“Lo que cuentan los documentos sobrevivientes al fuego es la motivación de quienes en sus convicciones se sumaron a la movilización internacional contra el fachismo, el imperialismo y la guerra porvenir”
Por Leobardo Alvarado
Los documentos fueron quemados, pero dan cuenta de una historia fascinante, novelesca, que sucedió hace casi cien años en Ciudad Juárez. En 1934 el mundo estaba en una tensión que recordaba lo que había sucedido en 1914 con la primera guerra mundial. Adolfo Hitler había tomado el poder en Alemania. Preocupados, hubo gente que se organizó para advertir en ésta ciudad y éste país lo que sucedía. Lo que cuentan los documentos sobrevivientes al fuego es la motivación de quienes en sus convicciones se sumaron a la movilización internacional contra el fachismo, el imperialismo y la guerra porvenir.
En esta historia en la que destaca mucha gente, acentúo la participación de Emiliano Canchola Flores, un joven de 21 años de edad, originario del Mineral Real del Oro, en el Estado de México. No queda claro cómo es que llegó siendo tan joven a Ciudad Juárez, lo que sí es que era un agitador vehemente. Aún estaba soltero cuando vivía en la calle Ocampo, número 510 sur de esta ciudad, y tenía como oficio el ser jornalero. Murió de tuberculosis pulmonar, muy joven, a los 25 años de edad, allá en la Ciudad de México.
El Partido Nacional Revolucionario (PNR) conmemoró con una manifestación el día domingo 18 de noviembre de ese año, el 24 aniversario de la Revolución Mexicana en las calles céntricas de ésta ciudad. Era el partido oficial y fue también quien estratégicamente alentó en el país el llamado corporativismo. Ciertamente, una capacidad organizativa de la gente, pero controlada desde el Estado y los gobiernos que le administraban. Había en aquella época en Ciudad Juárez una gran cantidad de organizaciones sindicales. El mutualismo era lenguaje común.
Ese día de la conmemoración oficial de la Revolución Mexicana un grupo de personas fueron aprehendidas por “repartir propaganda de carácter comunista”. Más tarde les acusarían del delito de Rebelión. A Pascual Padilla, José González, Cenaido Valle, Gilberto Rubalcaba, Julián Meléndez y Jesús L. Oñate la policía les detuvo en un operativo ordenado por Alberto B. Martínez, el Comandante de la policía en la ciudad, porque se enteró que un individuo repartía unos volantes en el mercado Cuauhtémoc. Por ello ordenó a sus agentes que se detuviera a todas las personas que andaban repartiendo dichos volantes.
El alegato para detenerlos se centraba en un volante dirigido a los obreros, los campesinos y los estudiantes. También a los intelectuales y profesorado en general, según expuso en su pedimento Juan Manuel Fabela, el Jefe de la Oficina Federal de Hacienda, quien hacia funciones de Agente del Ministerio Público Federal y les acusaba por Ministerio de Ley. La propaganda recogida denunciaba que alrededor de la llamada “Educación socialista” se recrudecía una lucha de facciones. Eran luchas de carácter local y nacional. Por eso las autoridades que les persiguieron no vieron como amenaza la lucha internacional.
Los manifestantes consideraban una farsa lo que hacia el gobierno del PNR. Consideraban que distraía a los trabajadores de la lucha contra la miseria y el hambre que las agobiaba, y también provocaba a los cristeros, quienes a su vez aprovechaban el descontento de los trabajadores para guiarlos hacia la lucha contra el fantasma de la falsa “educación socialista”. Son los debates que dominaban. Ciertamente había una preocupación por lo que sucedía en el ámbito internacional, pero la lucha interna entre distintos frentes, absorbía a todos.
