Opinión

Hostigamiento y acoso sexual en el espacio universitario: empecemos por nombrarlo

Ciudad Juárez tiene rostro de mujer

Elsa Patricia Hernández Hernández
Profesora-Investigadora y Periodista

En días recientes, la comunidad universitaria de la UACJ, en voz de sus estudiantes, ha dejado muy claro que es prioridad garantizar una universidad libre de violencia; las y los estudiantes han señalado también como prácticas inadmisibles el hostigamiento y el acoso sexual. Como estudiosa del tema, y con la finalidad de contribuir a la reflexión, aprovecharé este espacio para una aproximación somera y propositiva: empezaré por decir que investigaciones consultadas establecen que el hostigamiento y el acoso sexual se presentan en una relación que suele ser muy compleja y ambigua, ya que, por distintas razones, en la mayoría de los casos ni la víctima ni el victimario tienen interés en que se haga pública.

Entre los obstáculos que se identifican para su reconocimiento se encuentra lo difuso de la frontera entre el hostigamiento y el acoso sexual, y otras conductas de relación sexual consideradas legales. A esto sumamos que en nuestro país es muy reciente la discusión sobre la necesidad de perseguir y sancionar laboralmente el hostigamiento y el acoso sexual en el trabajo; se abordan desde 2007 en la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (artículos 13-15) y se definen y sancionan por primera vez en la Ley Federal del Trabajo en 2012 (artículos 3, 47, 51, 133 y 135).

Podemos decir que acoso sexual es un término relativamente reciente que describe un problema antiguo: en el mundo del trabajo el hostigamiento y/o acoso sexual ocurre en diferentes niveles y contextos, particularmente entre personal jerárquico y subordinado.

No obstante, los estudios del tema indican que, aunque en menor medida, el acoso sexual también se presenta entre colegas de un mismo nivel. De igual forma, pese a que predominan situaciones de mujeres asediadas por varones, hay casos de acoso de mujeres a hombres; de hombres que acosan a otros hombres; así como acoso entre mujeres.

El hostigamiento y el acoso sexual son conductas no deseadas de naturaleza sexual en el lugar de trabajo, que hacen que la persona acosada u hostigada se sienta ofendida, humillada y/o intimidada.

Tanto la Organización Internacional del Trabajo (OIT) como la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (conocida como CEDAW por sus siglas en inglés) identifican estas prácticas como una manifestación de la discriminación de género, y como una forma específica de violencia contra las mujeres. Se trata de una violación de los derechos fundamentales de las trabajadoras y los trabajadores; constituye un problema de salud y seguridad en el trabajo y una inaceptable situación laboral. Recientemente en las redes sociales digitales se han difundido casos de hostigamiento y/o acoso sexual en espacios universitarios, y en la mayoría las víctimas son las estudiantes y los victimarios docentes.

Dado que estos comportamientos cada vez son más repudiados socialmente, y su legislación se ha efectuado de forma general, una de las premisas de las que partimos quienes investigamos en este momento la problemática que comparten la UACJ y la UACH con otras universidades, es que es posible establecer una regulación legal para el ámbito universitario, que prevenga, atienda y sancione tanto el acoso como el hostigamiento sexual. Para ello es necesario iniciar con el acopio de conocimiento empírico, para caracterizar las formas que adquiere la violencia sexual en el espacio universitario, ya que las interacciones son diversas, y no se circunscriben únicamente a las relaciones docentes/estudiantes, sino que son tan amplias como lo es la comunidad universitaria; no se visibiliza el hostigamiento y el acoso sexual y laboral entre pares: maestros y maestras, empleados (as) administrativos y funcionarios (as), empleados y empleadas del área de intendencia, entre otros.

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Una segunda premisa, que nos alienta, es que conocer con rigurosidad las situaciones concretas en las que se presentan el hostigamiento y el acoso sexual permitirá develar los dispositivos sociales y culturales que entran en juego para perpetuar formas de violencia sexista.

La difusión amplia de los factores que la determinan puede contribuir a la sensibilización sobre el tema y a la prevención de estas conductas que son inaceptables, porque afectan las trayectorias laborales y/o académicas; y de vida de quienes las padecen.

Un protocolo de atención al acoso y al hostigamiento sexual no terminará con el sexismo que permea las instituciones de educación superior y que favorece formas diversas de violencia; es necesario añadir que se entrecruza con otras formas de exclusión por la clase; la edad; el lugar de procedencia; la orientación sexual; entre otras desigualdades. Lo que sí puede hacer es garantizar la atención psicológica y el acompañamiento legal que es derecho de las víctimas; un debido proceso para las partes involucradas; el establecimiento de sanciones que correspondan a la falta cometida; incluso la enunciación colectiva de formas de reparación del daño en el espacio universitario.

En la UACJ muchas y muchos nos hemos planteado como impostergable un trabajo permanente, inter e intra institucional de carácter preventivo, que permita avanzar hacia prácticas y relaciones interpersonales en las que prevalezca el respeto entre los y las universitarias; que se abrace la idea de la posibilidad de poner en primer término en nuestras interacciones la dignidad de la otra y del otro; contribuir desde la universidad a hacer posible esa exigencia que los y las estudiantes nos han planteado ante el feminicidio, la violación, la desaparición y la muerte que han presenciado, padecido y resistido en Ciudad Juárez.

El desafío adentro es el mismo que afuera de la universidad, que no es una cápsula que escape a las manifestaciones diversas de la violencia estructural. El llamado de los y las estudiantes es a que colaboremos todas, contribuyamos todos desde esta diversidad de colectivos que conforman el mosaico al que llamamos comunidad, para garantizar una vida libre de violencia dentro y fuera de la universidad.
elsa.hernandez@uacj.mx

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