Elecciones

Juárez, el desafío por gobernar

Panorámica de Ciudad Juárez desde el poniente /Foto Alicia Fernández
Siete candidatos se disputan el gobierno de este municipio fragmentado en lo territorial y social, que carga con grandes rezagos urbanos, una deuda pública que agobia sus finanzas, un nuevo repunte de la violencia y el olvido oficial

 

Foto en la gráfica: Alejandro Sánchez

Rocío Gallegos
La Verdad
Ciudad Juárez– Juárez se encuentra en el centro de una contienda que siete candidatos –algunos en alianzas políticas o desde la independencia– sostienen en busca de encabezar el gobierno de este municipio por los próximos tres años.
El desafío para el que resulte el elegido este 1 de julio como presidente del municipio con más población en el estado de Chihuahua es enorme: enfrentar los rezagos urbanos y de servicios heredados, el nuevo repunte de la violencia, así como el combate a la corrupción, desde una administración con un presupuesto mermado por su deuda pública.
Para darse cuenta de los retos que tendrá el próximo alcalde basta con recorrer las calles, revisar las finanzas públicas y hojear los documentos elaborados por organismos de planeación, como la Radiografía Socioeconómica de Ciudad Juárez, Así Comenzó el 2018, elaborada por el Instituto Municipal Investigación y Planeación (IMIP) y Así Estamos Juárez 2018, del Plan Estratégico, donde se expone el estado actual de la ciudad, que en las últimas cuatro décadas ha sido gobernada por el PRI, el PAN y por un independiente.

Vehículos en circulación por la avenida Tecnológico/ Foto; Alejandro Sánchez

Tres de los siete aspirantes ya gobernaron Juárez y se toparon con ese panorama: Ramón Galindo Noriega, candidato de ‘Por Chihuahua al Frente’ (PAN-MC), estuvo al frente de la administración 1995-1998; Javier González Mocken, de ‘Juntos Haremos Historia’ (Morena-PES-PT), quien entró al relevo del último año de la gestión de Enrique Serrano, entre 2015 y 2016; así como Armando Cabada Alvídrez, independiente 2016-2018, quien busca su reelección inmediata.
A esta disputa se sumaron dos mujeres que buscan la experiencia de administrar una localidad como Juárez: Adriana Terrazas Porras, del PRI y Josefina Leticia Díaz, de Nueva Alianza. Además, están también Jesús Rodrigo Villa Rivera, del PVEM y José Luis Barrios García, del PRD.

Promesas por 35 días entre rezago y carencias

Como en otros tiempos electorales, los actuales candidatos por la presidencia municipal de Juárez se movilizaron por la localidad en busca del voto, lo hicieron durante 35 días por zonas donde abundan los contrastes, los rezagos urbanos y de servicio, como calles sin pavimento e insuficiente alumbrado público, carencia de agua, casas en el abandono, la violencia, la pobreza, el abandono y hartazgo ciudadano.
En su camino encararon reclamos del olvido oficial, que también hace sus estragos: mantiene frenados o a medias la construcción de dos hospitales, una de cancerología y otro de especialidades, el rescate del Centro Histórico y un proyecto de control pluvial contra inundaciones, así como la atención a la red de drenaje, que en época de lluvia convierte las calles en zonas de alto riesgo.
Los principales problemas que aquejan a los juarenses son: inseguridad, violencia, calles, pavimentación, alumbrado público, corrupción, drogadicción y servicios básicos, entre otros, de acuerdo con la Encuesta de Percepción Ciudadana 2017, del Plan Estratégico.

Al caer la noche las familias se alumbran con luz que jalan de la red general de electricidad, con diablitos, son casas abandonadas invadidas en el suroriente /Foto: Alicia Fernández

Frente a este panorama, todos los candidatos externan que conocen bien el municipio y sus necesidades pero esto no se traduce en propuestas que atiendan de fondo las demandas ciudadanas, gestadas entre la marcada desigualdad social y económica, la inseguridad y los rezagos urbanos. Ni los que ya gobernaron este municipio se salvan de eso. Sólo enuncian iniciativas sin mencionar cómo las van a concretar.
Tan sólo en el último año, el gasto del gobierno municipal por habitante (egreso per cápita) cayó de mil 814 a mil 684 pesos, esto luego de tener un aumento entre el 2013 y el 2016, de acuerdo con estimaciones del IMIP.
Además, el presupuesto de egresos se ve impactado por la deuda pública que de acuerdo con el Sistema de Alertas de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Juárez tiene adeudos por un 66.6 por ciento de los ingresos que recibe.
Sus “obligaciones a corto plazo y proveedores y contratistas sobre ingresos totales” están bajo alerta amarilla con un 18.9 por ciento, cuando lo “sostenible” en este renglón es deber menos de un 15 por ciento, se establece en la Radiografía elaborada por el IMIP.
Y una alerta roja o en nivel de “endeudamiento elevado” se encuentra el renglón de “servicio de la deuda y obligaciones como proporción de sus ingresos de libre disposición” –como comisiones o intereses por los créditos– y que son de un 10.2 por ciento, cuando lo sostenible es pagar menos de 5 por ciento.
Con datos a enero del 2018, la deuda del municipio asciende a más de 2 mil 165 millones de pesos, de acuerdo a información oficial disponible en la página de transparencia del gobierno de Juárez, con base en reportes de la SHCP.

