Opinión

Monte Xénit o la ruina como escenario del poder




julio 16, 2025

El colapso de una barda en un fraccionamiento de la ciudad de Chihuahua exhibe un modelo de desarrollo que privilegia la expansión por encima del cuidado, y una clase política que administra el desastre como campo de batalla electoral.  Y mientras tanto, ¿quién responde ante las familias?

Por Miguel A. Ramírez-López

Chihuahua- La política mexicana no necesita catástrofes para volverse trágica, pero las catástrofes, cuando llegan, le ofrecen el escenario perfecto. El colapso de la barda en el fraccionamiento Monte Xénit no fue sólo un estruendo físico, fue una grieta abierta en el pacto silencioso entre autoridades, desarrolladores y ciudadanos que confían —o fingen confiar— en la solidez de la ciudad que habitan. De los escombros no emergió el polvo del concreto, sino una narrativa en disputa, una batalla por el sentido y la responsabilidad.

El alcalde de Chihuahua, Marco Bonilla intenta replegarse en la institucionalidad, como si el argumento técnico pudiera contener el vendaval político. Se amuralla en cifras, en dictámenes, en declaraciones sobrias. Pero los muros también caen cuando la palabra pierde fuerza, y la suya parece cada vez más defensiva. Morena, en cambio, ha hecho del desastre una plataforma, habla de “cárteles inmobiliarios”, exige renuncias, levanta la bandera de la justicia urbana como si no llevara también el lastre de sus propias omisiones.

Marco Adán Quezada, con voz ahora morenista, apareció para señalar lo que ya sabíamos: que detrás de cada derrumbe urbano hay un expediente político. Sin embargo, su voz arrastra memoria. Fue él quien cargó con el Aeroshow y la mala planeación de El Rejón, tragedias de otro trienio, otro discurso, pero la misma lógica de evasión. El reciclaje de culpables es otro síntoma del desastre nacional. Todos acusan; pocos asumen.

Monte Xénit no es un caso aislado. Es el espejo invertido de muchas ciudades mexicanas donde la planeación urbana cede ante la prisa del capital y el silencio del Estado. Como advierte David Harvey, las ciudades son hoy espacios colonizados por el capital financiero e inmobiliario, y la lógica de urbanización responde más a la especulación que a la justicia social. Henri Lefebvre, desde su concepto del “derecho a la ciudad”, ya había alertado sobre los peligros de una planificación urbana sin ciudadanía. Cuando el espacio se convierte en mercancía, las tragedias devienen inevitables.

En México, autores como Daniel Rodríguez Velázquez y Jorge Alfaro Martínez han documentado cómo los desastres urbanos suelen ser el resultado de decisiones políticas y omisiones técnicas sistemáticas. En el caso de Monte Xénit, la falta de supervisión, el crecimiento desmedido y la presión por urbanizar sin control se alinean con lo que Ulrich Beck describió como “riesgos manufacturados”: amenazas que no provienen de la naturaleza, sino de la modernización sin regulación.

También Teresa Caldeira, en su estudio sobre ciudades latinoamericanas, ha mostrado cómo el urbanismo fragmentado, impulsado por desarrollos cerrados y el abandono del interés público, genera una “ciudad insular”, segmentos urbanos desconectados entre sí, sostenidos por la promesa de exclusividad y seguridad, pero construidos sobre cimientos inestables tanto física como políticamente.

Porque el fondo del asunto no está en la barda, ni siquiera en el fraccionamiento. Está en lo que esta fractura dice del sistema…, un modelo de desarrollo que privilegia la expansión por encima del cuidado, y una clase política que administra el desastre como campo de batalla electoral. Hoy la disputa no es sólo por quién fue responsable, sino por quién sabrá narrar mejor la tragedia.

Y mientras tanto, ¿quién responde ante las familias?, ¿quién se hará cargo de que la próxima barda no caiga?, ¿cuál será el siguiente símbolo de una ciudad que se desmorona no por las inclemencias del tiempo, sino por indiferencia?

Monte Xénit ya no es sólo un fraccionamiento. Es el nombre de un ciclo. De esos que, como en toda buena política mexicana, se repiten con otros nombres, pero el mismo derrumbe.

F∴F∴ Finem Facimus

***

Miguel A. Ramírez-López es escritor, ensayista, docente y reportero. Estudió Arqueología en la Escuela de Antropología e Historia del Norte de México, donde se especializó en temas de mitología, pensamiento mágico y religiones comparadas. Asimismo, trata temas de poder, cultura y sociedad en tiempos del capitalismo de vigilancia/aceleracionismo/antropoceno. Una de sus pasiones estriba en el aprendizaje de idiomas y la traducción literaria. Ha publicado los libros Cuando Los adolescentes… Voces chihuahuenses sobre violencia, valores y esperanza por Umbral A.C. (2012) y HÜZÜN. Cuentos, relatos y garabatos por el Programa Editorial Chihuahua (2024).

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

lo más leído

To Top
Translate »