Es comprensible, si se entiende el llamado a impedir las maniobras de mentiras y calumnias, y a no “perder el tiempo con cristeros y penerreanos”. Lo que se debía hacer era luchar por las reivindicaciones más sentidas, inmediatas como lejanas, a favor de la gente más vulnerable. Vale la pena transcribir las demandas que firmaba el Centro Agrícola Industrial en ese volante. Ellos eran quienes tenían la conexión con lo internacional, pero también era la ruptura con el orden corporativista del Estado. Eran quienes veían como se utilizaba a los cristeros.
Quizá hagan sentido este año 2026 darles una lectura y comparar con aquel tiempo. Vale recordar que este año se cumplen cien años de lo que se conoce como la guerra cristera en México. De allí la importancia de los reclamos de quienes se manifestaban entonces, para comparar con nuestra época. Ellos demandaban lo siguiente:
- Contra la farsa de la “educación socialista”.
- Contra las maniobras y engaños de los cristeros.
- Contra las cuotas que pagan los alumnos en las escuelas.
- Por el aumento del presupuesto de la educación.
- Por la ley de Inmovilidad de los maestros.
- Por libros, útiles y desayunos gratuitos para los niños pobres.
- Contra la maquinaria en los trabajos del drenaje y tubería del agua para dar ocupación a obreros sin trabajo que son muchos.
- Contra las tareas en los diferentes trabajos de esta ciudad.
- Por el cumplimiento del salario “mínimo” por 8 horas de trabajo
El lema en el volante y en el que la autoridad centró su atención por cuestionar a un gobierno legítimamente electo, reflejaba el panorama político que veían quienes se habían organizado para protestar. Podrá apreciarse en el programa como en el lema (ver anexo) que los manifestantes planteaban una perspectiva más compleja y de sentido tanto inmediato como de largo plazo. Enfatizaban que no se debía estar del lado ni de los cristeros, ni con el gobierno.
El Caso de quienes fueron detenidos por rebelión, no sólo deja ver como operaba el gobierno. Sino también en los documentos encontrados se da cuenta de la vida interna de las organizaciones opositoras. En ellas están las conspiraciones. Las relaciones familiares. La participación de ciudadanos comunes y corrientes. Sus preocupaciones y la actividad de una red política instalada en diferentes partes del país; así como sus comunicaciones. Y por supuesto, los conflictos internos pormenorizados, en hechos y lógicas. Por ello es tan significativo este apartado internacional donde se denunciaba el fachismo, el imperialismo, y lo que podía terminar en una guerra. Desde aquí desde el estado de Chihuahua, y desde la frontera y Ciudad Juárez.
A los detenidos se les decomisaron además del periódico “El Machete” otros medios impresos y documentos, entre los que resaltaba la correspondencia. En la casa donde detuvieron a Pascual Padilla se encontraron las cartas, que según dijo la policía, las había intentado quemar. Lo encontraron en el acto. A la hora en que se le refirió en la Oficialía de Partes de la Comandancia quedaron en calidad de depósito los documentos, la correspondencia particular decomisada a medio quemar, y además de 24.34 pesos, moneda nacional que Pascual Padilla portaba en sus bolsillos. Los demás detenidos fueron remitidos en condiciones similares.
Una de esas cartas estaba escrita en dos partes y fechada el día 21 de agosto de ese año en Torreón, Coahuila. Tres meses antes de que los detuvieran a todos. En el primer apartado Emiliano C. Flores, se dirigió a los Camaradas de Ciudad Juárez. Les decía que en Camargo, Chihuahua, logró establecer contacto con 2 soldados a quienes había conocido en Juárez. Dijo que harían trabajo revolucionario entre los soldados del 23 regimiento de caballería. Los había conectado con Torreón para que desde allá les mandaran El Mauser, un periódico también revolucionario.
