Opinión

Las mañaneras de AMLO: el saldo pendiente de los periodistas

Andrés Manuel López Obrador suele promover el debate informado porque se trata de una herramienta fundamental para la democracia, insiste. Pero en esa tarea quienes asisten a sus conferencias de prensa matutinas no parecen cumplir la parte que les toca

Alberto Najar
Twitter: @anajarnajar

Hace unos días, en la conferencia de prensa matutina del presidente Andrés Manuel López Obrador alguien le preguntó su opinión sobre un caso fundamental para el país:

El director de una escuela primaria solía mover las cámaras de vigilancia en el plantel para que no se supiera lo que ocurre en los pasillos.

En otra de esas conferencias mañaneras, como se les conoce, han sido frecuentes los casos de quienes llegan con denuncias contra alcaldes, regidores, o la toma de una caseta en una carretera en algún lugar del norte o el sur del país.

No faltó el caso de una locutora que viajó desde algún condado en Estados Unidos para abrazar al presidente y tomarse una foto con él.

El colmo ocurrió este miércoles, cuando un controvertido personaje demandó al director de la Unidad de Inteligencia Financiera, Santiago Nieto, que se investigue a quienes, según él, promueven un paro nacional de mujeres el 9 de marzo, así como una marcha el día previo.

Sus razones: la cadena Fox News, de tendencia ultraconservadora, publicó que el magnate George Soros financia a movimientos liberales y uno de ellos es cercano a protestas feministas.

La propuesta causó varias tormentas: en Twitter donde el nombre del sujeto, Marco Olvera, fue una de las etiquetas más vistas. En esa red social fue muy difundido el video donde la activista lo confronta al terminar la conferencia mañanera.

Entre los periodistas porque hace varios meses hay una alerta encendida por los ataques en redes sociales contra quienes cuestionan al presidente, y varios de éstos provienen de redes que ahora defienden al polémico asistente a las mañaneras.

Y en la discusión sobre el escenario de comunicación en que se mueve López Obrador. No hay un solo presidente en el mundo que todos los días converse con periodistas, que debata con ellos y responda todas las preguntas.

Esto se pierde de vista en el polarizado escenario en que se mueve el Círculo Rojo, como se bautizó en el sexenio de Vicente Fox a lo que antes se conocía como “opinión pública”.

Pero también es un tema extraviado entre algunos periodistas. Parece que no termina de entenderse la importancia de poder cuestionar al presidente de la República, en un país donde a los mandatarios se les consideraba intocables y semidioses.

Es válido preguntar sobre escuelas, jardines de niños o carreteras. Pero las respuestas no necesariamente debería darlas el jefe del Poder Ejecutivo.

Utilizar las conferencias matutinas para esta clase de cuestionamientos provoca que se pierda el tiempo en temas que, honestamente, son más relevantes para el país que las condiciones de un parque.

Tampoco ayudan las preguntas a modo. Andrés Manuel López Obrador es un personaje carismático, querido por muchos y odiado por otros.

Es verdad que despierta simpatías entre muchos comunicadores, y la tentación de echarle una mano en momentos difíciles puede ser alta.

Sin embargo, los periodistas estamos obligados a recordar siempre cuál es nuestra tarea. El periodismo es una de las principales herramientas de la sociedad para vigilar al poder, echar luz a los rincones oscuros donde se anida la corrupción e impunidad.

El derecho a la información es un elemento fundamental para mantener la paz y democracia.

No es el papel de un reportero pedir que se utilice la fuerza del Estado para investigar a una colega, por más que la intención sea la de ayudar al presidente en un tema que le ha costado popularidad.

Tampoco lo es manipular datos o declaraciones para crear una falsa confrontación, o pretender crear fracasos presidenciales sin sustento alguno, como hacen muchos de los medios tradicionales.

Lo que sucedió este miércoles en la conferencia mañanera es un mensaje, la necesidad de hacer un alto en el camino y revisar si la estrategia seguida hasta ahora es la más funcional para el Gobierno de México.

López Obrador insiste diariamente que el debate es positivo, parte de la democracia que pretende construir.

¿Se cumple el propósito con comunicadores a modo? ¿Por qué los medios críticos no aprovechan los encuentros para cuestionar al presidente con datos y hechos reales?

Quizá porque es más cómodo mantener la tendencia, cuestionar desde la tranquilidad de una computadora con acceso a redes sociales.

Pero México no es Twitter. Diez mujeres son asesinadas cada día. 98 de cada 100 delitos no son castigados. Las agresiones a periodistas no cesan.

Es una de las asignaturas pendientes de López Obrador, las que le han costado puntos en su popularidad, lo que interesa a decenas de millones de mexicanos.

Sobre eso debería ser cuestionado. Debería ser un tema constante en las mañaneras y no sólo el estado del tiempo, la toma de casetas de peaje o la barda que se puede caer en una vecindad.

En eso debería concentrarse el papel de quienes asisten a esos encuentros. Recordar cada mañana la función central del periodismo.
En esa tarea los periodistas tenemos un saldo pendiente.

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