Opinión

Elecciones intermedias: veleidosa aduana para los mandatarios en turno




enero 30, 2026

Dicho más claro: no creo que el oficialismo pierda la mayoría. Pero, a semejanza de lo que ocurrió en el sexenio de López Obrador, pronostico que podría ser una mayoría simple; pues una absoluta o calificada, se ve complejo para la polarización y las facturas que gravitan en el entorno

Por Hernán Ochoa Tovar

Debido a la delicada coyuntura que impera en los Estados Unidos, por los ataques del ICE en Mineápolis, ha trascendido que el presidente de la Unión Americana, Donald Trump, podría perder la mayoría en la Cámara de Representantes (Diputados), en los comicios que tendrán lugar el próximo noviembre. De acuerdo a diversos analistas, es habitual que esto suceda en el vecino país del norte, pues se suele sentir el desgaste de dos años en el ejercicio del poder -en el caso de México son tres-. Ello me llevó a hacerme el siguiente cuestionamiento, mismo que responderé a lo largo de esta colaboración: ¿en México acontece la misma circunstancia?

Debo decir que, como solía esgrimir Einstein en el caso de su célebre teoría, “todo es relativo”. Esto porque, durante el largo lapso de la Presidencia Imperial y del Nacionalismo Revolucionario, las elecciones de medio término solían ser un mero trámite, en el cual ya se sabía que el partido gobernante, en este caso el PRI, obtendría la mayoría calificada por default, con una oposición testimonial o casi nula. Empero, estas condicionantes comenzaron a modificarse a partir de la década de 1980. Por ejemplo, los comicios que se realizaron en el sexenio de Miguel de la Madrid nunca fueron justos ni democráticos -desde la óptica contemporánea-, aun así, la oposición tuvo un aumento considerable, y se visualizó un interesante ecosistema de partidos en el cual el PRI conservaba la mayoría de siempre.

Sin embargo, Carlos de Salinas de Gortari no llegó con las mayorías de antaño. Y sin embargo, las recuperó en los comicios intermedios de 1991, cuando el PRI se volvió a llevar el carro completo como en los viejos tiempos. Quizás los resultados y la estructura estatal y rizomática del antiguo PRI tuvieron mucho que ver. Empero, a partir del gobierno del doctor Zedillo, cuando tuvo lugar la consolidación de la democracia, el PRI perdió la mayoría en la Cámara de Diputados por primera vez en su historia, pero conservó la del Senado. Desde aquí se visualizó una tendencia: los mandatarios subsecuentes no pudieron ratificar el predominio de su partido en los comicios intermedios.

Esto se destaca, de manera relevante, en el sexenio de Vicente Fox. Al ganar, tuvo una mayoría relativa en las cámaras, pero se quejaba veladamente que no podía emprender las reformas que había prometido en campaña -las denominadas estructurales- debido a la carencia de una mayoría suficiente para aprobarlas. Con dicha coartada, pidió al electorado que le brindara el número mágico de cara a las elecciones intermedias. Sin embargo, el mismo no se lo volvió a otorgar, y el blanquiazul perdió un importante número de diputados en el año 2003.

Al expresidente Calderón le ocurrió lo mismo, y, quizás, aun peor. La mayoría relativa que cosechó en 2006, se esfumó como el viento tres años más tarde, cuando el tricolor volvió a tener mayoría en la Cámara de Diputados. Paradójicamente, Enrique Peña Nieto (el mandatario que encarnó el retorno del PRI a Los Pinos) tuvo mayorías y, a pesar de que tuvo un desgaste impresionante en la primera mitad de su administración, no las perdió de todo, pues pudo retener el número clave con el auxilio del Partido Verde en 2015 (partido que, paradójicamente, ahora forma parte de la coalición gobernante). A pesar de ello, el tricolor comenzó su acendrado declive a partir de 2016. Las elecciones de hace un oncenio parecieron ser una golondrina que hacía el verano, para la tragedia griega que se ensañaría con el partido más antiguo de México, en los tiempos venideros.

