Sociedad

Y después del #MeToo, ¿qué hacemos?

La ola de denuncias sobre acoso y otros tipos de violencia de género obliga a la sociedad a revisarse de manera individual, a encontrar otros mecanismos de intervención más allá de la judicial, y a reflexionar sobre la urgencia de reeducarse

Ámbar Barrera
@AstroBruja_
LadoB

Hace apenas semana, una denuncia en Twitter contra el escritor Herson Barona por ejercer violencia física a sus exparejas dio pie a la cancelación de la presentación de su libro y al surgimiento del hashtag #MeTooEscritoresMexicanos.
La etiqueta de #MeToo (Yo también) comenzó a usarse en 2017 a raíz de las denuncias de abuso sexual contra el cineasta estadounidense Harvey Weinstein. Y a partir de la denuncia contra Barona, se han creado hashtags en México para otros gremios (#MeTooPeriodistasMexicanos, #MeTooCreativos, #MeTooActivistas, #MeTooPolíticos y más) y se ha hecho un número indeterminado (quizás centenas) de denuncias por misoginia, acoso sexual, violencia emocional, física, económica y violación.


La ola de denuncias prácticamente no ha parado desde que inició el 22 de marzo y las consecuencias se han manifestado en forma de disculpas, arrepentimientos, amenazas, criminalización, descalificaciones y hasta despidos.
Algunos medios de comunicación han manifestado su intención de realizar acciones para asegurar un ambiente laboral sano, mientras que la Red de Periodistas de a Pie publicó un comunicado reconociendo sus omisiones en el tema y se comprometió a revisar al interior las condiciones laborales y a realizar un protocolo de actuación en casos de acoso y hostigamiento.
Pero luego de la denuncia, o de ser denunciado, o si eres amiga o pareja de uno de los denunciados, ¿qué se hace?, ¿qué sigue?
Natalí Hernández, psicóloga feminista y defensora de derechos humanos, recomienda a las mujeres que denunciaron revisar si necesitan iniciar un proceso terapéutico o de contención emocional.
Sin embargo, en el caso de aquellas mujeres involucradas con los acusados, reconoce que hay un tema pendiente.
–No hay claridad sobre cómo intervenir y tal vez no sepan qué pensar, cómo actuar o qué hacer y tal vez no tengan redes de apoyo feministas. Al destapar tantos nombres, te das cuenta de que cualquier hombre con el que nos relacionamos puede ser el agresor de otra y es preocupante que esas mujeres lo vivan desde la culpa.
En esos casos, Natalí Hernández propone dimensionar las acusaciones, pues aunque ninguna forma de violencia es mejor que otra, no es lo mismo saber que se está con alguien a quien se le acusa de manipulador, que con alguien a quien se le acusa de violencia física.
Mientras que los hombres acusados, en el mejor de los casos, primero deberían asumir una postura.
– No puedo iniciar un proceso si no lo reconozco primero. El siguiente paso es hacerme cargo de las consecuencias. Desde una disculpa o lo que proceda y luego llevar un proceso en grupos de hombres -recomienda Cirilo Rivera, psicólogo y especialista en Nuevas Masculinidades.
En su opinión, hay matices muy difusos respecto de los hombres que se han pronunciado públicamente sobre las acusaciones. Por lo tanto, habrá quien no quiera asumir su violencia, o la minimizará, o la justificará, o incluso buscará pactos con otros hombres o mujeres y “con que uno esté de su lado, ya está justificando su violencia y evadiendo su responsabilidad”.
De acuerdo con Rivera, lo primero que hay que notar es que al parecer estos hombres no se habían dado cuenta de su violencia hasta que alguien lo denunció públicamente. Y segundo, no se sabe si detrás de la “aceptación” habrá un proceso real consigo mismo para trabajar su violencia.
Manifestarse no es suficiente y sin embargo, dice que también hay que analizar lo que implica que un hombre se manifieste como sensible al tema, como “deconstruido”.
– Las nuevas masculinidades me parece un tema delicado y a mí no me gusta posicionarme desde ahí porque parece que con ese término ya rebasaron el machismo. Nos deja el “buen hombre” que ya se dio cuenta, pero desde mi perspectiva no necesitaría decirlo. Con que lo trabajes es suficiente, no hay que darnos un nuevo privilegio desde ahí y querer protagonismo públicamente.
Cirilo Rivera dice que si queremos generar una cultura de paz, hay que pensar en lo que podemos hacer desde nosotros mismos, estemos o no involucrados directamente en estas denuncias.
–Si ya me di cuenta de esta realidad, ¿qué haré?, ¿reproduciré la violencia en mi papel de juez? Se vale no estar de acuerdo, pero no ponerse en un nivel de mayor jerarquía moral. Las personas tienen derecho a equivocarse, yo no soy juez de los que se equivocan. Quienes nos equivocamos hay que asumir esa responsabilidad y trabajar sobre nosotros sin flagelarnos, sin excusarnos y sin hacernos los “buenos”. Si nos quedamos en la autocomplacencia no logramos nada.