Además informaba que logró organizar un Comité Provisional Campesino. Pensaba que después podía regresar y constituirlo definitivamente como El Comité Regional Campesino de Ciudad Camargo. Cerraba este primer apartado de tres párrafos con las siguientes dos líneas: “ya por separado, mando información acerca de mi detención en Camargo, cuya carta fue dirigida a Campa”. Luego se siguió informando. Les solicitaba como compañeros que hicieran una “colecta especial” y se la hicieran llegar a México. Señalaba que no desconocían que ni el pasaje completo se le había dado. Advertía que no sintieran que exigía, pero si apuntaba: “si ustedes creen que estoy en un lecho de Rosas pues bien pueden pensar lo que les venga en gana”.
En las averiguaciones cuando fue llamado a declarar, Emiliano Canchola Flores dijo que a los soldados los había conocido sólo con el apodo de “La Piocha” y “La Tripa” en El Paso, Texas, cuando eran jornaleros en la American Smelting Refining Company, pero no sabía sus nombres. Que cuando visitó la “Unión Sindical Obrera Río Florido” en Camargo, los volvió a ver casualmente, pero ahora andaban incorporados al Ejército. Comió con ellos y fue cuando les dijo que vería la forma de enviarles el Mauser para que lo circularan entre empleados del gobierno y los soldados.
El periódico se editaba en la Ciudad de México, y en Torreón no encontró al administrador regional. No se aclara más en la investigación ministerial. Se supone que nunca les envió el periódico. Lo que sí dijo Canchola Flores, es que estando en México a donde acudió con fines de organización sindical, se enteró a través del periódico “Lucha proletaria” que habían sido detenidos y sujetos a proceso Pascual Padilla y varios compañeros por lo que las autoridades consideraban rebelión. Agregó que de regreso y estando en Torreón, se entero por los periódicos “El Continental” y “El Mexicano” que habían sido liberados.
Al llegar a Ciudad Juárez los compañeros de lucha le informaron que continuaba el proceso por haber encontrado a Padilla quemando unos papeles. Que esa era la razón por la que se había presentado al juzgado para declarar sobre las cartas que habían encontrado firmadas por él. Señaló, que ni Padilla ni él habían hecho ninguna agitación de rebelión. Que se dedicaban a instruir a los compañeros para defender los “derechos societales y de trabajadores”.
Más allá de la organización sindical, lo que no dijo Emiliano Canchola Flores en su declaración, es la otra razón de su visita a la capital del país. En la segunda parte de la carta que desde Torreón escribió; decía que después remitiría el informe sobre el Sindicato de Expendedores de Alimentos, del Centro Agrícola e Industrial y, que ya desde México seguiría informando oportunamente.
Sobre el motivo de su viaje a la Ciudad de México lo dejó para la posteridad en una línea de aquella carta que escribió:
“Al fin ya buscaré las formas de encontrarme nuevamente entre ustedes tan pronto pase El Congreso”
Luego, se despidió de sus compañeros en Ciudad Juárez desde Torreón:
“cordiales y saludos Revolucionarios”.
En esa carta, Emiliano Canchola Flores se refería a que se dirigía al Primer Congreso Contra el Fachismo y la Guerra Imperialista.
Era integrante de la Organización Centro Agrícola Industrial en Ciudad Juárez. Según escribió, al pasar por Chihuahua el “C.S.” de la capital le dio la “representación oficial”, por lo que “llevaba la representación de todo el estado de parte del partido”. En el mes de enero de 1934 en la Ciudad de México se había llevado a cabo la Primera Conferencia Nacional Juvenil de Frente Único. Allí se decidió la comisión que el 23 de agosto organizaría el Primer Congreso Contra el Fachismo y la Guerra Imperialista; mientras el día 28, se realizaría la Segunda Conferencia Nacional Juvenil de Frente Único (ver anexo). La comisión había pedido que se enviaran representantes al Congreso.
