Opinión

Los rostros de la injusticia y las marchas colectivas

Julia Monárrez Fragoso
Profesora-Investigadora
El Colegio de la Frontera Norte

Durante las últimas cuatro décadas, las y los juarenses, hemos atestiguado violencias atroces: una de ellas es la desaparición forzada de mujeres y hombres; la otra es la violencia sexual contra las mujeres y el feminicidio.

Los días 16 y 30 de agosto y el 2 de septiembre de este año, los rostros de la injusticia, en las voces y en las marchas de familiares, y colectivos que luchan por los derechos humanos, tomaron las calles de Ciudad Juárez. Nos recordaron, a toda la ciudadanía: que en esta ciudad se cometen crímenes contra mujeres y hombres de esta comunidad, en total impunidad y complicidad.

El día 16 de agosto, los colectivos feministas locales, se unieron a los grupos feministas de la Ciudad de México, en el movimiento Diamantina Rosa. Este es el nuevo símbolo de las feministas jóvenes con el cual denuncian tanto a los agresores machistas, como a las autoridades que no protegen la integridad y la vida de las mujeres.

Las protestas surgen ante una violencia estructural que se ejerce contra las mujeres en todo el país. Ciudad Juárez no es la excepción. El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública nos informa que: Chihuahua, ocupa el 6 lugar en presuntos delitos de feminicidio. Ciudad Juárez el primero. Chihuahua ocupa el primero en trata de mujeres, el tercero en llamadas de emergencia relacionadas con diversos abusos sexuales hacia ellas. En acoso y hostigamiento sexual, tiene el primer lugar a nivel nacional. Y el cuarto en violación sexual y violencia de pareja; en violencia familiar tercer lugar.

Estas cifras nos demuestran que los actos crueles contra las niñas, las jóvenes y las mujeres, no son producto del infortunio, sino parte de un sistema patriarcal que permite estas injusticias, tanto por parte de los agresores, como por parte de las autoridades, y de los medios de comunicación que culpabilizan a las víctimas; y de las sociedades que permanecen en silencio ante las injusticias.

Los colectivos iniciaron su marcha en el Museo de la Revolución y terminaron en la Fiscalía de la Mujer demandando justicia para la maestra de la UACJ, que denunció una violación sexual por cuatro profesores de la misma universidad. Su demanda de justicia fue trastocada perversamente por parte de quienes debiéndola proteger, y llevar un juicio desde una perspectiva de género, filtraron información a los medios de comunicación. Éstos, sin ningún código de ética, la expusieron como objeto de curiosidad para la comunidad; y dieron pie, para que la ciudadanía escrudiñé la vida de ella y la someta a una nueva violación de una cantidad considerable de derechos, que protegen a las mujeres y que México ha firmado en leyes nacionales y tratados internacionales.

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El 30 de agosto, Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, familiares, organizaciones de derechos humanos y otros colectivos, tomaron de nuevo las calles. Todos partieron del Monumento a Juárez y terminaron en la Catedral de Guadalupe. En México hay más de 40 mil personas desaparecidas. Chihuahua, y los cinco estados fronterizos, concentran el 45% del total de esta cifra.

En este larga y compleja práctica criminal de desaparición de personas, se ha producido un discurso social que permea desde las figuras del estado –“sí con minúscula” dice Edgar Guerra– hasta una gran parte de la población, que justifica indolentemente la desaparición forzada, con palabras tales como: “en algo andaban”, “a las personas buenas no les suceden estas cosas”, “ellos se lo buscaron”, “las mujeres decentes no andan en la calle”, etc. etc.

El 2 de septiembre, el colectivo estudiantil Uni unida, el cual agrupa a integrantes de varias escuelas de educación superior, partió del Instituto Nacional de Bellas Artes, se dirigió a las instalaciones de El Diario de Juárez y terminó su caminata en el Instituto de Arquitectura, Diseño y Arte de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. La marcha fue en apoyo de la maestra de esta universidad.

Una de sus consignas: “Yo sí te creo, “se opone a la violencia institucional por parte de este rotativo y pone en el centro de la discusión pública, la violencia que se tolera y se contiene en las universidades contra las mujeres.

Ante la ausencia de un estado de derecho, los colectivos feministas, estudiantiles y derecho-humanistas, nos llaman a que nos solidaricemos con quienes más sufren el colapso de la justicia en nuestra ciudad.

Como dice Judith Shklar, las voces de las víctimas deben siempre oírse, no sólo para averiguar si se han traicionado expectativas sociales oficialmente reconocidas, sino también para prestar atención a sus interpretaciones de la situación… si el sufrimiento de la víctima se debe a un accidente o a una desventura, pero puede ser aliviado por funcionarios públicos, entonces es injusto negar la ayuda. En ese caso, una expectativa válida es negada y la víctima hace bien en hacer oír su voz, al igual que el resto de nosotros deberíamos también protestar. Es lo que, en última instancia, uno debería esperar de los ciudadanos de una democracia.

El 26 de septiembre, hay un nuevo llamado. Es por los 43 y por los nuestros también.

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