Si queremos vivir en comunidades seguras, no vendrá la guardia nacional o policías municipales o estatales… La seguridad la podemos construir haciendo comunidad en la calle… Nadie lo va a hacer por mí, ni por ti. Tú, yo, quién esta a un lado, somos quienes tenemos que cuidar de la ciudad
Por Hernán Ortiz
Mi padre siempre fue un emprendedor, pero no era bueno para los negocios. Por eso terminó con nada. También fue bueno como jefe, fue gerente de RadioNet, el ElectriQ y director de Parques y Jardines en la administración de Héctor Murguía Lardizabal. Cuando trabajo para el gobierno, mi madre nos tenía prohibido hablar de política en la casa. Cumplimos. No era un gran gestor, sus subordinados le decían el Nono, porque siempre que le pedían algo decía en voz rápido y tono despectivo no, no, no. ¿Honesto? Bueno, llego al gobierno con nada y salió con nada. Pero nunca me habló claramente de lo que fue testigo. Cuando hablábamos de corrupción siempre terminaba diciendo “si lo sabré yo”.
El caso es que, como emprendedor, puso un par de negocios que nos sostuvieron por bastante tiempo. El Huarache Grill y el Taco Grill. Trabajábamos toda la familia ahí, tal vez yo menos que el resto. Lo que quiero compartir son dos anécdotas que me dejaron interesantes lecciones en el Taco Grill.
El Taco, estaba ubicado en la esquina de las avenidas de la Américas y Hermanos Escobar, justo a un lado de un campanario sin campana, a un lado de una estética llamada Garbo. Para montar el negocio, aprovechamos un viaje que hice a la Ciudad de México para buscar un taquero que supiera trabajar los tacos al pastor, que los sirviera directamente del tronco y cortara el pedazo de piña haciéndolo volar para agarrarlo con el taco. En aquel entonces eso no se hacía en Juárez. Y sí, contacté a uno que quiso venir a trabajar a Juárez. Le ofrecimos un sueldo superior al que tenía en CDMX y un muy pequeño departamento para vivir. Aprendí entre muchas cosas que el color de los tacos al pastor se debe principalmente al colorante amarillo-naranja.
Otra de las cosas que me dejo aprendizaje fue que mi padre era capaz de hacer lo que fuera incluso sin saber… como cuando fue directo de Parques y Jardines, ¡en mi vida lo vi regar una planta! Cuando empezó a armar el Taco Grill mando a hacer con un herrero una base de metal donde poner el trompo de carne que sería cocinado por cuatro tubos verticales, con cortes horizontales que pretendían ser quemadores. Cosa que no sé si probaron, pero cuando llegó el taquero les dijo que eso no serviría, que se necesitaban piedras radiantes. Hasta ese día nunca había usado un calentador con piedras radiantes, así que no sabía a qué se refería. Creo que mi padre tampoco, pero como teníamos que abrir, decidieron hacer los tacos al carbón el cual se colocó donde deberían estar los quemadores. Eran tacos al pastor, pero al carbón. Fueron un éxito, tanto que prácticamente esos tacos pagaron mi universidad.
Pero lo que quiero compartir son dos historias que hasta el día de hoy me tienen pensando.
La primera es que entre los tantos taqueros que pasaron por el Taco, uno de ellos era un desertor del ejército.
En aquel entonces, tal vez en el cambio de década de ochentas a noventas, siendo aun joven, sentía cierta fascinación por el crimen organizado. No admiración, pero entre los jóvenes se escuchaban las historias del Greñas y Rafael Aguilar. El primero murió este año después de haber estado operando un estacionamiento a un lado del Hospital de la Mujer, en una propiedad que logró rescatar después de haber estado preso, el segundo creo que fue asesinado en Cancún.
Charlando con el taquero desertor, sobre el poder que tenían los narcos en la ciudad, él se enojaba. Decía que el día que quisiera el Ejército acabar con el narco lo hacía, que tenía armas, soldados, entrenamiento y la capacidad total de acabar con el “narco”. No sé dónde surgió esa idea de llamar a los criminales “el narco”, bueno ahora les dicen “la maña”, como si dejar de identificarlos como personas y llamarles como un concepto abstracto eliminara y ampliara su presencia a la vez. No mencionas quién es sicario o extorsionador, pero en muchas ciudades del país, presupuestas el porcentaje de pago de extorción si quieres poner un negocio. “La maña”, ahora es cómo un fantasma que todos saben que existe, pero el gobierno no puede o quiere combatir.