Los contrastes, los retos

Juárez es un territorio de contrastes y esto se percibe en las condiciones de sus sectores e incluso entre las zonas de estos mismos, que a lo largo de los años se expandieron sin control urbano –como lo ha documentado el IMIP– dando como resultado una ciudad fragmentada tanto en lo territorial como en lo social.

Foto: Alicia Fernández

El poniente y norponiente está dominado por colonias populares asentadas por barrancos y escurrimientos de agua en temporadas de lluvia, entre calles de tierra y sin nomenclatura, en diques, con insuficientes espacios educativos, áreas verdes y alumbrado público. Ahí está asentado el centro histórico de la ciudad que lleva casi cinco lustros en planes de remodelación, sin que puedan concretarse.
Por su ubicación, el norte de este sector ha sido utilizado para el cruce de indocumentados y de drogas hacia Estados Unidos, por lo que además tradicionalmente ha sido un foco de inseguridad, asiento de picaderos y de pandillas.
Aquí se conoce la miseria y el hambre. Mucha de su población, sobre todo en colonias a las faldas de la Sierra de Juárez, ha dejado de comer o malcome y lo peor es que entre ellos hay niñas, niños y jóvenes, de acuerdo con datos oficiales de Sedesol y del Inegi.

Foto: Alicia Fernández

En el centro geográfico y oriente del municipio convergen los fraccionamientos de más alta plusvalía con zonas habitacionales de clase media y algunos otros donde domina el abandono, los grandes rezagos y la pobreza.
La desigualdad de clases sociales es muy marcada. Además es identificada como una zona donde se ha construido el mayor número de fraccionamientos cerrados y donde se concentra la mayoría de las colonias que en los últimos años optaron por cerrar sus calles para limitar el tránsito a personas ajenas al lugar, alegando cuestiones de seguridad, así se expone en estudios del IMIP y datos del Inegi.
Este territorio se distingue también porque entre sus habitantes no hay sentido de comunidad. Esa condición de encierro y de separación social, coinciden analistas sociales, ha minado su sentido de pertenencia y en la mayoría de los ciudadanos que ahí convergen domina la preocupación por sus propios intereses, por su casa, su fraccionamiento.
El contraste domina incluso el mismo rumbo.
La demarcación del surponiente de la ciudad dominan los rezagos urbanos, la miseria y el abandono oficial. Aquí predomina el nivel de bienestar bajo y muy bajo, incluso de pobreza extrema; aunque hay pequeñas zonas con un nivel socioeconómico medio, principalmente en fraccionamientos que se construyeron recientemente con viviendas de interés social.
Predominan las viviendas de autoconstrucción sobre el antiguo basurero, barrancos, pendientes. Una buena cantidad de arroyos naturales cruzan por el sector y es ahí donde se han construido más diques para tratar de contener la fuerza de los escurrimientos de aguas de lluvia que bajan desde la Sierra de Juárez, aunque la mayoría de ellos están en mal estado o han sido invadidos por colonos, de esto dan cuenta los planes de desarrollo elaborados por el IMIP, edición 2010 y 2016.

Fabricación de ladrillos en la colonia México 68 /Foto:Rocío Gallegos

Otro problema que padecen sus habitantes es el ambiental por la concentración de ladrilleras. Además es un sitio donde imperan los vendedores callejeros de automóviles y los mercados populares.
El sur de Juárez se erigió como la zona de mayor crecimiento industrial y de desarrollo de viviendas en los últimos años. Bajo gobiernos priístas y panistas se crearon colonias populares y de interés social, alrededor de grandes naves maquiladoras que se asentaron en tierras con vocación agrícola.

Casas abandonadas en el suroriente de la ciudad / Foto: Alicia Fernández

Esta expansión urbana se dio por encima de planes de desarrollo, lo que generó que la zona creciera sin garantizar a sus habitantes movilidad (transporte público), espacios educativos, recreativos y culturales; incluso, bajo el riesgo porque cientos de viviendas se empezaron a derrumbar porque se construyeron en una zona inundable.
Esa situación, aunado al grave problema de inseguridad en ese sector, obligó a cientos de familias a abandonar sus hogares poniendo en riesgo su patrimonio y anhelo de mejorar sus condiciones de vida, lo que se tradujo en cientos de casas solas, semidestruidas algunas, y abandonadas.

gallegoslaverdad@gmail.com

 

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