Opinión

Un plan mayor




febrero 16, 2026

“El movimiento de izquierda no debe ver las campañas recientes como coincidencias o como impulsos aislados. Son parte de un plan mayor”

Por Alejandro Páez Varela

1. El pasado que llama
De todos los temores que expresaba Andrés Manuel López Obrador públicamente –y no eran muchos, pero sí puntuales–, uno que cargaba como costal de gatos con rabia era la posibilidad de un regreso abrupto de México a un pasado que la elección de 2018 supuso dejar atrás.

En un mundo de modas electorales y mayorías ficticias; de redes sociales y manipulación mediática, los procesos sociales más profundos pueden detenerse abruptamente sin asonadas militares y con voto popular. Los gobiernos emanados de golpes de efecto (con campañas mañosas y guerras de lodo) tendrían que vérselas con la Constitución. Por eso AMLO impulsó que las pensiones y otros logros del nuevo Estado de Bienestar requirieran mayoría constitucional para revertirse; y justo esa preocupación es la que llevó al lopezobradorismo a pelear cuerpo a cuerpo hasta obligar la transformación del Poder Judicial.

Han pasado más de siete años desde que AMLO y el movimiento lopezobradorista tomaron el poder. La pregunta es si aquél temor del expresidente sigue vigente. La respuesta es que sí. Los riesgos de un regreso de la derecha continúan. Lo veo en algunas decisiones de la presidenta pero aún sin verlo, dado que es una mujer inteligente y muy analítica, sé que lo entiende y por lo tanto, calcula los riesgos.

¿Podría una oposición tan desprestigiada acarrear gente? Por supuesto que sí. Resaltar sus “méritos” no le funcionó; tampoco las estrategias de los Claudio X. González, los Carlos Salinas y los Diego Fernández de Cevallos. Para avanzar le queda destruir la reputación del entorno de Claudia Sheinbaum, con ataques desde adentro y desde afuera.

La mala gestión de Mario Delgado en el caso Marx Arriaga le da armas a los enemigos de la presidenta; no puede permitirse. Los Julio Scherer se multiplicarán. Y TV Azteca, Televisa y sus satélites mediáticos están cazando cada error y cada traición porque lo necesitan.

El movimiento de izquierda no debe ver las campañas recientes como coincidencias o como impulsos aislados. Son parte de un plan mayor, y quien no lo vea peca de inocente o, peor aún, de negligencia y dejadez.

2. El manual de la derecha
Los siete años de la izquierda en el poder son, en realidad, muy pocos para la vida de una Nación. Muchos poderes de la derecha y la ultraderecha se mantienen intactos y tienen forma de resistir todavía más tiempo. En particular, los poderes económico y mediático cazando su oportunidad.

Cuando Dilma Rousseff fue destituida como presidenta de Brasil habían pasado 13 años de gobierno del Partido de los Trabajadores (PT), la fuerza política fundada por Luiz Inácio Lula da Silva. Es casi el doble de lo que lleva la 4T. Pero 61 de los 81 senadores brasileños votaron para arrebatarle la Presidencia en un proceso amañado, oscuro e injusto. ¿Cómo lograron los poderes de facto sumar esa fuerza inédita en el Congreso? A carretadas de (discúlpeme la palabra) mierda. Y en un instante, zas: Michel Temer, un derechista que juraba ser parte de la coalición de la presidenta, tomó por asalto el poder.

Antes del golpe del Congreso, y es a donde quiero llevarlos, hubo una campaña muy intensa. Primero, las redes sociales y las televisoras magnificaron líneas discursivas comunes: la izquierda es criminal, la izquierda es corrupta, la izquierda es mentirosa y la izquierda es lo mismo que la derecha. Golpearon en todos los niveles del ecosistema construido por las fuerzas progresistas. Se lanzaron contra todos los políticos, funcionarios, periodistas y medios progresistas hasta incluso incitar a la violencia contra ellos. Sin pudor, sin límites morales o éticos. Como Ricardo Salinas Pliego o Alejandro Moreno Cárdenas lo hacen ahora.

Dilma se desplomó en las encuestas. Y entonces empezaron a salir a las calles los supuestos “grupos espontáneos” de “ciudadanos” que decían haberse “organizado por WhatsApp”. Igualitos a los que, en México, organizaron Claudio X. González, los grupúsculos prianistas, los residuos del perredismo y los exfuncionarios de los órganos electorales y del Poder Judicial.

En el primer periodo del PT en el poder, las televisoras y la prensa tradicional se volvieron casi aliadas de Lula. Insisto: se hicieron ver como CASI aliadas. Fue un periodo de paz que duró un tiempo considerable. El mismo Temer, quien asume el lugar de Dilma, era aliado de la izquierda y el Movimiento Democrático Brasileño, su partido, era parte de la coalición oficialista. Como lo son Manuel Velasco, Ricardo Gallardo y el Partido Verde en México.

