Opinión

Violencia histórica. ¿De quién es el fracaso?

En la nueva tormenta por las cifras históricas de homicidios en México muchos culpan al actual gobierno de la violencia. Pero en realidad, el ejercicio de desmemoria tiene un problema: el verdadero fracaso no empezó en 2019, sino en los juegos de guerra de quien protegió al indiciado Genaro García Luna

Alberto Najar
Twitter: @anajarnajar

Ciudad de México –En realidad no fue noticia. Desde hace meses en algunos medios, entre opinadores de la academia y sobre todo con legisladores o presidentes de partidos opositores, se anunciaba que las cifras de delincuencia en 2109 serían mayores a 2018, al que en su momento se le consideró el año más violento de la historia reciente.

Así fue. Este año se registraron 34 mil 582 homicidios dolosos según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP).

Esto es 2.5% más que el período anterior. Se confirmó la previsión, y muchos opositores a Andrés Manuel López Obrador festejaron el aumento de la violencia.

Más muertos, masacres, desapariciones y feminicidios fueron motivo de alegre bandera política. Algún periodista fue a la conferencia de prensa matutina del presidente para acusarlo de encabezar el gobierno más sangriento desde la Revolución.

Claro que procuró repetir la frase, acompañadas sus palabras del gesto duro, histriónico ante las cámaras que transmiten el encuentro por YouTube.

Habían pasado cuatro minutos de empezar su intervención y ya el nombre del protagonista era tendencia en Twitter. ¿Casualidad? Sepa. Pero los mensajes se repitieron cientos de veces, especialmente en cuentas de bots atizadas por los personajes que suelen esparcir odio en esa red social.

No fueron pocos los que calificaron como fallida la estrategia contra la violencia. Pero vale la pena preguntarse de quién es el fracaso.

La tendencia alcista de la violencia empezó en 2008 cuando ocurrieron las primeras fracturas de carteles de narcotráfico, y se agudizó a partir de 2010 cuando fue claro el apoyo del gobierno a una organización.

Hablamos del impresentable Felipe Calderón y la vinculación de sus colaboradores con el Cartel de Sinaloa.

Tampoco es nuevo. Desde entonces había indicios de lo que ahora forma parte del expediente de la fiscalía de Estados Unidos, en el caso contra Genaro García Luna.

Pero esto es sólo una parte del fracaso de ese grupo, la parte más conocida. De lo poco que se habla es sobre la decisión de dejar grandes espacios sociales, a veces ciudades enteras, en manos de la delincuencia.

El Estado canceló su obligación de proteger la vida de los ciudadanos, empeñado el gobernante de entonces en sus estrategias diseñadas en el cuarto de guerra que ordenó construir en el sótano de la residencia oficial de Los Pinos.

Tal vez por eso Calderón le llamaba “juguetes” a la ayuda militar por el Plan Mérida. Tal vez por eso la rabia apenas contenida cuando las víctimas de su guerra le reclamaban.

El odio fue el signo de su paso por la administración pública. También el abandono de sus obligaciones y la decisión de propagar la muerte en sus operaciones militares.

Los vacíos que dejó el sujeto en el país fueron llenados por delincuentes. Y una vez en el terreno es difícil que los abandonen.

El siguiente gobierno aplicó una estrategia similar pero con una enorme dosis de frivolidad. Para Enrique Peña Nieto la violencia era un adjetivo en los informes, una tarea obligada a cumplir… Por otros.

Tampoco hubo interés en arrebatar las calles a los delincuentes, perseguir las finanzas de las bandas y mucho menos atender a las víctimas.

La violencia se arraigó. Se volvió parte del escenario, educación para niños y adolescentes, costumbre para resolver conflictos menores.

A esto se suma la diversificación de las bandas, a tal nivel que en algunas regiones el narcotráfico dejó de ser el principal factor de los homicidios.

Es el escenario del último año. Un círculo de violencia que se expresa en asesinatos. Es complicado sacar a los criminales de los espacios ocupados y que reclaman como suyos.

Más complejo es cumplir a destiempo las tareas abandonadas por los gobiernos anteriores. ¿Hay responsabilidad del actual gobierno?

Sí, por la indefinición y falta de claridad en la estrategia. Y también en la forma de comunicarla. No es lo único.

Prácticamente todas las organizaciones internacionales coinciden en que la mejor solución a los delitos es que no haya razones para cometerlos.

Es la propuesta de López Obrador. El problema es que es un plan a largo plazo, y en país que desde hace años está en la sala de urgencias la receta puede parecer insuficiente.

Y un tercer punto es la decisión presidencial de no sancionar a los responsables del baño de sangre. Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa tiene responsabilidad en los miles de muertos, desaparecidos y mutilados por sus juegos de guerra.

Es lo que se analiza en la Corte Internacional de Justicia por la denuncia promovida en su contra. Así, parece contradictorio que en México el único juicio sea en Twitter.

Si éste va a ser el camino mejor ser claros. En la inédita ola de violencia, detrás de las escandalosas cifras de asesinatos en 2019, es momento de señalar a los verdaderos responsables del fracaso.

***

Algo más

Soy uno de los fundadores de Pie de Página. Conozco a diario, y especialmente en las juntas semanales de planeación, el enorme compromiso y profesionalismo de mis compañeros.

Mi vida en el periodismo empezó hace 34 años. Mucha historia me ha tocado ver en estas décadas. Pero es la primera vez que participo en un equipo como éste.

La pasión y cariño que hay detrás de cada uno de los textos, fotos y videos es especial. Me atrevo a decir que inédita en México.

Porque Pie de Página no recibe un centavo de dinero público ni empresarial.

El trabajo de mis compañeros y el mío en este espacio se financia por la confianza construida hace casi 13 años por la Red Periodistas de a Pie, la organización madre de éste y otros proyectos periodísticos que consiguen el respaldo de organizaciones internacionales que creen en nosotros.

Hace unos meses decidimos apostar por el sueño de todos los medios independientes del mundo: vivir de los lectores, de la audiencia.

Emprendimos en diciembre una campaña de fondeo. Cumplimos la meta pero, ¿saben? Lo más valioso no es el dinero sino el respaldo, cariño y solidaridad que encontramos en este camino.

Es una experiencia nueva para mí. Nunca perdí el optimismo. Conozco el valor de nuestro medio y sabía que lo íbamos a lograr. Pero honestamente no esperaba la respuesta, la forma como lo conseguimos.

La coraza para sobrevivir tantos años en este oficio tiene consecuencias.
Personalmente agradezco a quienes aportaron para que Pie de Página se mantenga en el camino. Pero de manera íntima les digo gracias, de todo corazón, por sorprender a este viejo periodista.

Abrazos.

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