En El Estado

Niño ódami lucha por su vida en Chihuahua; su madre enfrenta la barrera del idioma y el abandono del estado



jueves, febrero 5, 2026

El testimonio de Micaela, mamá de Ángel, pone rostro a una falla sistémica: la ausencia de traductores o intérpretes de lenguas indígenas en los hospitales de Chihuahua, lo que deja a las comunidades en la más absoluta incertidumbre y vulnerabilidad

Por Leonel Barro / Raíchali

Chihuahua – Micaela Baiza Solís, una mujer del pueblo ódami vive una pesadilla desde el 28 de enero. Su hijo de cinco año comenzó con dolor de cabeza, vómitos y desmayos constantes. Hasta ahora no sabe el diagnóstico que lo mantiene intubado y en calidad de grave en el hospital Infantil de la ciudad de Chihuahua.

Lo que parecía una enfermedad leve se convirtió en una carrera contra el tiempo para salvar a Ángel Ramón Baiza Julián, en un sistema de salud fragmentado y con profundas barreras culturales.

Micaela y su esposo comenzaron esta travesía para la atención médica con una caminata de dos horas desde su comunidad Rancho Los Julianes hasta la clínica más cercana en Llano Grande, en el municipio de Guadalupe y Calvo. El menor fue referido al hospital de la cabecera municipal de Guadalupe y Calvo, donde les informaron que su estado era “muy grave” y que debía ser trasladado a Parral.

Finalmente, fue canalizado al hospital Infantil de la ciudad de Chihuahua, donde se encuentra en estado crítico, intubado y con “agua en el cerebro”, según la descripción de su madre.

“Aquí no conozco, ni sé qué tiene mi hijo, porque no hablo español y no entiendo a los doctores. Sólo sé que mi niño está muy enfermo”, relata Micaela con angustia, en una entrevista en idioma ódami para Raíchali.

Fotografía: Leonel Barro / Raíchali

Su testimonio pone rostro a una falla sistémica: la ausencia de traductores o intérpretes de lenguas indígenas en los hospitales de referencia, lo que deja a las familias en la más absoluta incertidumbre y vulnerabilidad.

Este caso no es aislado. Es el reflejo de una emergencia silenciosa que afecta a las comunidades de la Sierra de Chihuahua.

La falta estructural de medicamentos en clínicas rurales, la ausencia de brigadas de salud –hay comunidades que reportan hasta dos años sin una visita médica– y la inaccesibilidad geográfica, obligan a trasladar a niños indígenas a las ciudades, donde además de luchar por su vida, se enfrentan a la discriminación y la incomprensión lingüística.

Las consecuencias de este abandono son letales. Muchos niños de comunidades no logran sobrevivir ante la imposibilidad de recibir atención oportuna en sus localidades, la falta de recursos para costear traslados urgentes y las horas de camino que deben recorrer a pie para llegar a una primera valoración.

La historia del hijo de Micaela es un llamado de urgencia. Expone la deuda histórica del sistema de salud con los pueblos originarios, donde la falta de un enfoque intercultural y de recursos básicos se traduce en dolor, miedo y, en demasiadas ocasiones, en muertes que pudieron evitarse.

Mientras el niño lucha en la Unidad de Cuidados Intensivos, su madre espera, sin poder comunicarse con los médicos, que alguien le explique en su lengua qué le pasa a su hijo.

Micaela es una mujer de 39 años. Tuvo 6 hijos y 4 han fallecido por la misma causa: no alcanzaron a llegar a las clínicas. Uno de los pequeños falleció hace tres años, en Parral, por desnutrición severa y otros dos fallecieron casi en la misma época.

Y es que en su comunidad y otras aledañas, hace alrededor de diez años que no llegan brigadas de salud hasta las rancherías, sólo pueden ir a las clínicas comunitarias que trabajan de manera ineficiente por falta de personal y de insumos.

Rancho Los Julianes, donde habita la familia Baiza Solís, se ubica en una brecha ubicada entre la cabecera municipal y el seccional de Baborigame.

Raíchali solicitó a la Secretaría de Salud el diagnístico del paciente infantil y está a la espera de la información.

Retos que enfrenta la comunidad ódami al acudir a un hospital

Perla Bejarano, es otra mujer indígena de la comunidad de Corral Quemado. Al igual que Micaela, su paso por el sistema de salud no fue para nada satisfactorio.

Ella cuenta el proceso de cómo fue su llegada a la ciudad de Chihuahua. Todo inicia de Baborigame 13 de Julio 2025, cuando se enferma su bebé de 7 meses. Ella y su esposo la llevan a un hospital que la seccional de Baborigame, por una enfermedad que parecía gripa con fiebre.

