Juárez

Buscó a su hijo 8 años, su cuerpo estaba en el Semefo

Víctor Manuel Baca Prieto, de 21 años, desapareció el 26 de febrero del 2009. Su familia supo después que se lo llevaron militares, a quienes acusan de su muerte. La entrega de su cuerpo fue en 2017

Martín Orquiz
La Verdad /Especial para El Diario

Ciudad Juárez – Con voz recia y tono grave, Gerardo Baca recrea los ocho años que duró yendo cada semana a entrevistarse con personal de la Fiscalía General del Estado (FGE) en la zona norte para buscar alguna noticia relacionada con su hijo Víctor Manuel Baca Prieto, de 21 años.
Su hijo fue víctima de desaparición forzada el 26 de febrero del 2009 junto con otras dos personas, quienes aparecieron con vida varios días después.

Por ellas, el padre de familia supo que a Víctor Manuel se lo llevaron los militares y que lo mataron.

El cuerpo del hombre fue localizado en octubre de ese mismo año y sus restos se entregaron al Servicio Médico Forense (Semefo), pero Gerardo se enteró de eso hasta 2017, cuando logró identificar, recuperar y darle sepultura a su hijo. En ese entonces se enviaron 236 cadáveres de personas no identificadas a la fosa común, donde se han depositado 2 mil en los últimos 15 años.

Los relatos que le dieron a Gerardo los sobrevivientes de la desaparición junto a su hijo fueron espeluznantes. El hombre que fue detenido junto con su familiar –Óscar, quien denunció los hechos desde 2009 y que a principios de este año volvió ante las autoridades por amenazas de muerte–¬. El hombre le contó que a los tres los detuvieron militares en un negocio de comida ubicado en la avenida Ejército Nacional.

Luego fueron llevados a las instalaciones militares de la calle Barranco Azul, donde fueron objeto de golpes por casi cinco días, sin proporcionarles alimento ni agua.

“Hicieron con ellos lo que quisieron, pero a él lo dejaron libre y le dijeron que se fuera de la ciudad, pero con mi hijo se les pasó la mano y lo mataron”, dice Gerardo.

Otro conocido de su hijo, a quien los soldados sacaron de su domicilio, le comunicó que a Víctor Manuel lo mataron delante de él, también lo amagaron, pero lo dejaron vivo y libre.

Desde entonces comenzó de forma infatigable la búsqueda de su familiar, pero todo ese tiempo que invirtió en la pesquisa los restos de su hijo estuvieron en las instalaciones del Semefo.

Tuvo conocimiento pleno del hecho hasta el 2017, luego que legisladores conocieron su caso y expusieron la situación ante el Gobierno Federal, entonces por fin le dijeron que Víctor Manuel estaba ahí.

También se dio cuenta que el cadáver fue encontrado en octubre del 2009 en una brecha, muy cercana al Punto de Revisión Carretero (Precos) de la carretera Panamericana, que lleva hasta El Vergel, un rancho que está al pie de la sierra de Juárez.

“Duré ocho años yendo cada sábado a ver nada más a los que estaban en calidad de desconocidos, pero no salía”, recuerda.

A la distancia del tiempo, Gerardo cree que lo que le ayudó a reconocer los restos humanos de Víctor Manuel cuando estaban ya en poder de las autoridades fue un acto en el que participó como exponente en Saltillo, Coahuila, hace poco más de dos años.

Al evento, donde se expusieron otros casos similares de desaparición forzada, le dieron el micrófono y ahí les dijo todo lo que sentía y lo que sabía de lo ocurrido a su hijo.

“Se doblaron conmigo, lloraron conmigo, dijeron que le dirían al presidente (Enrique Peña Nieto), y sí, a los pocos días me hablaron de PGR para darme una cita con una abogada de Sinaloa, no sé cómo le hizo, pero logró que nos dijeran que los restos de mi hijo estaban en el Semefo”, cuenta.

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Enseguida, agrega, solicitó que se realizara un segundo cotejo de ADN, para lo cual enviaron dos fragmentos óseos a Washington, en Estados Unidos. El resultado también fue positivo, confirmó que el cadáver resguardado en el servicio forense pertenecía a Víctor Manuel.

Los huesos que fueron objeto del estudio en Estados Unidos todavía no le son reintegrados e ignora el motivo del retraso.

Con la tristeza reflejada con un tono lento en su voz, indica que cuando vio los restos de su hijo pensó que sí eran de él puesto que les faltaba una muela, la misma que le fue retirada cuando tenía 13 años. La dentadura fue parte importante del reconocimiento oficial.

Aunque ya logró su objetivo, hasta ahora le es difícil comprender por qué las autoridades se tardaron tanto en verificar la identidad de los restos de su familiar, incluso a pesar de que le tomaron muestras a él y a su esposa desde el 4 de marzo del 2009 para realizar exámenes de ADN que no resultaban concluyentes.

Finalmente pudo sepultar a su hijo en un camposanto particular el 8 de noviembre del 2017.

“Por un lado estamos tranquilos porque ya sabemos dónde están los restos de mi hijo, pero es duro pensar qué iban a hacer con ellos si no nos los hubieran entregado”, reflexiona.

Gerardo, quien ahora tiene 71 años y sufre muchos “arrimadijos”, como él llama a sus enfermedades, recuerda que tenían la osamenta en las instalaciones del Semefo, en una caja de cartón grande, tipo féretro.

“Sus huesos estaban acomodados tal como es el cuerpo humano, ahora pienso: ¿cuándo me hubieran entregado a mi hijo? Esperaban que me desesperara o a que me muriera para que se olvidara todo”, se lamenta.

A lo largo de los años que duró su búsqueda, fue testigo de la situación que enfrentaron otras personas que iban en busca de parientes desaparecidos.

“Yo vi tanta cosa en ocho años yendo, incluso llegué a ver familiares que identificaban los cuerpos, pero no los reclamaban, tal vez no tenían dinero o miedo, vaya usted a saber”, cuenta.

Aunque con base en su propia experiencia, afirma que muchos son buscados por sus familiares, pero las fallas en los procedimientos impiden que se los entreguen.

Víctor Manuel Baca Prieto, de 21 años, desapareció el 26 de febrero del 2009.
Fotografía: Cortesía

Busca justicia

Aunque ya sepultó a su hijo, la lucha de Gerardo continúa, ahora para que se haga justicia por su homicidio.

No espera mucho porque ya se sabe quién lo mató: los militares. Dice que las autoridades no hacen lo conducente para actuar en contra de sus asesinos.

Todavía con la baja expectativa, dice que continuará colaborando con las autoridades que están armando la carpeta de investigación, aunque en ocasiones lo hacen sentir como si él fuera el responsable, tal vez para que desista. Advierte con firmeza que eso es algo que no está en su ánimo.

laverdadjz@gmail.com

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