Opinión

Javier Corral: perder el piso

El poder marea, transforma a la mayoría de quienes lo consiguen. Nada nuevo. La diferencia es cuando la metamorfosis deja consecuencias y causa daños, especialmente a los periodistas mexicanos. Aquí la fábula de un político respetable que se extravió en el camino y se convirtió en la causa que detestaba

Alberto Najar
Twitter: @anajarnajar

Ciudad de México –A Javier Corral Jurado muchos periodistas lo consideraban un aliado.

Hábil polemista, como legislador se opuso a algunas de las propuestas más regresivas en telecomunicaciones, que aumentaron el poder de las televisoras por encima del Estado.

Defendió a comunicadoras como Carmen Aristegui ante el asedio de dos presidentes, y confrontó abiertamente –cuando pocos se atrevían a hacerlo- al impresentable Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa en los años que ocupó ilegítimamente la casa presidencial.

Un peculiar militante del Partido Acción Nacional (PAN), por el que intercedía con argumentos sólidos pero que al mismo tiempo se mostraba respetuoso y a veces aliado de otros pensamientos, inclusive de izquierda.

Todo se perdió cuando se convirtió en gobernador de Chihuahua. El panista progre, invocador de tolerancia y respeto a los derechos humanos se convirtió en la causa que despreciaba.

Sabía que Miroslava Breach enfrentaba serias amenazas de muerte, pero poco hizo para protegerla.

La periodista fue asesinada el 23 de marzo de 2017. En las investigaciones del crimen quedó clara la participación de militantes del PAN.

Hasta ahora no se conoce de algún pronunciamiento fuerte del gobernador por este caso, ni mucho menos alguna acción directa de su gobierno para investigar la colusión de sus compañeros de partido.

Es grave la actitud de Corral, pero lo es más por una simple razón personal: Miroslava era amiga suya. No fue suficiente para recibir ayuda y protección.

El desdén del gobernador de Chihuahua al periodismo crítico –del que fue activo participante como columnista- se nota en la campaña de su gobierno contra algunos medios como El Diario de Juárez.

Durante una conferencia de prensa el lunes 24 de febrero Corral se negó a responder las preguntas que respetuosamente le formuló la reportera Lucy Sosa, colaboradora en ese periódico e integrante de la Alianza de Medios que promueve la Red de Periodistas de a Pie.

En forma grosera el mandatario repitió las críticas al trabajo de la compañera. No respondió, a pesar de que por su cargo tiene la obligación de dar la cara a la severa crisis de violencia en su estado. De eso le preguntaron.

Javier Corral perdió el piso. Con su actitud no sólo incumple el perfil político y personal que se creó, sino que como mandatario pone en riesgo a quienes ejercen periodismo crítico en una de las regiones más violentas del país.

Es imposible que no lo sepa. En cualquier otro político mexicano habría una posibilidad de que no se percate de la gravedad de sus actos, especialmente hacia los periodistas.

No es el caso de Javier Corral. A estas alturas difícilmente enmendará su actitud. Lo que se difunde en el juicio por el asesinato de Miroslava es muy grave, y se profundiza el peligro a quienes lo difunden con los desplantes del gobernador.

Como periodistas lo que cabe es publicar, hacer visible lo que sucede en Chihuahua.

Los 14 años de la inútil guerra del impresentable Calderón nos ha dejado una lección: el Estado mexicano no tiene la intención de cumplir su responsabilidad primera, proteger y garantizar la vida y derechos de sus ciudadanos.

Con los periodistas es peor. El nivel de impunidad en los casos de agresiones, asesinatos y desapariciones es mayor a la del resto de la población.

Los gobernadores, Javier Corral entre ellos, son parte del Estado mexicano. Nadie discute su derecho a sentirse incómodo por la cobertura crítica de los periodistas, ni tampoco se espera que responda cuando cree que no debe hacerlo.

Pero hay una tarea ineludible, de la que tarde o temprano rendirá cuentas: cumplir con la tarea para la que fue electo. Que garantice el derecho a la información por el que tanto peleó antes de gozar del poder.

Y recordar la congruencia que le ganó aliados, confianza, respaldo. Que le cumplió el sueño de ser gobernador de Chihuahua.

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