Opinión

El Noroeste, donde manda el narcotráfico

Juan de Dios Olivas
Apuntes Políticos

Ciudad Juárez –La región noroeste es un amplio territorio que colinda con el estado de Sonora y con Estados Unidos, habitado por mormones, menonitas, chinos, tarahumaras y en su mayor parte por mestizos.
De amplia vocación agrícola, frutícola y ganadera, en las últimas cuatro décadas el narcotráfico se sumó a las actividades económicas al encontrar, en esta zona un corredor natural que conecta con Nuevo México, una puerta abierta para el trasiego de drogas desde los tiempos de los capos Gilberto y Leonardo Piña Valenzuela, reclutadores del mafioso juarense Gilberto Ontiveros “El Greñas” que llega a este lugar brindando servicios de carpintería.

Gracias a esta última característica geográfica, los grupos delictivos lograron echar raíces profundas, no sin antes cimbrar toda la estructura social y penetrar la esfera política en medio de una sangrienta disputa que terminó cuando un solo grupo logró la hegemonía y lo convirtió prácticamente en un territorio donde ellos son la autoridad y el Estado mexicano se convierte prácticamente en una entelequia.

Esto último solamente se había presentado en la historia de México durante la revolución mexicana, en las regiones dominadas por las distintas facciones, mientras que en 1915 el Estado desaparece por la guerra civil. No hay presidente de la República reconocido ni quien cobre impuestos y administre los servicios, algo similar a lo que ocurre en algunas comunidades del noroeste ya dominadas por los grupos armados al servicio del narcotráfico.

Para proteger sus negocios sucios, disponen hasta de un ejército de sicarios bien armados, uniformados, que fácilmente superan a las corporaciones estatales, federales y no se diga de las municipales. La diferencia la hace la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) que si tiene con que enfrentarlos, y en Nuevo Casas Grandes sus instalaciones castrenses albergan al 35 Batallón de Infantería, pero su intervención es limitada, casi nula, rayando en la complicidad.

La desfachatez de los sicarios llega al grado de utilizar vehículos perfectamente identificados con las siglas de su cártel NCDJ (Nuevo Cártel de Juárez) rotuladas en las puertas y cofres que, aunque parezcan patrullas policiacas, sus logos son bien claros. Sus fotos circulan en redes sociales lo mismo que vídeo donde muestran su poderío a sus enemigos, pero también a la población.

Son responsables de levantones, entre ellos el del médico el médico Juan Blas Godínez, director del Hospital Comunitario de Gómez Farías, cientos de ejecuciones, incluyendo de mujeres, decapitados, destazados y más. Violencia que mantiene en zozobra a las comunidades sometidas por esta fuerza bruta que el Estado no combate o simula combatir. Para muestra de la inacción oficial, ninguna de las unidades rotuladas ha sido capturada a la fecha, mucho menos grandes cargamentos de droga, principalmente cocaína o fentanilo, las de mayor costo.

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Y es que desde el 17 de mayo del 2018, da la apariencia de que el noroeste deja de ser prioridad cuando en esa fecha, en Namiquipa, fue capturado Arturo Quintana, el 80, por un comando elite del Ejército, el capo al que Javier Corral le dio tres días para irse del estado, al que limpiaría de narcotraficantes.

Precisamente esta región será recorrida esta semana por el gobernador Javier Corral Jurado para escuchar los informes de los presidentes municipales.

Será una oportunidad para que conozca la realidad cotidiana en la que vive la población, no la que le cuenta el fiscal César Augusto Peniche o el comisionado estatal de Seguridad Óscar Alberto Aparicio Avendaño. Para ello le bastará abrir bien los ojos y prestar oídos al pueblo como lo hace Andrés Manuel López Obrador.

Por tratarse de comunidades pequeñas, en los municipios de Janos, Ascensión y Casas Grandes, el discurso oficial de que los índices delictivos van a la baja, parece una burla frente a lo que ven los ojos de sus habitantes a diario.

Son Janos y Ascensión, precisamente dos municipios que no fueron incluidos en el Plan de Intervención a corporaciones pero que son el final del corredor del noroeste para el narcotráfico, el primero comunicado con Sonora y el segundo con Nuevo México y donde si pone atención, encontrará hasta vehículos rotulados, perfectamente identificados para que no haya duda.

Son sus habitantes testigos del pasar por sus calles de las caravanas de hombres armados protegiendo cargamentos de drogas, cuidando lo que llaman su territorio para impedir incursiones de enemigos y someter a quien se opone a sus actividades.

Es pues la oportunidad de escuchar al pueblo y percibir la realidad en la que vive en cuanto a seguridad y hacer que el Estado se haga presente y no quede solo en la imaginación de quienes habitan el noroeste.

***

Juan de Dios Olivas. Periodista en Ciudad Juárez, Chihuahua donde ha realizado su trabajo periodístico por espacio de dos décadas para El Diario de Juárez, Norte de Juárez, la Organización Editorial Mexicana (OEM) y el grupo radiofónico Nueva Era. Cuenta con estudios de historia por la UACJ, actualmente edita el portal digital Apuntes Políticos.

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