Con programas de reducción de daños y trabajo directo en calle, la organización Fátima IBP brinda atención a personas usuarias de drogas, personas en situación de calle y otras poblaciones clave, sectores que enfrentan múltiples condiciones de vulnerabilidad frente al VIH y otras infecciones de transmisión sexual
Por Karla Quintana / Raíchali
Chihuahua – Las personas en situación de calle y las personas que se inyectan drogas forman parte de los principales sectores que atiende la organización Fátima IBP en la ciudad de Chihuahua, considerados por la institución como uno de los grupos más desprotegidos frente al VIH y otras infecciones de transmisión sexual.
“Hay un gran contexto alrededor de estas personas, no nada más ante la problemática de salud que están viviendo, sino también económica, ya que en ocasiones se quedan sin empleo, y todavía hay situaciones de discriminación en las empresas al momento de saber que tienen el VIH”, explicó Karla Arellano Ornelas, directora de la organización.

Fátima IBP trabaja con lo que denomina “población clave”, que incluye a personas en situación de calle, personas usuarias de drogas inyectables, trabajadoras sexuales y la comunidad LGBTQ+, en un rango de edad de 18 a 65 años. De acuerdo con Arellano, Chihuahua se encuentra actualmente en el sexto lugar a nivel nacional en casos de VIH y en los primeros lugares en hepatitis C.
Uno de los programas centrales de la organización es el de reducción de daños, el cual se realiza una vez a la semana mediante recorridos de campo. El objetivo es concientizar a las personas que consumen drogas inyectables sobre la importancia de no compartir jeringas, además de disminuir riesgos a la salud y al entorno.
Durante estos recorridos se entregan kits de reducción de daños, que incluyen jeringas nuevas y toallitas alcoholadas, a cambio de jeringas usadas, con la finalidad de evitar que estos objetos queden tirados en la vía pública y, al mismo tiempo, identificar necesidades específicas de las personas atendidas.
“Las personas usuarias de drogas son las más desprotegidas que yo creo que difícilmente alguna institución gubernamental va acudir hasta donde estén”, mencionó Arellano.
Además del acompañamiento en salud, la organización brinda información sobre derechos laborales y confidencialidad del diagnóstico. “Una de las funciones como organización es para que ellos se hagan visibles y sepan a qué tienen derecho, y el hecho de mantener su diagnóstico en secreto para ellos, es un derecho que tienen las personas. Entonces también es como esta parte informativa y que ellos estén conscientes de la situación”, señaló.
Aunque Arellano reconoció avances en el ámbito médico, subrayó que persisten retos relacionados con el estigma y la violencia. “Han habido avances en la parte médica y si podemos tener como grandes avances, pero en la parte de la violencia, la discriminación, el estigma, yo creo que nos falta todavía muchísimo porque al final las personas seguimos con las mismos retos en la cuestión de sentir la empatía, por los demás”, comentó.
La directora también señaló las dificultades para establecer vínculos con instituciones gubernamentales. “Las organizaciones siempre estamos dispuestas a trabajar en conjunto con las instituciones, sin embargo, a veces pues falta voluntad política, ahí en ocasiones las instituciones pueden ser cerradas a trabajar ciertos temas para Fátima es bien complicado por los temas que nosotros manejamos”, explicó.
En cuanto a los servicios de detección, la organización utiliza pruebas rápidas de cuarta generación, las cuales obtiene a través de un laboratorio de la Ciudad de México. De acuerdo con Arellano, estas pruebas permiten reducir el periodo de ventana en comparación con las pruebas de tercera generación que se utilizan en el sector salud, lo que genera mayor confianza entre las personas que acuden a la organización, además de evitar el estigma asociado a la atención institucional.
El año pasado la organización estuvo a punto de cerrar sus puertas por falta de recursos. “Veíamos que la necesidad sigue ahí, sigue habiendo casos de VIH, las personas más afectadas, las juventudes, entonces son problemáticas que no podemos dejar a un lado y tristemente no ha habido vinculación con instituciones de gobierno, instituciones formales que quieran unirse a trabajar con nosotros la causa”, indicó.

Fátima IBP tiene 27 años de trabajo en la ciudad de Chihuahua y surgió en la década de los noventa, en un contexto de desinformación sobre el VIH. La organización fue fundada por Luisa Camberos y Emma Saldaña, quienes conocieron a una persona en una situación delicada de salud y abandono.
Al acompañarla a un hospital, se encontraron con una realidad más amplia: no se trataba de un solo caso, sino de varias personas que vivían con VIH en condiciones de abandono. La institución adoptó el nombre de Fátima en honor a su primera beneficiaria.
Fátima era una mujer transgénero que se dedicaba al trabajo sexual. Gracias a su tratamiento, mejoró su calidad de vida y posteriormente llegó a trabajar directamente en la organización. Falleció hace tres años.
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Este trabajo fue publicado originalmente en Raíchali que forma parte de Territorial Alianza de Medios. Aquí puedes consultar su publicación.





