Opinión

Rebelión en la granja oficialista




febrero 13, 2026

“¿Cuál es el estado actual de las cosas en la coalición gobernante (MORENA particularmente)?… De botepronto, da la impresión de que los siete años que llevan gobernando les empiezan a cobrar factura. Las asignaturas pendientes y las cuentas no aclaradas, han dejado de ser tareas del pasado remoto, para ser del reciente”

Por Hernán Ochoa Tovar

Un fenómeno comúnmente estudiado por los politólogos es el del desgaste de los partidos cuando se encuentran en el poder. Dicho fenómeno no es privativo de México. Sucedió en Suecia en la década de 1970, cuando, después de décadas, el Partido Socialdemócrata Sueco pasó a la oposición. De igual manera en América, institutos que se jactaban de su hegemonía, como el Frente Martí de Liberación Nacional (FMLN) de el Salvador; y el Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia padecieron algo parecido, pues de ocupar la presidencia de aquellas naciones por cerca de dos administraciones, luego se tornaron en una oposición decreciente y testimonial, estatus que conservan hasta la fecha. Por lo anterior, y con base en actos que se han presentado durante la semana, valdría la pena preguntarnos: ¿cuál es el estado actual de las cosas en la coalición gobernante (MORENA particularmente)?

Si algo ha caracterizado históricamente a las izquierdas, es su capacidad de atomización. Esto fue lo que le pasó al extinto PRD, que nunca se puso de acuerdo, debido a que, en su seno, coexistían corrientes variopintas y contrapuestas, destacadamente el cardenismo, el marxismo, viejos liderazgos del 68, además del incipiente obradorismo y la socialdemocracia. Sin embargo, al momento de fundarse MORENA, hace poco más de una década, dicho fenómeno no se repitió. Esto porque, a pesar de que el naciente instituto estaba conformado por una plétora de corrientes muy distintas entre sí, el expresidente Andrés Manuel López Obrador se erigía como el cemento de aquella variada alianza.

Dicha estrategia funcionó a lo largo de su sexenio. Las críticas parecieron hacerle lo que el viento a Juárez, y su alta legitimidad le permitió soslayar las reacciones, tanto positivas como negativas -pues las hubo fundamentadas y constructivas- que le vertían ciertos sectores del electorado. Sin embargo, dicha estratagema tuvo como caducidad la administración de AMLO, pues en la de la doctora Sheinbaum no se ha presentado dicho fenómeno. Esto porque, el disenso, que virtualmente no era permitido durante el período de su antecesor, se ha multiplicado con creces a lo largo de la presente administración, tanto en la cuestión interna como con sectores otrora aliados del partido.

En lo tocante a la cuestión interna, antaño podía haber diferencias, pero AMLO actuaba como el voto de calidad y el réferi a la hora de dirimir conflictos, tanto sociales como partidarios. Era visto como el líder moral, tanto del gobierno, como del partido. Sin embargo, las inconformidades, que encontraban rápida social durante la administración obradorista, se han incrementado en el claudismo como pequeños fuegos. Para empezar, se percibe la división artificial de corrientes que ayudó a conformar el partido dominante, así como la divergencia de intereses. Si antes el expresidente era el árbitro que gestionaba conflictos y les hallaba una solución amable -como en el caso de las Corcholatas- ahora dicho recurso parece no existir. Esto porque, tal y como lo mencioné en colaboraciones pasadas, percibo que el tabasqueño es un político con gran colmillo y carisma, hecho que no posee la doctora Sheinbaum, quien, sin embargo, es una gran administradora. No obstante, los diversos escándalos, que AMLO atinadamente atenuaba con la precisión de un apagafuegos, no han tenido una reacción semejante a lo largo del sexenio en curso. Para comenzar, mientras AMLO los apagaba o los combatía, y la discrepancia interna parecía casi improbable ante la interpretación presidencial, ahora sucede lo opuesto, pues, aunque la doctora Sheinbaum exprese su particular opinión al respecto, su opinión es respetada, mas no acatada, como si fuera la de un militante más, y no la de la primera morenista de este país.

En el mismo tenor, se pueden atestiguar fricciones entre la coalición gobernante. Cuando en la gestión obradorista las mismas fueron esporádicas y verdaderas nimiedades, ahora da la impresión de que en ocasiones han estado al borde de la ruptura con sus añejos aliados, el PT y el PVEM, cuando antes, el mismo recurso, hacía imposible el surgimiento de recovecos ríspidos, sobre todo hacia afuera.

De botepronto, da la impresión de que los siete años que llevan gobernando les empiezan a cobrar factura. Las asignaturas pendientes y las cuentas no aclaradas, han dejado de ser tareas del pasado remoto, para ser del reciente. Y ante eso, creo que lo inevitable es que el partido gobernante, que paulatinamente alcanzó la cresta de la ola, poco a poco se vea rozando la pendiente. Las leyes de la física no mienten: todo lo que sube, tiene que bajar. Y, precisamente, es lo que parece estar experimentado el instituto gobernante, MORENA con especial énfasis. Para muestra, la rebelión en la granja que se ha estado produciendo a lo largo de este aún joven 2026. Lo dejo a su interpretación. Al tiempo.

***

Hernán Ochoa Tovar. Académico y analista político. Antropólogo y doctor en Pedagogía Crítica. Ha sido docente en la ENAH Chihuahua, el Centro de Investigación y Docencia, y en el Centro Montessori de Estudios Superiores, desempeñándose actualmente en la Escuela Normal Superior José E. Medrano (ENSECH) en Chihuahua capital. Sus temas de interés son la historia contemporánea, la coyuntura política y el devenir educativo.

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