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Pero incluso los hombres que no fueron acusados deberían, recomienda Natalí Hernández, revisar sus prácticas y sus relaciones. Y a las mujeres, afectadas o no, les sugiere abrir espacios de reflexión y discusión donde quepan todas las preguntas.

Manifiesto de mujeres en respuesta al #MeToo

¿Y el daño social?

El #MeToo puso en evidencia que la violencia es estructural. Y la propuesta de acción de Natalí Hernández es que las mujeres cuestionen sus relaciones con los hombres, pues es innegable que hay una dinámica de poder.
–Lo importante –dice– es darnos cuenta que la violencia es real, hablar de ella en todos los niveles, hacer reflexiones en todos los espacios. ¿Qué haremos?, ¿cuál será la postura? Generar estrategias para atender esas formas de violencia.
Y aunque se ha demostrado que en algunas instituciones tener códigos de ética no asegura que no haya violencia, ella considera que de todos modos es un paso necesario, pues al menos se establece desde el inicio cuál es la postura de la organización sobre estos temas.
Ante el riesgo de que este fenómeno sea olvidado en unos meses Natalí espera, en el mejor de los casos, que haya una consciencia de los implicados, que sepan que hay consecuencias por sus actos, “que los estamos observando, que podemos alzar la voz frente a la violencia”.
Otras formas de denuncia: sus alcances e implicaciones
Para la activista, este tipo de denuncias surgen porque el sistema de justicia ha demostrado no funcionar y aunque denunciar en Twitter no conllevará un castigo desde lo legal, sirve para visibilizar la violencia y para crear redes de apoyo entre mujeres.
–Esto sirvió para destapar la indignación y ponerlo bajo la opinión pública. Por supuesto que frente a lo obsoleto que es denunciar la violencia (frente al poder judicial), las mujeres se han tenido que reinventar otras formas de denuncia. Esto sirve para denunciar al agresor y al mismo tiempo sentirnos cobijadas por las otras, porque a veces esa es la única forma de hacerlo si el agresor tiene ciertos privilegios y recursos.
La naturaleza del #MeToo obliga a analizar por qué se cuestiona a las mujeres por no denunciar ante las autoridades, lo que revela la poca claridad que hay sobre cómo ha respondido el sistema de justicia cuando se trata de violencia contra las mujeres.
–Cuando denunciamos, sabemos que no nos hacen caso, no se nos da seguimiento, se nos culpa por las agresiones. La mayor prueba de cómo funciona este sistema es que hay un montón de denuncias por feminicidios pero hay poquísimas sentencias, lo que quiere decir que ni siquiera en la máxima expresión de violencia hay justicia para nosotras.
Por otro lado, para la activista también es importante considerar que puede que estas denuncias no se hagan con el fin de obtener justicia y que de hecho, muchas de ellas son anónimas precisamente porque las mujeres podrían encontrarse aún en una situación que no les favorece frente a sus agresores, ya sea porque trabajan con ellos o porque simplemente, se mueven en el mismo círculo.
–Todo esto nos ha obligado a pensar en otras dimensiones para intervenir frente a la violencia, que rebasan lo legal o las sanciones y que en realidad están dirigidas al tema de reeducarnos como sociedad. El #MeToo también nos confronta con el hecho de que no todo se podrá resolver por la vía legal y frente a eso el Estado no está generando discusiones o no se está involucrando.
(Con información de Mely Arellano/LadoB)

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