“La Iniciativa Juárez Berlín es un proceso formativo en una relación internacional convocada entre ciudadanos y ciudadanas organizados. Es un acto de diplomacia ciudadana que en el caso de Ciudad Juárez busca en la ciudad de Berlín, su historia y la de sus habitantes, un espejo para que lo aprendido se refleje en ésta ciudad. Quienes visitan Ciudad Juárez, se acercan a entender la vida de esta ciudad en la frontera”
Por Leobardo Alvarado
Recientemente al participar en una reunión en la que se organiza un próximo viaje de catorce personas dentro de lo que es la Iniciativa Juárez-Berlín, escuché en ella una frase que hace muchos años no oía: “La comisión somos todos”.
La Iniciativa Juárez-Berlín, a la que con cariño se le llama Juarlin, se trata de viajes recíprocos en las que se tiene como centro a Ciudad Juárez, México, y Berlín, Alemania. La iniciativa se creó en el año 2013, y desde entonces personas vinculadas a procesos comunitarios, artísticos, académicos, viaja de manera recíproca cada año.
En las visitas quienes viajan, generalmente entre diez y quince personas, conocen lo que acontece en la ciudad a la que se asiste y sus alrededores, sus procesos sociales, culturales, políticos, económico, e históricos, a través de compartir con actores locales su experiencia del trabajo que realizan. En los viajes, el aspecto lúdico es permanente.
La Iniciativa Juárez Berlín es un proceso formativo en una relación internacional convocada entre ciudadanos y ciudadanas organizados. Es un acto de diplomacia ciudadana que en el caso de Ciudad Juárez busca en la ciudad de Berlín, su historia y la de sus habitantes, un espejo para que lo aprendido se refleje en ésta ciudad. Quienes visitan Ciudad Juárez, se acercan a entender la vida de esta ciudad en la frontera.
Un aspecto de estos viajes es que no hay obligación de nada. Sólo el compromiso de la confianza y el deseo de vivir la experiencia. Puede pues intuirse el reto de lo que eso significa: La confianza es la savia que corre por las venas de un proceso organizativo como es la Iniciativa Juárez-Berlín.
Como podrá verse, organizar un viaje de esa naturaleza desde las capacidades organizativas de ciudadanos y ciudadanas que comparten una manera de pensar, no es sencillo. Es un proceso arduo de colaboración donde la voluntad y la confianza se suman. Se constituyen en un cúmulo de experiencia por lo que aportan quienes participan para que el viaje suceda.
En ocasiones cuando se participa de reuniones donde hay una diversidad de experiencias, en la horizontalidad de lo colectivo, surgen ideas que sobresalen en medio de la estabilidad discursiva.
En esas reuniones quienes reunidos comparten lo que saben, poco a poco sostienen un andamiaje que va construyendo piso sobre piso en búsqueda de lograr el objetivo de la reunión. En este caso el viaja próximo hacia Berlín, Alemania. El entusiasmo, en tanto la mayoría son jóvenes, es el aceite que lubrica la expectativa lúdica de las posibilidades.
Es una suerte de ir poniendo en una conversación constante y exploratoria capas que recubran aquí y allá los huecos que permitan lograr lo que se propone. Es un proceso donde hay que cubrir lo elevado del costo. Fallar es parte del ambiente sólo en positivo. Para todo hay una posible respuesta.
Es allí donde escuché la frase. Reapareció como parte de la memoria construida. Sucedió en medio de ese cambio generacional que representa este viaje. La transmisión de conocimientos y experiencias constituida durante muchos años por una gran cantidad de gente en esta ciudad afloró de manera genuina: orgánica.
Se trataba de resolver la compra de boletos. Una cosa que por las circunstancias del mundo actual derivó en rediseñar la Iniciativa Juárez-Berlín. Frente a la complejidad impuesta fue necesario abrirse en lo organizativo del viaje.
Comprar catorce boletos de avión para un mismo destino y cumplir con las características e implicaciones particulares, no es fácil: Documentación en regla, rutas de vuelos en tanto nuestra posición geográfica, habilidades y deseos personales, etc.
Fue cuando surgió la frase. Mágica y revestida de ese aire de confianza. Se había acordado ya quienes ayudarían a solucionar la compra de boletos. En el edificio de los sueños en ciertas horas se reunirían para trabajar al mismo tiempo.
Reduzco la anécdota y obvio todas las expresiones que dan cuenta de un momento como el que comparto. Quienes han vivido un proceso de colaboración entre organizaciones y colectividades, saben de qué hablamos: dudas, risas, silencios, otra vez preguntas, y demás: Incluyendo ese leguaje lúdico tan descriptivo que da la confianza de estar en consonancia con quien se comparte.
La comisión somos todos, se dijo. Me cimbró. La escribí en el grupo de whatsapp que compartimos para que la leyeran todos y todas. La frase la he saboreado todos estos días que leo en ese grupo de whatsapp como se van organizando.
Es una responsabilidad compartida. El compromiso colectivo. La perspectiva horizontal de quienes estaban presentes. El reto de resolver entre todas y todos lo necesario para lograr el propósito. Una confianza dada para recargarse unos en otros.
Todos de una u otra manera colaboran sumándose para lograr el viaje de la Iniciativa Juárez-Berlín 2026. Al verles, pienso en la fuerza que mucha gente ha construido en esta ciudad y cabe en esa frase: La comisión somos todos.
Finalmente, hay en esta ciudad una gran capacidad organizativa. Todo un lenguaje que facilita los procesos y se demuestra una experiencia acumulada. Puesta en servicio una y otra vez en momentos de crisis en Ciudad Juárez.
Sobre todo, el cambio generacional y la frase “La comisión somos todos”, me parecen un indicador de que no hay camino errado. Acaso y eso sí, nos hemos tardados como sociedad en tomar mayores decisiones.




