Opinión

Drogas de laboratorio

Martín Orquiz

Ciudad Juárez –El fenómeno de las drogas ilegales en nuestro país provoca severas problemáticas que, por desgracia, están en pleno crecimiento y poco se logra a través del combate que –se supone– emprenden la sociedad y el gobierno contra lo que es calificado como un “cáncer” social que carcome el tejido de las comunidades mexicanas, cada vez más lastimadas por las anomalías generadas.

En décadas pasadas ya bastantes preocupaciones y conflictos causó el trasiego de estupefacientes desde el extranjero y a través del territorio nacional en su paso hacia Estados Unidos, principal mercado de consumo de este tipo de sustancias, así como la distribución y consumo al menudeo que se quedó en muchas de las ciudades de la República Mexicana.

Es para no creerse, pero los narcotraficantes continúan desarrollando estrategias de mercado para mantener vigente y hacer crecer su negocio ilícito, van siempre un paso delante de las autoridades, quienes en lugar de prevenir y castigar con severidad se acostumbraron a reaccionar ante hechos ya consumados.

Como una gran innovación de esa irregular industria, la sociedad se topa de pronto con que ya existe la producción de ese tipo de sustancias en laboratorios, obviamente clandestinos, las que son llamadas drogas de diseño, precisamente porque son “creadas” a través de la combinación de químicos muy, pero muy dañinos para quienes los consumen.

El tema viene a colación debido a que es cada vez más notoria la presencia de este tipo de drogas en el ámbito nacional, en cuyo territorio aparecen con frecuencia laboratorios donde se nota que se trabaja para producir cantidades industriales de compuestos que serán llevados al país del norte o se quedarán en nuestras calles para su consumo.

Un ejemplo de la situación es lo que ocurrió en Sonora a mediados de este mes, cuando elementos del Ejército Mexicano dio con un laboratorio donde se elaboraban drogas sintéticas.

La institución mexicana dio a conocer que su personal efectuaba “reconocimientos terrestres” en el Municipio General Plutarco Elías Calles, cuando descubrieron en un terreno accidentado y cubierto con maleza una serie de implementos y químicos, de los que se utilizan para crear drogas de diseño.

Las personas que trabajaban en el sitio sólo se cubrían del cielo con unos tejabanes y utilizaban la cañada para resguardarse, además de ocultar contenedores con tolueno, acetona, metanol, ácido clorhídrico, hidróxido de sodio, ácido tartárico, sosa cáustica y otras sustancias que la Secretaría de la defensa Nacional (Sedena) no especifica en su informe.

También localizaron dos reactores para síntesis orgánica, 19 quemadores y un remolque, todo lo que se incautó es usado en la elaboración de las sustancias químicas o sintéticas.

Otros tres laboratorios clandestinos fueron desmantelados por el Ejército durante junio pasado en territorio de Sinaloa.

En otro hecho, el pasado 15 de septiembre –en plena fecha patria–, también el Ejército aseguró un cargamento de 101.2 kilos de metanfetamina en el Municipio de San Luis, Río Colorado, la sustancia era transportada en un camión de carga cuyo chofer intentó pasar por un puesto militar de seguridad.

La unidad, informó la Sedena, provenía de Puerto peñasco, en Sonora. Considero importante dar a conocer las localidades donde se dieron los hechos para dimensionar, geográficamente, que están en sitios donde ni siquiera imaginamos.

Los militares calcularon que esa droga tendría un valor en el mercado de al menos 25 millones 800 mil pesos, así que podemos imaginar que es un negocio muy redituable, ilegal, pero provechoso financieramente para los delincuentes.

En “¿Cómo ves?” Revista de Divulgación Científica de la Universidad Autónoma de México (UNAM), Benjamín Ruiz Loyola escribe que las drogas de diseño son fármacos diseñados que no fueron exitosos para cumplir con el objetivo de aliviar algún padecimiento.

Algunos compuestos tienen una estructura molecular que tiende a repetir o incrementar los síntomas de las drogas naturales, lo que se convirtió en el origen de la mayoría de las drogas de diseño, como el éxtasis.

El investigador académico explica que esa sustancia fue preparada originalmente en 1914 para reducir el apetito y combatir la obesidad, pero resultó poco efectiva y se mantuvo en el olvido hasta la década de los 60, cuando se descubrió su capacidad para incidir en los procesos mentales.

En ese entonces algunos siquiatras y sicólogos la utilizaron para tratar de ayudar a personas con desórdenes sicológicos y emocionales; luego, en 1985, se comprobó que, al combinar los efectos estimulantes de las anfetaminas con un efecto alucinógeno propio, causaba más daños que beneficios.

Esa propiedad, indica Ruiz Loyola, la convirtió en una droga de diseño al producir los efectos de algunos estimulantes y alucinógenos en una sustancia que, entonces, era aceptada legalmente.

Es importante, considera el autor, tener en cuenta que muchas de las drogas de diseño se elaboran en laboratorios clandestinos, sin condiciones de limpieza, entonces la pureza de la droga es muy dudosa y las impurezas presentes podrían acarrear otros problemas insospechados.

Cita además que en el norte del país hay más consumidores que en el sur, señala que los lugares con mayores índices de consumo son, en orden descendente: Tijuana, Ciudad Juárez, Guadalajara, Ciudad de México, Monterrey y Matamoros.

Dejo aquí un glosario con el argot de algunas de estas drogas de diseño, por si alguna vez se topa por ahí estas extrañas denominaciones: existen, aparte del éxtasis, china white, polvo de ángel, speed, crystal, ice, stp, droga del amor y monase. Claro, hay muchas otras más que todavía no tienen nombre distintivo. O, al menos, lo desconozco todavía.

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