Curiosamente, a Andrés Manuel López Obrador (el primer presidente de izquierda luego de Luis Echeverría Álvarez y el general Cárdenas) le pasó un fenómeno bastante curioso e irrepetible. A partir de su sucedánea victoria, en julio del 2018, logró obtener mayorías congresuales que ninguno de sus antecesores había obtenido, pues las grandes bancadas que obtuvo eran algo que no se visualizaba desde tiempos de Carlos Salinas de Gortari. En el mismo tenor, lo que le ocurrió a AMLO  a mitad de su administración, fue distinto a lo logrado por los ex mandatarios anteriores: no obtuvo un aumento espectacular de curules, como sí se vio en el salinismo; pero tampoco sufrió las pérdidas mayoritarias acaecidas por Vicente Fox y Felipe Calderón. En este tenor, se pareció más a Peña Nieto, con la salvedad de que AMLO obtuvo mayoría calificada en la Cámara de Diputados y EPN nunca llegó a tener facciones parlamentarias tan copiosas. No obstante, a partir de 2021 sí se vio un desgaste; la coalición oficialista llegó a cosechar mayoría absoluta mas no la calificada que pudo aquilatar en los comicios de 2018. Aun así, gracias a que el Partido Verde tuvo una bancada relevante, el morenismo alcanzó los números mágicos para seguir detentándose como mayoría. Lo que le pasó a Peña Nieto, le volvió a suceder a Andrés Manuel tan sólo dos legislaturas después; veleidades de la política.

Finalmente, los números que alcanzó la doctora Sheinbaum en la elección presidencial del 2024, son algo inédito en el México contemporáneo. Para comenzar, es la primera mandataria que posee mayorías parlamentarias tan holgadas desde tiempos de Miguel de la Madrid, pues las logró tanto en la Cámara de Diputados como en la de Senadores (algo que ni el propio López Obrador pudo consumar, con todo y su colmillo político). Sin embargo, aún se dilucida si esas pletóricas votaciones de debieron a su gran aceptación, o al consabido efecto AMLO que aún tenía mucho fuelle hace un par de años, al final del sexenio en cuestión; pues se dice que la doctora Sheinbaum recibió votación de sectores que llegaron a ser adversos a la causa obradorista, tales como los académicos, así como la clase media y parte de la alta. Sea como fuere, la doctora obtuvo una votación impensable para quienes estuvieron antes de su gestión. No obstante, hay un argumento que es importante ponderar: si el sexenio de AMLO encarnó la esperanza y el pueblo de México le endosó su apoyo, más allá de claroscuros y decisiones controversiales; la presente gestión empieza a observar el desgaste del ejercicio en el poder.

Aunque el célebre tango de Gardel solía subrayar que veinte años no eran nada, en el caso del oficialismo se percibe que siete años son suficientes para reflejar los aciertos, pero también los yerros y las áreas de oportunidad. Y aunque la doctora Sheimbaum ha tenido una buena conducción en determinados aspectos de la realpolitik, también es cierto que algunas inercias del oficialismo ya empiezan a calar en el sentir popular. Por tal motivo, creo que esa dialéctica se percibirá de cara a las elecciones intermedias. Para tal cuestión, procederé a explicarlo con manzanitas: aunque las oposiciones quisieran hacer leña del árbol caído, como dice el dicho popular, creo que es complejo plantear que hay un desgaste colosal como para que se replique un escenario semejante al que prevalece en los Estados Unidos. A pesar de que eso suele suceder -el propio AMLO utilizó la coyuntura adversa como propulsor para crecer como espuma en las encuestas-, dudo que veamos un contexto tan dramático. Sin embargo, sí creo que se verá el desgaste reflejado. Dicho más claro: no creo que el oficialismo pierda la mayoría. Pero, a semejanza de lo que ocurrió en el sexenio de López Obrador, pronostico que podría ser una mayoría simple; pues una absoluta o calificada, se ve complejo para la polarización y las facturas que gravitan en el entorno. Es un vaticinio, pero igual pudiera estar equivocado, pues en política lo que menos se da son las certezas en los fenómenos; y lo más común son las sorpresas y los giros contextuales. Al tiempo.

***

Hernán Ochoa Tovar. Académico y analista político. Antropólogo y doctor en Pedagogía Crítica. Ha sido docente en la ENAH Chihuahua, el Centro de Investigación y Docencia, y en el Centro Montessori de Estudios Superiores, desempeñándose actualmente en la Escuela Normal Superior José E. Medrano (ENSECH) en Chihuahua capital. Sus temas de interés son la historia contemporánea, la coyuntura política y el devenir educativo.



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