Antes de irse y llegar a Torreón donde escribió esa carta, Emiliano debió salir de la frontera el día 15 de agosto o en la madrugada del siguiente día porque en su camino a México llegó a Chihuahua y allí permaneció dos días. Anduvo haciendo trabajo de organización con trabajadores y, el día 18 de agosto siguió su viaje. Pero no tenía dinero y se subió de trampa al tren con la intención de llegar a Jiménez, porque así lo acordó con Manuel Duarte, el Secretario del Partido Comunista de Chihuahua. En la madrugada del día 19 lo descubrieron en la Estación de Camargo y lo hicieron preso. Ese mismo día lo dejaron en libertad. Luego anduvo en la ciudad y fue cuando visitó a los sindicalistas y comió con los soldados. El día 20 en la madrugada volvió a coger el tren, esta vez con la idea de llegar a Torreón.
Entre los documentos aparece la firma de David Alfaro Siqueiros como Secretario de agitación y propaganda de la comisión. También hay referencias a otros líderes sociales de la época. Hay una carta en la que Valentín Campa le escribe a su papá José Mercedes Campa. Estaba entre los papeles quemados. Precisamente en la casa donde se encontró a Pascual Padilla era una carbonería. Se ubicaba en la esquina de la calle Rayón y Otumba de esta ciudad.
Allí vivió José Mercedes Campa, el papá de Valentín. Fue lo que dijo Padilla cuando le cuestionaron en el juicio: que todo en esa casa era de Mercedes Campa quien se había ido a Casas Grandes un mes antes a gestionar fondos para pagar algunas cuentas. Él se quedó nada más encargado de la carbonería. Pero como no era negocio, se había visto obligado a cerrar. Por eso decidió quemar todos los papeles, porque nada era de él, nomás lo que le habían recogido (ver anexos).
El juicio en contra de los acusados por rebelión deja ver dos cosas: Por un lado la parte del proceso oficial para juzgarles dejó un expediente valioso en cuanto al rastro histórico de cómo operaba el poder en México y cómo este sucedía en Ciudad Juárez. Algo que abre la pregunta sobre qué más sucedía y cuáles eran los alcances del movimiento social desde la frontera, un lugar que evidentemente era estratégico para lo que estaba sucediendo en México y el mundo.
La otra parte, la de los acusados, muestra esa capacidad para oponerse al poder aun en las limitaciones de lo más elemental. Un ejemplo es cuando Emiliano Canchola Flores señala en la carta “que ni el pasaje completo” le dieron, cosa que a la postre, es lo que lo llevó a la cárcel en Camargo. Sin embargo, lo encomiable es que aun así siguió con el trabajo de organización. Llegó a la ciudad de México y estuvo en ese Primer Congreso Contra el Fachismo y la Guerra Imperialista. Por supuesto, se quedan las preguntas de qué fue a hacer, más allá de la presencia física.
Allí lo fascinante. La acción de detener a los manifestantes y acusarles de rebelión, también dejó para Ciudad Juárez y Chihuahua esta historia del ímpetu político de un sector de la sociedad en la frontera. La parte oficial del juicio esconde un proceso organizativo de una red de mucha gente. De las convicciones contrarias a lo dominante: el corporativismo oficial. De esa guerra mundial y el avance del fachismo que también visualizaban quienes fueron apresados, justo porque eran parte de una red nacional e internacional donde compartían un ideal. Recuérdese, que para México en aquella época, el problema de lidiar con Alemania y Estados Unidos, no fue fácil.
NOTA: En realidad su nombre era Emiliano Flores Canchola. Murió en 1938, cuando tenía 25 años de edad. “México, Distrito Federal, Registro Civil, 1832-2006”, FamilySearch (https://www.familysearch.org/ark:/61903/1:1:QGHV-F67B : Tue Mar 11 03:01:38 UTC 2025), Entry for Emiliano Flores Canchola and Juan Flores, 2 de mayo de 1938.
Fuente: Causa Penal. Exp. 77/34 C.92. Casa de los Saberes Jurídicos “Ministro Andrés Horcasitas”, Ciudad Juárez, Chihuahua.
Anexos (Sólo extractos de algunos de los documentos que les decomisaron):

















