Opinión

Mujeres que luchan: la política y lo político

Ciudad Juárez tiene rostro de mujer

Elsa Patricia Hernández
Catedrática y periodista

Permítanme compartirles una imagen: Giulia Colaizzi (1990), feminista italiana, retoma una metáfora del texto de Italo Calvino, Le Cittá Invisibili, que ya antes había utilizado Teresa de Lauretis (1984) para explicar la situación de inclusión/exclusión de las mujeres en las sociedades patriarcales. En el texto en cuestión Italo Calvino narra cómo se fundó la ciudad de Zobeide: Una noche, unos hombres tuvieron un sueño sobre una mujer de cabellos largos que corría desnuda por una ciudad, a la que ellos sólo veían desde atrás, y a la que siguieron, sin poder alcanzar. Al despertar, decidieron construir una ciudad con calles semejantes a las que recorrieron en su búsqueda de la mujer, pero de tal forma que si aparecía, no volviera a escapar. Estos hombres vivieron desde entonces en Zobeide, olvidando la existencia de la mujer de sus sueños.
Con su rostro desconocido, dice Collaizzi, ella permanece como criatura de los sueños: buscada, esperada, deseada, y sin embargo en ningún lugar, invisible, inalcanzable, pura representación producida como texto y como fantásmico objeto de deseo. Pensar a Ciudad Juárez desde esta metáfora, me permite reflexionar sobre el actual contexto social en el que las mujeres y sus luchas siguen siendo sistemáticamente invisibilizadas; por lo que recuperar sus acciones y su impronta en la vida política de la ciudad es una tarea práctica, no utópica. Se trata de entender la relevancia de la recuperación de su quehacer político frente a una idea que nos conduce a las mujeres al abandono de la política.
Por eso una de las tareas urgentes para nosotras, es ser sensibles a los significados simbólicos, así como a las consecuencias prácticas de cualquier acción que tomemos en tanto que sujetos condicionados por el género en una sociedad machista. También debemos, quienes nos interesamos por los estudios de género, proporcionar recursos conceptuales para identificar y evaluar las variedades de resistencia y de lucha en que las mujeres se han comprometido. Desde esta perspectiva feminista, se trata de tomar en serio la experiencia moral de las mujeres aunque no de forma acrítica. Empezaría por decir que los hombres y las mujeres actuales raramente están situados de forma semejante; y las mujeres, e incluso las feministas no constituyen grupos homogéneos. Y aunque para muchos esto suene a lugar común, es una buena base para pensar lo político, la política y la democracia. Yo quiero proponerles a los lectores y a las lectoras de este espacio, que nos preguntemos si es posible hacer política de una manera distinta, donde se explore la potencialidad de la sociedad civil a partir de la inserción de quienes la conforman en diferentes movimientos y luchas, contra las manifestaciones de subordinación y explotación del sistema mundial capitalista patriarcal, que tienen su manifestación más concreta en el plano local. Posibilidad que como se observa, aún no se ha agotado porque ni siquiera ha sido desarrollada en toda su potencialidad y en donde habría que dilucidar si es que los ciudadanos y las ciudadanas estamos optando por un tipo de democracia de élite que pasa por, y se agota en las instituciones electorales, que no conceden espacio para la autoorganización y que niegan el debate en torno a los problemas locales. Los desafíos que nos planteamos respecto al mundo, inician, creo yo, desafiando lo que de orden hay en nuestras propias vidas, y ésta es una posición que las teorías feministas promueven. Como ya observaba Carole Pateman (1995), en la actualidad buena parte del debate teórico político académico gira en torno a los límites y concepciones del liberalismo, contexto de discusión en el que cobra especial relevancia la aportación teórica-crítica feminista, en la medida en que se plantea la necesidad de la plena y efectiva incorporación de las mujeres al espacio público-político de la ciudadanía y la democracia.
Cuando pienso en el desafío de la democracia, me pregunto ¿cómo procesar la participación y la agenda de las mujeres? María Luisa Tarrés, estudiosa del tema, explica que las condiciones de subordinación de las mujeres producen al menos dos respuestas que han sido detectadas por diversas investigaciones: que las mujeres individualizadas crean espacios de interacción alternativos y paralelos a los que ofrece el sistema político, no porque lo consideren un adversario, sino simplemente porque no las reconoce o sus instituciones no satisfacen las necesidades propias de su género por no considerarlas políticas o simplemente por no reconocerlas; y dos, que en el polo opuesto encontramos mujeres subordinadas cuyo ámbito de acción tiende a reducirse al doméstico, cuya respuesta a la exclusión es el retraimiento, no se interesan ni conocen sobre política y evitan participar más allá de lo que exige la ley.
Igual que muchas mexicanas y mexicanos estoy contenta porque en las urnas expresamos con claridad nuestro hartazgo por la injusticia, la corrupción, la violencia y la impunidad, así como también mostramos disposición para contribuir a la transformación; sin embargo, si no se quiere la profundización de las desigualdades de género, que son visibles en la vida cotidiana de las mujeres del país, y que adquieren especificidades que las tornan más despiadadas dependiendo de la clase, la etnia, el lugar de procedencia y la edad, debemos reconocer que hay un retroceso palpable en todos los ámbitos de lucha, como expresa la historiadora feminista Ana Lau, la violencia contra las mujeres se ha exacerbado, las políticas de salud reproductiva se han detenido, y proliferan los grupos que van en contra de los alcances para las mujeres. Asimismo, se ha desatado una ola de declaraciones y manifestaciones que buscan cambiar el discurso de la equidad, por uno más tradicional y contrario a los presupuestos que las feministas han venido esgrimiendo. (Lau J., 2006)
Y lo más doloroso: Mientras los feminicidios continúan, y las desapariciones aparecen cada vez con más frecuencia en todos los estados de la república, el caso de Ciudad Juárez se presenta como emblemático de la nula actuación e interés de las autoridades. A pesar de todo la lucha sigue, y en Ciudad Juárez la están dando las mujeres junto a sus aliados.

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Es un gusto muy grande participar en La Verdad, espacio de comunicación generado por mujeres periodistas a las que admiro y quiero. Y me congratulo porque tengo muy clara la relevancia de esta acción que empujan, y que viene a sumarse al acervo valioso de tácticas de resistencia y acciones cotidianas trascendentales de mujeres que luchan en Ciudad Juárez. Agradezco mucho la invitación que me hacen para acercarme a quienes les leen.

Leer Más:  Desaparecida

elsa.hernandez@uacj.mx

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Giulia Colaizzi, Feminismo y Teoría del Discurso. España: Ed.Cátedra, 1990.
Italo Calvino, Le cittá invisibili, Turín, Einaudi, 1972. Versión al español como Las Ciudades Invisibles, traducción de Aurora Bernárdez, Buenos Aires, Minotauro, 1988, 9na. Edición

Tarrés, María Luisa, “Nuevos nudos y desafíos en las prácticas feministas: Los institutos de las mujeres en México” en Lebon y Maier (Coord.) De lo privado a lo público: 30 años de lucha ciudadana de las mujeres en América Latina, UNIFEM, México, 2006: pp.290-309

Lau J. Ana, “El feminismo mexicano: balance y perspectivas”, en Lebon y Maier (Coord.) De lo privado a lo público: 30 años de lucha ciudadana de las mujeres en América Latina, UNIFEM, México, 2006: pp.181-194

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