Migración

El sueño que no llegó

De los 5 mil migrantes que llegaron en Caravana a Tijuana a mediados de noviembre quedan en los albergues poco más de mil. Unos, los menos, lograron cruzar la línea fronteriza, otros más consiguieron trabajo en Tijuana y mil 500 se acogieron a una visa humanitaria. Los demás han comenzado a regresar a sus países

Textoy fotos: Kau Sirenio Pioquinto
Pie de Página

Tijuana, Baja California – Cuando Edwin Antonio le dijo adiós a la caravana de centroamericanos en el campamento de El Barretal, sus compañeros de casita lo abrazaron y con voz entrecortada lo despidieron. No hubo muchas palabras, para ellos no es novedad que día a día alguien deje el albergue, ya sea por retorno voluntario o porque se animará a cruzar de indocumentado en la frontera.

Está bien primo, que te vaya bien, si decides volver puede que nos encuentres aquí o allá con los gringos – soltó Marvin, y luego dio la media vuelta.

Marvin viajó de El Salvador con la segunda caravana centroamericana. En el camino conoció a Edwin con quien coordinó el comité de higiene en El Barretal y de los peregrinos en la carretera. Luego organizaron el centro de acopio para prever lo necesario a sus paisanos.

El salvadoreño recuerda que cuando llegó al campamento de la colonia Benito Juárez había descontrol en la entrega de donaciones; además, los migrantes no se sometían a las reglas de la caravana, así que se turnaban para vigilar en los alrededores.

Es una tristeza que el catracho se vaya, porque nos deja solos en la organización, aunque también es necesario, si él así lo decidió – se consuela.

En este refugio conviven migrantes de Honduras, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Colombia, República Dominicana, Perú y México.

La población de los que inicialmente llegaron en El Barretal sumaba más 3 mil 500 personas; sin embargo, muchos se han ido del albergue: unos cruzaron la línea fronteriza, otros más consiguieron trabajo en Tijuana y, según los datos oficiales, mil 510 se acogieron a una visa humanitaria.

De los 5 mil migrantes de la primera caravana que arribó a Tijuana el 13 de noviembre pasado, la población ha disminuido hasta unas mil 200 personas, distribuidas entre El Barretal y la Bodega.

Me voy triste, pero contento, aprendí mucho en este viaje, además los 40 días que estuve en esta ciudad pude trabajar, esto me permite regresar a mi país – comparte Edwin, antes de salir del campamento.

Agrega: “Los mexicanos son de buen corazón, nos apoyaron con lo que necesitamos. De ellos no me puedo quejar, pero sí hubo personas que nos trataron como delincuentes, por la forma en que entramos a México, pero no son todos los mexicanos, sino un pequeño grupo”.

Edwin vivió en esta ciudad fronteriza 40 días. En ese tiempo, los centroamericanos enfrentaron una marcha antimigrantes, represión de la patrulla fronteriza en las garitas San Isidro y Otay, así como en las playas; además de asesinato de dos adolescentes y enfermedades respiratorias.

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El 4 de enero, después que Edwin abandonó la conversación con su amigo, caminó hasta la salida de El Barretal. Le siguieron decenas de personas, entre mujeres, niños y varones, que avanzaron hasta dejar atrás el cordón de seguridad que mantiene la Marina Armada de México, policía federal y agente del Instituto Nacional de Migración.

Pero no solo los centroamericanos han dejado los albergues, también los voluntarios de organismos internacionales que acompañaron la caravana se han retirado de aquí.

“Los del organismo internacional de Migración de la ONU, y el Alto Comisionado de Naciones Unidas para Refugiados se retiraron desde el sábado; solo quedan los Médicos sin Fronteras y activistas”, confía Jesús, quien proviene de Honduras.

Mientras unos regresan a sus países, los que se quedan se organizan para sobrevivir en el campamento. Algunas mujeres se han reunido con organizaciones mexicanas y estadounidenses para construir una agenda común que les permita estar en México mientras encuentran trabajo, ya que en los últimos días se recrudeció la vigilancia en toda la vaya fronteriza.

Aquí todos los días hay movimientos: unos salen a inspeccionar la línea fronteriza, mientras que los demás se van a trabajar (sobre todo en obras). Los que se quedan ayudan a limpiar las áreas comunes del campamento.

En la madrugada del 1 de enero, unos 150 intentaron cruzar a Estados Unidos. Los migrantes llegaron justo cuando en la ciudad fronteriza se celebraba el inicio de año nuevo, creyendo que a esa hora podrían lograr su objetivo. Pero no lo consiguieron por la contención que montó la patrulla fronteriza apoyados por un helicóptero y guardias especiales. Y después de varios intentos los integrantes de la caravana regresaron al campamento desvelados y bañados de gases lacrimógenas que les lanzaron en la línea fronteriza.

Así se viven los últimos días en los albergues que se improvisaron en Tijuana para recibir la Caravana Migrante: la mayoría prepara la maleta, mientras los demás siguen inspeccionando la frontera.

Hice muchos intentos, pero no funcionó, no regreso frustrado, al contrario, voy con muchos recuerdos y amigos –se despide Edwin.

Con él viajan alrededor de veinte familias que decidieron retornar a Honduras, es el segundo grupo que retorna sin acoger el programa del gobierno mexicano.

No acepté el apoyo de retorno voluntario, me voy como me vine, con muchas ilusiones y así regreso –suelta Verónica.

Este texto se publicó originamente En El Camino de Pie de Página

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