Crónicas de Juárez

Dónde vota el presidente… la elección de 1940

En los comicios de 1940, el resultado ni el mismo candidato ganador, Manuel Ávila Camacho, lo esperaba, incluso el mismo Gonzalo N. Santos recordó que en la tarde el abanderado oficial lloraba su derrota.

Juan de Dios Olivas
Apuntes Políticos

El tableteo de las ametralladoras Thompson escupiendo balas que se escucharon en la casilla Juan Escutia 37 en la Ciudad de México, aquel domingo 7 de julio de 1940 en el que se celebraban elecciones para presidente de la República.

La urna en disputa no era cualquiera, era en la que el presidente de México, Lázaro Cárdenas del Río debía votar.

Antes de la reyerta a tiros, la casilla fue tomada por un grupo de seguidores del candidato opositor, Juan Andrew Almazán, que competía en contra del candidato oficial, Manuel Ávila Camacho.

Quienes irrumpieron a balazos, eran avilacamachistas liderados por el senador Gonzalo N. Santos, “el Alazan Tostado”, considerado el cacique más desalmado que surgió de la Revolución Mexicana, operador electoral del Partido Nacional Revolucionario, llamado en ese momento Partido de la Revolución Mexicana (PRM), en el futuro PRI.

En la casilla, Cárdenas intentó votar dos veces, de acuerdo con testimonios del subsecretario de Gobernación Agustín Arroyo, pero no lo hizo por considerarlo indecoroso por estar la urna en manos de almazanistas y prefería esperar a que los avilacamachistas reaccionarán.

Al Alazán Tostado no le dijeron dos veces y tras reunir un contingente de 300 hombres se dirigió a la casilla Juan Escutia 37, la cual era vigilada desde la azotea de enfrente por personas armadas.

Dos cuadras antes de llegar, fue recibido a tiros, pero la superioridad del grupo de Gonzalo N. Santos se impuso y barrieron a los almazanistas dejando charcos de sangre en el lugar.

El senador mandó llamar ambulancias y a los bomberos. Los primeros recogieron dos cadáveres y a los heridos, mientras que los tragahumos limpiaron a manguerazos la sangre que manchaba la sangre.

Al final, el presidente pudo votar y sus comentarios quedaron grabados y recordados en las memorarías del Alazán Tostado, quien señala que Cárdenas le dijo que la calle estaba muy limpia y él le contesto: “donde vota el presidente de la República no debe haber basura”.

La arremetida fue cometida por Gonzalo N. Santos, fundador del Partido Nacional Revolucionario (que luego se convirtió en PRI), con la credencial número 6, quien fue conocido con el apodo de El Alazán Tostado y su lema que repetía continuamente cuando alguien le preguntaba su estado de ánimo: “como el Alazán Tostado, Primero Muerto que Cansado…”

Gonzalo N. Santos, es considerado el cacique más desalmado que parió la Revolución; en su momento resguardado por 12 mil hombres armados, señor de horca y cuchillo en San Luis Potosí donde fue gobernador y estableció su feudo tras la lucha armada de la Revolución Mexicana.

Al Alazán Tostado, se le atribuyen cientos de muertes de personas por oponerse a sus designios.

Y sí, a sus adversarios simplemente los mandaba “tronar”, a través de su pistolero favorito El Mano Negra o el mismo utilizando su metralleta Thompson o su .45, dependiendo su estado de ánimo.

Cuando algún campesino se negaba a “venderle” sus tierras, decía: ¡que su viuda lo decida!

Antes de la elección de 1940, cuando el gobierno venció al vasconcelismo con el asesinato del joven Germán del Campo, dijo:

“Un pinche muerto más o menos, no me va a quitar el sueño”.

Entre sus descocadas frases también destacan: “La moral es un árbol que da moras o sirve pa’ una chingada; ladrón que roba a bandido, merece ser ascendido”.

En los comicios de 1940, el resultado ni el mismo candidato ganador, Manuel Ávila Camacho, lo esperaba, incluso el mismo Gonzalo N. Santos recordó que en la tarde el abanderado oficial lloraba su derrota.

Su contrincante, el general Juan Andrew Almazán era considerado el más fuerte y popular, pero era un militar que hizo fortuna en la Revolución Mexicana y que aceptó rápidamente los resultados a cambio de jugosos negocios con el nuevo gobierno.

Andrew Almazán había aglutinado a amplios sectores inconformes contra la imposición del candidato oficial y a quienes no se habían sumado al régimen revolucionario y que lo desafiaron pese a que, en cada elección, se desataba la violencia.

En 1940, los almazanistas y avilacamachistas protagonizaron escaramuzas en las calles de la Ciudad de México y el más emblemático enfrentamiento, fue en la casilla Juan Escutia 37 en la Ciudad de México, donde votaría el presidente.

En sus Memorias, el Alazán Tostado recordaba que días antes de la elección, y con la experiencia de la campaña de Vasconcelos de 1929 en mente, propuso adelantarse y atacar a los almazanistas la víspera de la jornada electoral, pero el candidato se mostró confiado y le dijo que dejaran las cosas como estaban.

Ese día, Santos salió de su casa a las 5:30 de la mañana para encontrarse que la mayoría de las casillas de la ciudad estaban en manos de los almazanistas, y sólo entonces, con la aprobación del candidato Ávila Camacho, puso en pie una operación de rescate de la ciudad.

Con el apoyo de 50 hombres “acordamos hacernos raid, arrebatando las ánforas, volteando las mesas electorales patas arriba y dispersando a los dirigentes de las casillas a como diera lugar”, recuerda él mismo en sus memorias, donde se muestra tan orgulloso de los actos como de su Thompson, con la que inició una ofensiva por todo lo alto contra los almazanistas en Las Lomas, en la colonia Condesa y en la Roma.

Pero los almazanistas no estaban mancos y también estaban armados y muy agresivos. En la casilla de Juan Escutia 37 lo recibieron a tiros.

Previamente, los alamazanistas rechazaron a Cárdenas argumentando que la casilla no estaba legalmente instalada conforme a la ley y levantaron un acta.

El presidente escuchó a los inconformes y les prometió que gestionaría que el instalador se presentara. Después se retiró y quien se presentó fue Gonzalo N. Santos al grito de ¡Viva Ávila Camacho! dispersó a los almazanistas.

***

FUENTE: La Moral es un árbol que da moras, Carlos Monsivais, Letras Libres; Acción Nacional. El apetito y las responsabilidades del triunfo, Soledad Loaeza.

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