Opinión

Economía mixta vs libre mercado

Ramón Salazar Burgos
Analista Político

John Maynard Keynes (inglés) y Friedrich Hayek (austriaco) fueron dos destacados economistas liberales con desarrollos teóricos diferenciados por no antitéticos. Ambos fueron dos liberales apologistas del capitalismo y su libre mercado; Keynes de la Escuela de Cambridge y Hayek de la Escuela Austriaca. Sus conceptualizaciones desarrolladas en el marco del liberalismo desbordaron el campo estrictamente económico, para moldear también al liberalismo político.
Al concluir la Primera Guerra Mundial Keynes, un liberal moderado, participó en la Conferencia de París, la cual culminó con el Tratado de Versalles, documento que estableció los términos y condiciones en que los países derrotados indemnizarían a los que se alzaron con la victoria. Keynes, que participó en dichas conversaciones representando a Inglaterra, se opuso a las condiciones excesivas que el Tratado imponía a los derrotados. Argumentaba que la desolación, el hambre, la miseria, el desempleo, la enfermedad y el estado desastroso en que habían quedado las economías, hacía imposible el pago y que el nivel de vida, en la posguerra jamás se acercaría a los estándares que existían antes de la guerra, por lo que era injusto –decía– imponer tal castigo.
Sin embargo, se impuso la sed de venganza sobre la lógica de la razón y, apenas transcurridos unos cuántos años, cobro existencia el cruel vaticinio de Keynes: las duras condiciones de las indemnizaciones de guerra fomentaron el surgimiento de extremismos políticos como el fascismo, en Italia y el nacionalsocialismo en Austria y Alemania, que después decantaron en el nazismo.
La Gran Depresión de la economía de 1929, que empezó en Estados Unidos y que ralentizó el intercambio comercial en todo el mundo, aportó el ingrediente que hacía falta para la consolidación de los extremismos políticos.
Como bien lo anticipó también Keynes, el ahorcamiento financiero al que fueron sometidos los países derrotados, condujo a un segundo conflicto bélico de mayores proporciones: la Segunda Guerra Mundial. Pero al término de esta guerra, cuyos saldos negativos fueron de mayores proporciones que la primera, los líderes de los países de la Alianza, habían aprendido la lección y, en forma paralela a la aplicación del Plan Marshall, que se proponía estimular las economías, se implementaron las recomendaciones de Keynes, dando origen al Estado de bienestar. Es necesario reconocer que tanto la aplicación, del Plan Marshall como las políticas económicas keynesianas, se debieron a la necesidad de restarle influencia al comunismo soviético que, literalmente estaba instalado en las puertas de Europa.
Entre los planteamientos centrales del keynesianismo, se encuentra la intervención del Estado en la planificación de las economías con el propósito fundamental de evitar o de estabilizar las fluctuaciones propias del libre mercado, que siempre perjudican a los que menos tienen.
Tal regulación incluye principalmente, la participación del gobierno en la inversión empresarial y recomienda que el Estado se haga cargo de la atención social como educación, vivienda, salud, trabajo, etc. Asimismo, propone que el Estado se ocupe de los servicios públicos y de todas las cosas que la libre empresa no hace por no resultarle redituable, en términos de ganancia económica. La aplicación puntual de estas políticas, después de la Segunda Guerra Mundial, dio origen a lo que posteriormente se le denominó economías mixtas o Estados de bienestar.
Este impulso benefactor llegó con solidez hasta los últimos años de la década del sesenta, cuando de manera lenta, pero sostenida, empezó a cobrar cada vez mayor fuerza, sobre todo en Estados Unidos e Inglaterra, el pensamiento que pugnaba porque el Estado se apartara de la economía. El mensaje del rumbo que debería tomar la economía mundial llegó desde Estocolmo en 1974, con la noticia de que el austriaco, Friedrich Hayek había sido galardonado con el premio Nobel de economía. En política no caben ingenuidades y, el premio era necesario para impulsar el libre mercado en la economía global. Margaret Thatcher, cuando arribó al poder en Inglaterra, el otro país, después de Estados Unidos, en los que se impulsó primeramente el neoliberalismo, afirmó que “las sociedades no existen, sólo existe el individuo”, lo cual dice todo del nuevo modelo económico.
El neoliberalismo pugna, entre otras muchas cosas, por las privatizaciones y los recortes del gasto social. Estas dos medidas, son condiciones indispensables para que un país sea candidato para recibir créditos del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial, tal exigencia la imponían para garantizar de manera rápida la amortización de los empréstitos.
Hayek, fue un liberal radical o liberal clásico que, entre otras cosas, defendía el libre mercado y exigía que la participación del Estado se limitara únicamente a garantizar un contexto de seguridad jurídica y estabilidad social, como condiciones indispensables para hacer negocios. Este economista desarrolló el concepto liberal de “Estado de derecho” bosquejado por John Locke en el siglo XVII, por el que los gobernantes debían someterse a la ley, como fuente y límite de su mandato, noción que se oponía a los reyes absolutistas quienes apelaban a la divinidad como el origen de su reinado.
Hayek sugirió que debería existir una autoridad internacional que, sin decir lo que cada país debería o no hacer, estableciera regulaciones sobre cómo sería más conveniente que se desarrollara el comercio entre las naciones. Como puede observarse, en esta idea se notan los rasgos de la globalización de los mercados, proceso intenso de intercambio que adquirió plena relevancia, casi por todo el mundo, a partir de la década de los noventas. Por razones obvias de su concepción económica Hayek, de igual manera, criticaba al nacionalismo que protegía sus riquezas y recursos, a los que el libre mercado tiene derecho de explotar. Distinguía el nacionalismo del patriotismo, identificando a éste con las tradiciones, la cultura y los valores morales de cada país.
El neoliberalismo o libre mercado llevado a su máximo significado se impuso como modelo económico en la mayoría de los países del mundo. Por supuesto también en México y en el resto de los países de América Latina, se introdujo con inaudita voracidad. Salvo contadas excepciones, como Venezuela y Bolivia y en su momento Argentina, Brasil y Ecuador, es el modelo económico que, a la fecha, predomina en nuestro continente.
La concepción radical Hayek, o su modelo de economía neoliberal, está conduciendo a los países a escenarios en los que la voracidad del libre mercado vuelve a poner al individuo por encima de la sociedad. Con los triunfos y el reposicionamiento de la ultraderecha, por Europa y América latina, en el horizonte se ven densos nubarrones.
ramonsalazarburgos@gmail.com

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