Opinión

Hemos hecho de nuestra casa nuestro patíbulo

El mundo se pude ver inmerso en una guerra fratricida dentro de muy poco si no hay hombres y mujeres inteligentes y coherentes que detengan esta barbarie, podemos vernos dentro de muy poco en un escenario mundial horrendo

Jorge S. Bermúdez
Escritor

La guerra es por sí mismo un acto de enorme estupidez y sufrimiento innecesario, pero lo es más cuando los fines perseguidos por la misma son tan ridículamente inmorales.

El mundo está al borde de una guerra que casi nadie entiende, y que casi nadie sabe dónde y cómo se llevara a cabo, una guerra tecnológica, inmensa en cobardía y sin sentido, que puede abonar a la destrucción de nuestra sociedad con mayor velocidad.

Las razones de la guerra que se avecina son tal vez las más absurdas y más perversas que podemos encontrar, es la visión absurda de un loco, maniático, egocéntrico y megalómano que busca reelegirse como presidente de Estados Unidos y en su búsqueda está dispuesto a lo más horrible, a lo más despreciable, matar seres humanos inocentes en su desquicio.

El mundo se pude ver inmerso en una guerra fratricida dentro de muy poco si no hay hombres y mujeres inteligentes y coherentes que detengan esta barbarie, podemos vernos dentro de muy poco en un escenario mundial horrendo, como olvidando la historia, y repitiendo el infierno.

¿Pero que ha hecho el mundo al respecto de esta canallada? Muy poco en verdad, pareciera que el nivel de distracción de nuestras sociedades es inaudito, es tal ya el desinterés y la frivolidad que en lugar de preocuparnos y actuar, estamos pendientes de las redes sociales buscando y esperando el momento de la destrucción de inocentes, sin la menor conciencia de la tragedia.

Con enorme sorpresa y tristeza he visto como se ha trivializado a niveles alarmantes lo que puede suceder, no se a que atribuirle semejante idiotez generalizada, creo que los niveles de ensimismamiento están el número que no alcanzaba a percibir ni a comprender, pero he visto cosas inauditas, como bromear sobre la guerra, o hacer pronósticos sobre el resultado de esta como si fuera un absurdo juego de futbol.

Para solucionar problemas serios se requiere gente seria, y preparada, diplomáticos profesionales y capacitados en las artes de la guerra, alguien que tenga altura de miras y se dé cuenta que lo que está a punto de suceder es abrir la caja de pandora, por desgracia en esta debacle, en esta claudicación de la civilización se ha perdido la inteligencia y estamos gobernados por improvisados que solo ven la política como un cumulo de votos.

Confieso que me invade la tristeza y me lleva todo esto a imaginar aquellos días en los que el mundo se vio en la misma circunstancia, cuando se anunciaba la inminente invasión y destrucción de Polonia en 1939, en cómo el mundo se quedó pasmado, y los líderes mundiales de golpe se vieron inmersos en una horrenda guerra y en las circunstancias que se desataron.

Me pregunto si en aquellos años cuando solo la radio les informaba los ciudadanos del mundo también se rieron y bromearon acerca de esa tragedia, me pregunto si también fueron frívolos e insensibles ante la muerte sistemática de sus semejantes bajo la lógica y las ordenes de otro loco con menos fuerza y menos elementos que el loco actual.

Primo Levi el gran escritor, poeta y filósofo judío italiano, dijo que si existió Auschwitz no puede existir Dios, y ese innombrable lugar fue resultado y consecuencia de la locura de un imbécil que también creía que podía dominar el mundo y a los hombres a través de la violencia y el genocidio.

Hoy estamos ante alguien mil veces más poderoso y desquiciado que aquella bestia vociferante que puso al mundo de rodillas, y no olvidemos que hoy vivimos en la era súper nuclear, donde cualquiera de los misiles que lleva cualquiera de los submarinos estadounidenses es cien veces más destructivo que las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki.

Somos una generación despreciable, no tenemos conciencia de lo que se avecina, no sabemos, porque hemos olvidado la historia, por que perdimos el interés en la otredad, porque la vida y la muerte solo son protagonistas de videos en los teléfonos inteligentes, porque vemos el mundo a través de una pantalla y creemos que lo que sucede no afectara nuestra patética existencia.

“La muerte de todo hombre me disminuye, porque yo soy parte de la humanidad, por eso no preguntes nunca por quién doblan las campanas, están doblando por ti.” (John Donne)

Y lo que más me recuerda a este momento terrible de la existencia es al pasaje de la Divina Comedia de Dante Alighieri “He hecho de mi casa mi patíbulo”. Hemos hecho de nuestra casa nuestra perdición, nuestra muerte y nuestra posible extinción.

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