Ciudad Juárez no busca privilegios; busca que su voluntad de ser chihuahuense sea correspondida con el respeto a su derecho de gobernarse a sí misma
Por José Mario Sánchez Soledad
“No se trata de “recibir atención” de los gobiernos superiores como un acto de gracia, sino de ejercer el derecho natural de una comunidad a administrar los frutos de su propio esfuerzo para sanar sus propias heridas.”
La historia de Ciudad Juárez suele contarse a través de sus cifras: el volumen de sus exportaciones, los presupuestos ejercidos, el número de sus plantas industriales o el flujo de sus puentes internacionales. Sin embargo, detrás de la potencia económica late una aspiración mucho más profunda y, a menudo, incomprendida: el derecho a la autodeterminación justa.
La Convicción como Origen
Para entender a Ciudad Juárez, es preciso recordar su génesis como parte de la entidad chihuahuense. En 1824, el Ayuntamiento de Paso del Norte no fue anexado por decreto ni por conquista; solicitó, por voluntad soberana, integrarse al Estado de Chihuahua. Esta distinción es fundamental: ciudad Juárez es chihuahuense por convicción. Ese acto fundacional establece que la relación con el poder central no es de vasallaje, sino de una asociación voluntaria basada en el respeto mutuo y la dignidad de las partes.
El Municipio Libre: Un Imperativo Moral
Cuando Francisco Villarreal Torres encabezó la defensa del Municipio Libre en los años noventa, no lideraba una disputa presupuestal, sino una reivindicación ética. El centralismo, ya sea federal o estatal, opera bajo la premisa de que el centro sabe mejor que la periferia lo que esta necesita.
Para el juarense, la autonomía no es un aislamiento, sino la capacidad de ejecutar su propia visión de ciudad. No se trata de “recibir atención” de los gobiernos superiores como un acto de gracia, sino de ejercer el derecho natural de una comunidad a administrar los frutos de su propio esfuerzo para sanar sus propias heridas.
La Institucionalización de la Resistencia
A diferencia de otras regiones, Ciudad Juárez ha transformado su lucha en instituciones. Organismos como FECHAC, FICOSEC y el Fideicomiso de los Puentes Fronterizos son el sedimento de décadas de exigencia ciudadana. No surgieron de la concesión oficial, sino de la necesidad de blindar el futuro frente a la naturaleza efímera de los ciclos políticos.
Estas instituciones representan un modelo de corresponsabilidad único: la sociedad civil no solo observa, sino que se involucra en la gestión del rezago que el centralismo ignora. Cualquier intento por trastocar la autonomía de estos mecanismos —bajo el argumento de la redistribución o la solidaridad estatal— ignora que estos fondos son, en realidad, un pacto de confianza social. Desmantelarlos o centralizarlos es romper el puente que une la voluntad ciudadana con la acción pública.
La Paradoja del Hermano Mayor
Juárez reconoce su papel como el pilar económico de Chihuahua. Su vocación es, y siempre ha sido, de generosidad para con los otros 66 municipios del estado. Pero la “autodeterminación justa” dicta que no puede haber solidaridad real si se ejerce a costa del abandono del propio hogar. Una “autodeterminación justa” implica que el hermano mayor no puede ser obligado a caminar con los pies descalzos mientras sostiene el peso de toda la familia.
El rezago de Ciudad Juárez no es una fatalidad geográfica, sino el resultado de un sistema que extrae energía y recursos de manera constante, pero que devuelve autonomía de forma cuentagotas. Una ciudad que compite a nivel global no puede ser administrada con una visión meramente regional o centralizada.
Conclusión: La Semilla Permanente
La lucha por la autodeterminación en Juárez es atemporal porque la aspiración a la libertad lo es. Los gobiernos pasarán y las inversiones fluctuarán, pero la demanda de que el destino de la frontera sea trazado por manos juarenses permanecerá intacta.
Defender las instituciones propias no es un acto de rebeldía infundada, sino la protección de un legado de autonomía que comenzó en 1824 y se consolidó en las plazas públicas y los puentes internacionales. Ciudad Juárez no busca privilegios; busca que su voluntad de ser chihuahuense sea correspondida con el respeto a su derecho de gobernarse a sí misma.
***
José Mario Sánchez Soledad, empresario e historiador de Ciudad Juárez, exdelegado de Profepa en Chihuahua, y consejero nacional de Coparmex. Presidente de Tauromaquia Mexicana, capitulo Chihuahua




