Opinión

Las oportunidades de la Presidenta. Notas.




enero 19, 2026

“Los gringos van a querer meter la mano en México siempre. Son un imperio colonial, el más abusivo y tóxico de nuestros días”.

Por Alejandro Páez Varela

Nota uno
Sálgase de las redes sociales, sobre todo de X, el Disneylandia de la derecha. Enfríese. Aunque pueda resultarle complicado. El genocidio en Gaza; los ataques raciales en Estados Unidos contra nuestros compatriotas y contra otras minorías; el secuestro de un Presidente, Nicolás Maduro, en franca violación del Derecho Internacional; y las constantes amenazas contra naciones soberanas por parte de una potencia arrogante y descarada, no permiten bajar la temperatura de la sangre y se entiende. Haga un esfuerzo, porque intento servirle una pregunta que se responde mejor en frío:

Ha pasado un año desde que Donald Trump llegó al poder. Hemos analizado en colectivo y en lo individual quién es este tipo y qué quiere su administración. Las conclusiones pueden variar por el carácter voluble del personaje en la Casa Blanca pero, ¿es posible sacar provecho a la presión que ejerce sobre México?

Déjeme darle un par de datos de entrada. Este primero es fundamental, por los meses que vienen. México se consolidó como el principal socio comercial de Estados Unidos con Claudia Sheinbaum aunque tomó rumbo inequívoco desde agosto de 2020, con Andrés Manuel López Obrador. Somos la envidia de China y Canadá, que quedan en segundo y tercer lugares. Y la tendencia es ir a más. Les vendimos 447 mil millones de dólares en 10 meses de 2025. Nos vendieron también mucho. Los 48 mil millones de dólares que enviamos en octubre de 2025 son históricos y cerraremos seguramente con cifras nunca antes pensadas.

Un segundo dato viene del mercado de las drogas. Las muertes en Estados Unidos cayeron el año pasado a la par que México aumentó el decomiso de estupefacientes, de fentanilo hasta mariguana. Guardia Nacional, Ejército, Marina, Secretaría de Seguridad: todos los cuerpos que componen el Gabinete de Seguridad, y que participan directamente en esta costosa ofensiva contra los criminales, pueden ofrecer resultados históricos. Las incautaciones y los arrestos de este lado de la frontera se han disparado a pesar de que Estados Unidos sigue alimentando con armas a los cárteles, y a pesar de que la Presidenta no puede descuidar el frente doméstico. Porque acá también se libra una guerra de gran detalle para detener los delitos. ¿Resultados? El mejor de todos está en homicidio doloso, que retrocedió 40 por ciento en un año y debemos comparar el dato con los decomisos de fentanilo en Estados Unidos: según CBP y Patrulla Fronteriza, el año pasado cayeron 52 por ciento los cruces de esta droga. En una palabra: wow.

Aún así, el Departamento de Estado difundió la semana pasada un comunicado donde dice que “es inaceptable” el “gradualismo” de México en su lucha contra los cárteles. El tono es muy malagradecido porque miles de mexicanos de bien, soldados y policías, han muerto en la guerra de Washington contra los estupefacientes; porque Estados Unidos no frena las armas que se venden para el crimen organizado en México; porque rara vez muestran resultados de su trabajo contra los financieros del crimen que habitan Wall Street, y porque los resultados los conocen tan bien en el norte como en nuestro territorio.

Dicho lo anterior, concluyo que conocen bien el esfuerzo y no van a premiarlo. Al contrario: quieren que México dé más. Por eso presionan. Quieren que México no mande un solo carrujo de mota, una sola grapa, una sola gota de fentanilo o una sola pastilla de metanfetamina.

Nota dos
Estados Unidos va a querer meter cada vez más la mano en México. Así lo ha querido hacer desde siempre y desde siempre hemos hecho todo para contener la pulsión. El asunto es que ahora creen tener más justificación que nunca porque hicieron una asociación macro con nosotros, incluso por encima de todos sus otros socios históricos.

