que ir atendiendo la movilidad de sus estudiantes de manera privada. No, no es sólo el servicio de transporte escolar, hay escuelas que si no fuera por el transporte privado, no tendrían suficiente asistencia, como las que están en la Ciudad del Conocimiento, allá… lejos.
El caso es que el transporte público es responsabilidad del Estado, pero el Estado no encuentra suficientes concesionarios que quieran trabajar sin tener un pasaje seguro. Tal vez por eso se debería cambiar el sistema de concesionarios. De hecho, en la primera línea del BRT, se quitó una ruta de concesionarios, la Tierra Nueva y por usuarios no pararon. Tampoco repararon en mantenimiento y el servicio fue empeorando hasta que la empresa INTRA se fue y la Tierra Nueva regresó.
Todo es un caos. ¿Cuándo volverá la gente a usar el transporte público si la ciudad es innecesariamente extensa, la infraestructura la construyen sólo para los autos y quién querrá pagar su pasaje si ir al trabajo les sale gratis? Incluso la universidad avisó que atendería el transporte de sus estudiantes. A nadie le interesa promover un buen transporte público, las acciones del Estado son insuficientes.
La respuesta de Hernán me dejó clara la situación. No tiene que interesarle a nadie, la movilidad es un derecho, y es obligación del estado garantizarla. No es un negocio, puede serlo, pero es principalmente un derecho, así lo dice la Constitución.
Es verdad y me alegra que un joven de 23 años, tal vez con la mente más clara… o turbia, los que lo conocen sabrán de lo que hablo, pero un joven sabe sin tantas vueltas entender que es responsabilidad del gobierno. No por capricho, porque así lo dice la Constitución (artículo 4) y la Ley Estatal de Transporte (artículo 5).
El problema que tenemos no es que la gente, empresas o escuelas quieran dejar los sistemas de transporte que han gestionado. El verdadero problema es que tenemos un gobierno estatal que es incapaz de garantizar un derecho básico como la movilidad.
La movilidad es un asunto colectivo, no particular. Cuando la gentes e compra un auto para resolver su movilidad, hay más gastos, contaminación, tráfico, malhumor y muertes. Si la movilidad la atendemos de manera colectiva el resultado será diferente.
Parte de la culpa también la tienen la federación y el municipio, pero eso es tema para otra charla… otra charla que tuve con Hernán y ya les contaré.