El desertor aseguraba que el ejército podía contra el crimen organizado. Hoy en día, no sé si mentía o decía verdad, tal vez en su momento sí era verdad, ¿lo será hoy? Si el ejército puede acabar con los criminales, ¿por qué no lo hace? ¿Será una cuestión de legalidad o capacidad? Pienso en el culiacanazo, en Michoacán y en la Sierra de Chihuahua, en el Centro de Juárez. No parece la autoridad tener algo de, valga la redundancia autoridad en la región.
¿Vale la pena una guerra interna por el control del territorio? Ya Calderón demostró que en una supuesta guerra así, los civiles tenemos mucha sangre que derramar. ¿Qué hacer? ¿Para qué sirve nuestro ejército? Sin duda, para asistir en desastres, pero, ¿para qué más?
En la aduana han mostrado ser corruptos, en el INM, murieron 40 personas bajo su custodia. ¿Es el ejército la mejor alternativa?
Hasta la fecha pienso al respecto.
La otra historia sucedió un frío diciembre, en aquel entonces usábamos sodas en envases de cristal que venían en rejas de 24. Cuando se quedaban a la intemperie, se congelaba el líquido, se expandía y reventaba los envases.
Estábamos apenas abriendo cuando un día llegó un hombre, ahora cálculo de algunos 35 años. Llevaba una camisa satinada entre rosa y salmón. Sin sweater ni chamarra, lo cual era sorprendente dadas las muy bajas temperaturas. Para proteger del frío el interior de su cuerpo tenía un improvisado cubrebocas de mezclilla y tapones, también de mezclilla, que tapaban sus oídos y fosas nasales.
Llegó y preguntó por el precio de los tacos. No recuerdo cuánto costaban, pero él buscó en sus bolsillos, contó unas monedas y se disponía a irse, cuando le pedí al taquero que le diera una orden. El hombre de la camisa satinada me dijo que no le alcanzaba, respondí que no tenía que pagarlos. Entonces empezó a hablar conmigo.
Me dijo que venía de hacer un trámite en el Consulado, era cuando éste se ubicaba en la Avenida López Mateos. En su discurso, insultó la burocracia y a los gringos y luego me dio una de las más grandes lecciones de mi vida.
Nunca esperes que alguien haga algo por ti, si te interesa hazlo tú, decía. Si te gusta una chica, ve y háblale; si quieres comprar algo, ahorra y cómpralo; tienes dudas, investiga. Entiende nadie va a hacer por ti lo que tú necesitas.
Solamente le decía que sí y me sentía un poco incómodo. Cuando el taquero le dio los tacos, respiré un poco aliviado y vi como les puso una muy generosa cantidad de salsa roja. En mi vida probé esa salsa pues soy poco tolerante para el picante y estaba elaborada de puro chile rojo, a veces creo que más que sabor solo daba el picor a la comida.
Tomó el plato de papel con sus tacos rebosados en salsa roja y se fue. Después de unos minutos, regresó, y en el mueble donde estaba la caja registradora puso un pan. Murmuró algo y lo señaló. Entendí que era para mí. Lo tomé y lo mordí, el sabor era dulce, pero con un picor intenso que le daba la salsa embarrada por los dedos del hombre de la camisa satinada. Toleré el sabor, más porque era el fruto de un intercambio, lo alimenté y él a mí, nada nos debíamos.
Lo que nunca podré pagarle fue la imagen de la persona que aun teniendo todo en contra es capaz de levantarse y buscar lo que necesita o quiere.
Hoy es una gran lección. Hoy que son eternos los tiempos electorales y la publicidad financiada quién sabe por quién nos quiere vender la idea de que cada candidato o candidata es la mejor opción. Hoy vale la pena recordar al hombre de camisa satinada y entender que nadie va a hacer nada por mí.
Nadie va a venir a rescatarnos, nadie lo va a hacer por voluntad propia. Menos cuando tiene compromisos por quién le haya pagado las campañas.
Si queremos vivir en comunidades seguras, no vendrá la guardia nacional o policías municipales o estatales, ¡ja! Ni la maña. La seguridad la podemos construir haciendo comunidad en la calle. Si queremos una ciudad bien administrada, no hay político que le interese, solo si se les vigila, señala públicamente y se les marca agenda es que podemos cuidar que los recursos públicos se usen adecuadamente.
Nadie lo va a hacer por mí, ni por ti. Tú, yo, quién esta a un lado, somos quienes tenemos que cuidar de la ciudad. Los políticos vienen y se van, los empresarios sin escrúpulos (legales e ilegales), solo explotan los recursos del territorio y también se van.
Mirémonos a los ojos y reconozcamos que solo la comunidad se queda y solo la comunidad sabrá construirse para que en Juárez tengamos una vida digna para todas y todos.