Nunca jamás lo van a reconocer, pero somos sus asociados más cercanos en este momento y no sólo por los flujos de mercaderías, sino por nuestra participación porcentual en su propia población; porque somos resilentes y confiables; porque navegamos sus cambios de humor, del hipócrita de Barack Obama al inestable señor Trump; porque hacemos lo que ellos dejaron de hacer, desde la limpieza de patios hasta tareas de cocina, pasando por ensamblados de alta especialización o la producción de piezas de alta tecnología. La idea generalizada que tienen en ciertos estratos sociales estadunidenses de que hacemos jorongos y sombreros –o somos la viejita de Coco– nos permitió, en silencio, especializarnos a tal nivel que nos necesitan para poner un cohete en la Luna o para la pieza más sensible de un sistema de escucha. Así. Les llenamos la alacena y el refri con productos de alta calidad y se los cocinamos en sus propias casas. Imagínense.

Y la mayoría de los mexicanos no somos confiados porque los conocemos. No cerramos los ojos porque los hemos visto cometer atrocidades por todo el planeta, y nosotros, por razones históricas, somos solidarios con los otros (salvo los panistas), no con los gringos. Pero además no queremos los beneficios de ser “sus primos”, como los canadienses; no nos financian un sofisticado sistema de seguridad, como a los europeos; no tenemos ojos azules ni somos güeros como a ellos les gustaría, pero somos México, confiables, trabajadores, honestos, orgullosos, y tan distantes como sea necesario y tan cercanos a ellos como sea sabio.

Hay varios ejemplos de naciones que se han desarrollado en condiciones parecidas. Japón es una de ellas. La Segunda Guerra Mundial terminó para los japoneses cuando los yanquis les lanzaron dos bombas nucleares, pero a partir de allí, de esas cenizas, vino el “Milagro Económico”. Primero, la reconstrucción; luego una ola de reformas profundas, inversión intensa, fortalecimiento de las exportaciones y el desarrollo de dos sectores: la electrónica y los automóviles. Llegó su etapa de crecimiento abrumador, que promedió 10 por ciento entre 1960 y 1980, y luego la consolidación como potencia económica.

Se parece mucho al caso mexicano. Nosotros padecimos una bomba nuclear en dosis pequeñas y en un periodo prolongado. Eso fue el PRI, y eso repitió el PAN apenas tuvo oportunidad. Pero esos gobiernos satisfacían a Estados Unidos y se mantuvieron. Luego vino 2018 y lo que López Obrador aportó a la relación bilateral fue dejar claro que si México se mueve hacia la izquierda no se vuelve loco; no empieza a comer niños y a bombardear sus propias poblaciones. Somos de fiar, punto.

Dada la vecindad con la potencia colonial y nuestras propias características; dado que venimos de dos guerras internas, Independencia y Revolución, necesitamos nuestro propio modelo de desarrollo, pero somos de fiar. El sentido que le dio AMLO a esas ideas fue más profundo del que la derecha (sus medios, sus intelectuales, sus políticos y sus empresarios) van a reconocer. El PRI y el PAN sólo propusieron entregarse a Estados Unidos. Eso fue el neoliberalismo. Pusieron la soberanía en riesgo y nuestra viabilidad como Nación independiente también.

En cambio, la dupla Sheinbaum-AMLO ha mostrado que podemos crecer al ritmo que exige la relación.

Nota tres
Ahora sí. Sálgase de las redes sociales, sobre todo de X. Enfríese para que acepte esta pregunta sin la sangre caliente y con la cabeza bien fría: ¿es posible sacar provecho a la presión que ejerce Estados Unidos sobre México?

De entrada, le responderé con una afirmación: le estamos sacando provecho YA. Ahora mismo. La baja del 40 por ciento en el homicidio responde a la emergencia doméstica de acabar con la tragedia que desató Felipe Calderón, pero la exigencia de Washington ha metido presión para que aceleremos la estrategia. Piense como los gringos por un instante: somos sus socios comerciales más poderosos y ahora quieren que esos socios sean estables. El crimen organizado nos hace inestables. La narcopolítica (que afecta a todos los partidos) nos hace inestables. Los homicidios, las matanzas, la extorsión, el robo de autotransporte nos hacen inestables en una Nación que es una tremenda máquina exportadora. Las organizaciones criminales y los capos deben desaparecer. Punto. Por las buenas y por las malas.