Dilma asegura que fueron ellos, los de adentro, los que organizaron el golpe final. La expresidenta los acusó y los acusa hasta hoy de conspiradores. El MDB era una fuerza marginal, parasitaria, sin ideología, que capturaba políticos de cualquier fuerza para sobrevivir. Un partido atrapatodo, metapartido o partido barredora, como se le conoce allá. Igual que el Partido Verde acá. Y el MDB no era nada sin la izquierda, como el PVEM acá.

Pero estaban esperando su momento. Y cuando ocurrió, soltó audios y videos falsos; rumores y filtraciones a la prensa, como el Partido Verde con, por ejemplo, Pío López Obrador. Y un buen día, cuando más lo necesitaban, el partido de Temer le dio la espalda a sus aliados de izquierda y, con los espacios que había ganado en el Congreso gracias a Lula y a Dilma, votó a favor del golpe de Estado legislativo y judicial. Dilma Rousseff se fue al exilio. Lula y otros, a la cárcel. Y el PT casi se desintegra.

Las movilizaciones contra Dilma Rousseff en las calles tomaron forma cuando el verdadero trabajo de cañería ya se había realizado. Esto es muy importante. Fue un trabajo de meses, de años. Periodistas del viejo régimen brasileño, académicos, intelectuales y medios tradicionales se dedicaron día y noche a mentir y a denostar a la presidenta, a Lula (como acá lo hacen con AMLO) y a cualquiera que fuera de izquierda. Las cadenas de televisión y las redes sociales sacaron las garras y convirtieron los ataques en una campaña de 24 horas, los 365 días del año.

Fue entonces, con ese clima enrarecido, que aparecieron las organizaciones supuestamente ciudadanas como Vem Pra Rua (Ven a la Calle) que no batallaron en conseguir seguidores. La izquierda, dividida por los señalamientos, no supo cómo responder. La derecha, ayuna de poder, hizo un frente común. La tormenta perfecta se había creado.

Vem Pra Rua, un Mexicanos contra la Corrupción, se especializó en herramientas web, como el llamado Mapa del Impeachment, para crear redes de grupos afines. Luego personalizó el acoso contra los políticos de izquierda, con un Muro de la Vergüenza que se parece mucho a lo que hacen Televisa, TV Azteca y comunicadores aliados a los que se les paga por acosar a periodistas que identifican como progresistas. De esto último tengo datos que en su momento daré a conocer.

El movimiento “ciudadano” organizó una especie de “Marea Rosa brasileña”, como la mexicana, e intentó mantener en secreto a sus financieros; así como lo intentó Latinus, que es propiedad de la familia de Roberto Madrazo; o como buscaba hacerlo Mexicanos contra la Corrupción, que recibía fondos del Departamento de Estado de Estados Unidos y de los grandes capitales en México.

Sin embargo, Vem Pra Rua fue desenmascarada, como los dos medios anteriores. Detrás estaba Jorge Paulo Lemann, banquero, empresario y extenista, el hombre más rico de Brasil y dueño de 3G Capital y marcas como Burger King, Tim Hortons, Anheuser-Busch, Kraft, Heinz y muchas otras más. En 2023, Lemann tenía poco más que Ricardo Salinas Pliego en ese momento: 17 mil millones de dólares. La diferencia es que el dueño de TV Azteca quemó una cantidad inédita de aproximadamente 10 mil millones de dólares en dos años, mientras que el otro, hecho en los negocios de verdad, se ha mantenido.

Luego se sabría que la “Marea Rosa brasileña” se coordinaba con varios de los encargados de la operación anticorrupción conocida como Lava Jato, que evolucionó en un golpe blando contra Lula, Dilma y el PT. La organización hizo pasar por “apartidista”, pero pronto se conoció que de independiente no tenía nada. Igual que las organizaciones que promueven Claudio X. González y otros que se prestan a sus artimañas.

No digo que la derecha mexicana copiara a la brasileña. No se confundan. Esos manuales de operación en realidad son universales dentro de esos movimientos golpistas que, sí, han logrado revertir los avances de la izquierda en Latinoamérica y que babean por la posibilidad de destruir lo alcanzado por el movimiento lopezobradorista en México.

3. En marcha
Todas las personas con las que he conversado recientemente –algunos analizan redes–, han encontrado rastros de nuevos núcleos operando en México en esto que algunos llaman “plan mayor” contra la izquierda, de cara a las elecciones intermedias federales de 2027 y como ensayo de las de 2030. En varios análisis aparece Ricardo Salinas Pliego como una especie de interface entre redes. Puede ser, me dicen, porque es uno de los principales financieros de campañas contra personas y a veces contra instituciones. Pero no es sólo él. Por su protagonismo, e incluso por sus deseos de venganza, aparece en casi todos los ataques. Pero me queda claro que, más astuto, el aparato Televisa está trabajando por su parte.