Cuando la revisó un médico, detectó que estaba desnutrida y que era urgente trasladarla a Guachochi para su tratamiento. Cuando los padres llegaron con su bebé al hospital de Guachochi, les dijeron que lo trasladarían a la ciudad de Chihuahua porque el grado de desnutrición era avanzado y corría riesgo de fallecer.

Perla Bejarano no entendía lo que pasaba y a dónde lo querían llevar, porque no nunca había salido de su tierra natal, sólo ubicaba la cabecera municipal de Guadalupe y Calvo. Tampoco habla español, sólo su idioma (ódami o tepehuano), por eso no entendió nada el diagnostico y porqué su bebe tenía que ser traslada de manera urgente a un lugar desconocido para ella. En Guachochi si hubo una persona le explicó en ódami la situación, entendió un poco porqué lo llevarían a la capital del estado.

El trayecto duro aproximadamente 4 horas. Llegaron al hospital General y lo pasaron al área de urgencias, pero no hay traductores indígenas. Perla sintió miedo , llegó sola con su bebé y estaban en un lugar que no conocían. Nadie habla su lengua.

La mujer se comenzó a desesperar y le preocupaba qué le harían a su hija, “me acuerdo cuando lo querían llevar a otro lugar para el chequeo y ponerle el suero, yo no la dejé porque pensé que me lo iban a matar y quería salir corriendo, llevándome a mi hija sin importar lo que nos pase allá afuera en la calle. Hasta que me acordé de unos sobrinos que viven aquí en la ciudad, pero no conozco bien sus números pero sabía que estaban ahí sus teléfonos, sólo aplaste un botón donde aparecían letras y números, me contestaron y allí es donde les dije que me ayudaran porque me quieren matar a mi hija”, cuenta Perla en idioma ódami.

En una ocasión, Pablo Bejarano, sobrino de Perla, entró al cuarto donde estaba internada Natalia. Llegó una enfermera y le dijo que ella no sabía dar leche a su bebé, que por eso estaba como estaba, pero ella no entendía nada en su lengua, sólo le decía que sí a todo.

En un plática, Perla le comentó a Pablo que por esas cuestiones le daba mucho miedo estar en el hospital, porque cada vez que ponían algo al bebé pensaba que se lo iban a matar y ella no entendía nada de lo que le decían.

No estuvieron mucho en ese nosocomio porque trasladaron a la bebé al hospital Infantil, donde sí tuvo acompañamiento de su sobrino, quien le ayudó con la traducción y logró relajarse un poco. Entendió por fin, qué le harían a su hija, el diagnostico, qué medicamento le pondrían, etcétera.

También le explicó su sobrino, porqué la llevaban a un quirófano y cuánto tiempo la iban a tener allá hasta pasarla al cuarto de reposo para verla otra vez. “Ya fue más diferente que el otro hospital, había médicos, enfermeros más empáticos con las personas hablantes de alguna lengua indígena, pero en ocasiones no había quién me apoyara cuando llegaban a explicarme el avance de la enfermedad de mi hija, porque mi sobrino trabaja y avances se le complica estar pendiente de mí en el hospital, pero en su tiempo libre y cuando es urgente, él siempre me daba una vuelta al cuarto donde estaba mi bebé, Natalia, para ver el avance de su salud”.

Perla estaba preocupada por su regreso, porque no conoce la ciudad ni otras partes diferentes a su tierra. “Estando aquí, lo que me comentan es que tengo que ir a un lugar donde ayudan a las personas para poder regresarse una vez que den de alta mi hija. Pero con las que he platicado, con las personas que vinieron también aquí en el hospital, que la Secretaria de los Pueblos Indígenas sólo ayuda en partes, por ejemplo de aquí a Guachochi y tengo que quedarme un día para volver a hacer otro trámite para solicitar lo de mi pasaje hasta Baborigame, porque no hay un trasporte directo hasta mi lugar de destino. Lo mismo pasa de Chihuahua a Parral y de Parral a Guadalupe y Calvo, yo no cuento con dinero, ¿cómo voy a pagar en los lugares donde me voy a quedar? Y tampoco conozco donde están las instituciones que ayudan”, detalla en la entrevista en ódami.

Perla Bejarano comentó que es muy difícil estar en el hospital y no hablar español , ya que no hay personas que le ayuden, sólo hablan en español, no tienen traductores indígenas. “Me gustaría que me atendiera una persona que habla mi lengua o que tenga traductor para que me explique qué le van a hacer y qué medicamento le están poniendo a mi hija”.

***

Este trabajo fue publicado originalmente en Raíchali que forma parte de Territorial Alianza de Medios. Aquí puedes consultar su publicación.

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