Los gringos van a querer meter la mano en México siempre. Son un imperio colonial, el más abusivo y tóxico de nuestros días. Lo que podemos hacer nosotros es orientar hacia dónde queremos que se metan.

La presión contra los cárteles no está mal, siempre y cuando respete nuestra soberanía. Basta de cárteles y de violencia. De verdad basta. Pero ese hartazgo no debe dar pie a que los gringos violen nuestro territorio. La semana pasada escribí lo siguiente, sin saber que Claudia Sheinbaum y Trump se hablarían unas horas después: “La Presidenta puede hacer más para evitar que pase. Sé que está haciendo mucho contra la violencia, pero debe ser más espectacular cuando se trata de los cárteles, por ejemplo”.

Hace una semana agregué: “Lo que no tengo claro es si realmente [la Presidenta] quiere mostrar que no tolera a los políticos corruptos e ineficientes. Y deberían ser una prioridad. Aunque la derecha ya usó aquí lo de ‘un peligro para México’, ya vio que sigue funcionando: lo volverá a usar. Quiere convencer a los ciudadanos de que la izquierda es corrupta, inepta y se vincula con el narco. Quiere que la gente crea que por culpa de la izquierda nos atacará Trump. Quiere que México tenga miedo, porque esa es la única manera posible de volver al poder. La Presidenta sabe dónde está su criptonita y la criptonita de su movimiento. Mal haría en mantenerla cerca”.

La anterior cita es de mi texto “Qué debilita a la Presidenta. Notas”. Y tiene aún más sentido una semana después.

Claudia Sheinbaum es una mujer inteligente y está aprendiendo a orientar la presión de Washington. Serenidad y paciencia no implican dormir y esperar a ver qué pasa. Todo lo contrario: se trata de orientar el flujo de la furia estadounidense hacia donde se requiere tal fuerza. Los mexicanos NO queremos yanquis metidos en política interna, pero se agradece que nos apoyen en economía y seguridad. NO queremos que invadan nuestro territorio ni con satélites o drones, pero sí queremos que nos proporcionen trabajo de inteligencia para ubicar a los malos e ir por ellos: ahora mismo hay cientos de príncipes del narcotráfico detenidos y aportado información allá, y claro que Estados Unidos sabe qué pasa acá, a nivel detalle.

Los estadounidenses nunca le han sugerido a la Presidenta ir por tal o cual político, según dijo esta semana. Espero que nunca lo hagan. Mejor, creo, insisto, ella debería iniciar un proceso de contención y limpia en la política mexicana aprovechando que Washington está exigiendo resultados.

Creo que el fraseo inaceptable de “los narcos gobiernan México” se refiere a que hay personajes en altas esferas vinculados a distintos crímenes que deberían ser purgados. Pero el gradualismo no ayuda porque, en efecto, entre más te tardas, más pudren su entorno.

¿Es posible sacar provecho a la presión que ejerce Washington sobre México? Por supuesto que sí. Y si la Presidenta logra sacarle provecho acelerará la transformación de México a ritmos que, en efecto, harán historia.

***

Alejandro Páez Varela. Periodista, escritor. Es autor de las novelas Corazón de Kaláshnikov (Alfaguara 2014, Planeta 2008), Música para Perros (Alfaguara 2013), El Reino de las Moscas (Alfaguara 2012) y Oriundo Laredo (Alfaguara 2017). También de los libros de relatos No Incluye Baterías (Cal y Arena 2009) y Paracaídas que no abre (2007). Escribió Presidente en Espera (Planeta 2011) y es coautor de otros libros de periodismo como La Guerra por Juárez (Planeta, 2008), Los Suspirantes 2006 (Planeta 2005) Los Suspirantes 2012 (Planeta 2011), Los Amos de México (2007), Los Intocables (2008) y Los Suspirantes 2018 (Planeta 2017). Fue subdirector editorial de El Universal, subdirector de la revista Día Siete y editor en Reforma y El Economista. Actualmente es director general de SinEmbargo.

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