Un amigo que trabaja con un grupo de análisis me dijo que es claro que hay varias cajas chicas financiando, incluso partidistas. El PRI le aparece a varios dentro del entramado de financiamiento de bots, granjas, troles, etc. El PAN se cuida más, pero sin duda es parte de estas nuevas redes que interactúan con las viejas, y se potencian. Y hay algunos gobernadores –ojo con esto– que le meten dinero a medios que son básicamente digitales. Eso en redes.

Pero la verdadera alerta, de acuerdo con lo que me dicen y según la lógica de los brasileños, está en las televisoras. Pueden dar pauta a un ataque desde sus noticieros, y luego ayudan a extenderlo en las redes y luego regresarlos a las televisoras, en un flujo continuo o bucle que puede agarrar tal vuelo que es orgánico y se vuelve demoledor. Es lo que hace TV Azteca permanentemente con la presidenta Sheinbaum y con algunas figuras de la izquierda. La marca de la televisora acumula mucho desprestigio y le quita peso, pero hace daño, mucho daño. Se trata de tormentas artificiales, pero al final tormentas.

Cualquiera que las haya padecido sabe cómo golpean en el ánimo y dejan mancha, aunque se desmientan al instante o se caigan con el tiempo.

Creo que la izquierda en el poder debe buscar similitudes en la estrategia de Brasil (que, por su tamaño, proporciona datos muy asimilables al caso mexicano), y prender un radar busca-minas. Entre los aliados del oficialismo no veo al Partido del Trabajo formando parte de un plan mayor, aunque lo muevan mezquindades; en cambio ubico con toda claridad al Partido Verde y yo le pondría un reflector grande, o varios reflectores grandes. Veo dentro de Morena grupos que perfectamente traicionarán a la izquierda si es necesario, y casi cualquiera los puede ubicar: ¿de dónde vienen Gibrán Ramírez, Alejandro Rojas, Sandra Cuevas y otros que han sido usados por la oposición para golpear al lopezobradorismo? Adivinaron sin mucha dificultad: sí, de los Monreal. Pero hay varios Monreal dentro del movimiento. Ricardo y su familia no son los únicos. Yo también le pondría mucha atención a Adrián Rubalcava, porque en el pasado ha recurrido a la guerra sucia contra sus adversarios, como lo probó en su momento la Comisión Nacional de Seguridad en una investigación de algunos años atrás.

Cierro con esto: El temor de López Obrador a un regreso abrupto de México a la derecha aplica todavía hoy. Las fuerzas progresistas deben estar coincidentes y actuantes. La torpeza de Mario Delgado en el manejo del caso Marx Arriaga no puede repetirse; pareciera que el Secretario es especialista en generar conflictos. Cuidado. Los Julio Scherer Ibarra se van a multiplicar. Espérenlos. Pasos de plomo. Cabeza fría y mucho ojo, porque el plan mayor está apenas en su fase de ensayo.

La presidenta, creo yo, debe pasar de la defensiva a la ofensiva. Eso le faltó a Dilma, a Lula y al PT brasileño. Debe estar consciente de que si deja que se sigan fortaleciendo estos poderes oscuros, cuando quiera hacer algo será demasiado tarde. ¿De qué manera puede actuar ella, dentro del marco de la Ley? Bueno, allí está el reto. Pero de que las televisoras son parte del plan mayor, lo son. De hecho, allí están los nodos de las redes que se tienden para atrapar a la izquierda y para hacerla pedazos a ella, a Claudia Sheinbaum Pardo.

***

Alejandro Páez Varela. Periodista, escritor. Es autor de las novelas Corazón de Kaláshnikov (Alfaguara 2014, Planeta 2008), Música para Perros (Alfaguara 2013), El Reino de las Moscas (Alfaguara 2012) y Oriundo Laredo (Alfaguara 2017). También de los libros de relatos No Incluye Baterías (Cal y Arena 2009) y Paracaídas que no abre (2007). Escribió Presidente en Espera (Planeta 2011) y es coautor de otros libros de periodismo como La Guerra por Juárez (Planeta, 2008), Los Suspirantes 2006 (Planeta 2005) Los Suspirantes 2012 (Planeta 2011), Los Amos de México (2007), Los Intocables (2008) y Los Suspirantes 2018 (Planeta 2017). Fue subdirector editorial de El Universal, subdirector de la revista Día Siete y editor en Reforma y El Economista. Actualmente es director general de SinEmbargo.

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