Crónicas de Juárez

Los años dorados de Ciudad Juárez

Cabarets, salones de baile, cantinas, casinos, restaurantes, cafeterías, tiendas de artesanías, hoteles y todo tipo de centros nocturnos se encontraban apostados sobre la avenida Juárez, Mariscal, 16 de Septiembre, Segunda de Ugarte, María Martínez y Lerdo, donde daban servicio las 24 horas, la zona no dormía… en aquellos tiempos se vivía una época de auge, muy similar a la de Las Vegas, con espectáculos y gastronomía de talla mundial

Juan de Dios Olivas/Apuntes Políticos
Fotos: El Juárez de Ayer

Ciudad Juárez –Parejas vestidas con trajes elegantes, muchas de ellas estadounidenses, llegaron en automóviles de lujo aquella noche y tras estacionarse, formaron una larga fila sobre la calle Mariscal en el cruce con Segunda de Ugarte.

Tras una breve espera que para muchos se volvió eterna, por fin comenzaron a ingresar a aquel cabaret, de planta rectangular que tenía entrada en la esquina, rematada por un escudo tallado en cantera en la parte de arriba.

De pronto, las luces se apagaron y en el escenario la melodía de un órgano provoca algarabía y comienza a escucharse un: “At the end of a rainbow, you’ll find a pot of gold; At the end of a story, you’ll find it’s all been told…”

Era el verano de 1962 y en el centro nocturno La Fiesta se presentaba Earl Grant, uno de los artistas del momento, que tenía un tono de voz similar al de Nat King Cole, y que alcanzó en su momento a vender más de 500 mil copias de su álbum “Ebb Tide” y que aquí interpretaba uno de sus éxitos, “The End”.

Salón La Fiesta en los años de 1960

Son escenas de tiempos lejanos, los fronterizos ni siquiera imaginaban la posibilidad de que la ciudad sería opacada por una pandemia como la que se está presentando tras más de una década de violencia que desplomó el turismo y cambio la vida nocturna de Ciudad Juárez. Ni en los años de la segunda guerra mundial se presentó una situación similar.

En aquellas décadas, la zona centro vivía una época dorada cuyo auge inició en los años 20 y que se prolongaría por varias décadas en las que la cara que se presentaba a los visitantes era muy similar a la de Las Vegas, con espectáculos y gastronomía de talla mundial.

Cabarets, salones de baile, cantinas, casinos, restaurantes, cafeterías, tiendas de artesanías, hoteles y todo tipo de centros nocturnos se encontraban apostados sobre la Avenida Juárez, Mariscal, 16 de Septiembre, Segunda de Ugarte, María Martínez, Lerdo así como en callejones y calles aledañas, que daban servicio las 24 horas, la zona no dormía…

La avenida Juárez, en los años de 1950

Atraídos por la diversión nocturna, lo mismo llegaron personajes de alto renombre, políticos, deportistas, estrellas de Hollywood, que turistas y soldados que se encontraban acantonados en Fort Blis.

Entre los visitantes, se encontraban Jack Dempsey y la aviadora Amelia Earhart (1920) y más adelante por la facilidad de los divorcios rápidos Anthony Quinn, Marilyn Monroe, Bette Davis, Lauren Bacall y Zsa Zsa Gabor, quienes también dejaron su leyenda en los bares de la ciudad.

La farándula nacional no sería la excepción; grandes artistas como María Félix, Pedro Armendáriz, los Xochimilcas y los Excéntricos Musicales, los Violines de Villafontana, pulsadores Hermanos Esqueda no sólo harían de esta una de sus ciudades favoritas para presentarse, sino que también formarían parte de quienes disfrutaron de sus noches de encanto.

‘LOS CÉLEBRES ROARING TWENTIES’

Cuando Estados Unidos aprobó en enero de 1920 la Ley Volstead, mejor conocida como la Ley Seca, para prohibir de manera absoluta la producción, venta y consumo de bebidas alcohólicas en todo el país, decenas de centros nocturnos, salones de bailes, cantinas, casinos y restaurantes surgieron del lado mexicano.

Lo anterior se vio favorecido en México por el fin de la Revolución Mexicana y el inicio de una etapa de paz que permitiría a las ciudades fronterizas captar las corrientes de turismo que llegaron de Estados Unidos buscando lo que en su país se prohibió.

Ciudad Juárez no fue la excepción, y se iniciaría así una era dorada que se prolongó por espacio de varias décadas.

La avenida Juárez, en 1940

Aquí, pronto el Ayuntamiento presidido por Alberto E. Delgado, autorizaba la instalación de los casinos Tívoli Garden y el Keno, y al poco tiempo aparecerían El Palenque, Green Lantern (recién demolido) y el Central Café, etc.

También destilerías de licor y fábricas de cerveza se instalarían. La cervecería El Paso Brewing Association se asoció con empresarios juarenses y abrió sus puertas bajo el nombre de Juárez Brewery o Cervecería Juárez. En 1921 se instalaron la fábrica de whisky The Western Distillery y las destilerías D&M y D&W, estas dos últimas provenientes de Kentucky.

En abril de 1926 se inauguraría el Coliseo Juárez, un espacio abierto dedicado casi a todas las facetas del entretenimiento, como peleas de box, gallos, carreras de caballos, de perros, kermesses y competencias atléticas.

El día de su apertura, 8 mil personas, vieron cómo Jack Dempsey noqueaba a cuatro contrincantes en fila.

La avenida Juárez
El tranvia

Los restauranteros paseños también se mudaron y abrieron en Juárez negocios, tan sólo para ofrecer a su clientela comidas con cerveza, vino o champaña que de la noche a la mañana eran un lujo en Estados Unidos por las leyes restrictivas.

Los atractivos que surgieron del lado mexicano, con frecuencia fueron promovidos por empresarios de las ciudades gemelas.

En 1921, el presidente de “Sheldon Hotel Company”, declaró a El Paso Times y The Herald, que “Ciudad Juárez es nuestro capital más grande y apenas empezamos a comprenderlo”.

De igual manera, en 1923 la Cámara de Comercio de la vecina ciudad a través de magazines y periódicos llevó a cabo una campaña publicitaria a favor de Juárez, aprovechando el imán que significaban sus bares y casinos.

Con el auge, también surgirían los problemas. Pronto, el contrabando de licor sería controlado por mafias que se hicieron célebres y se incrementaría la prostitución así como la venta de drogas y con ello, la ciudad adquiriría fama de perversa iniciando la “leyenda negra”.

De hecho, nacerían grupos opositores que consideraban que el puente internacional que unía a El Paso con Juárez era “el camino de la maldad y la vía de perdición”.

Estos últimos serían ignorados y el crecimiento del turismo en Juárez iría en aumento en los años 20 al igual que los negocios dedicados a brindar servicio al visitante. En esa década se llegaron a contabilizar hasta 400 mil visitantes por año.

El gobernador de Chihuahua, Ignacio C. Enríquez, en un intento por parar esa mala fama, ordenaría el cierre de los giros negros, pero tras concluir su periodo de gobierno se volvieron a restablecer, pues durante el breve periodo de inactividad provocaron una caída en los impuestos y se deprimió la economía.

En contraste, el auge que trajo la Ley Seca en los giros negros, vino acompañada de otras atracciones como lo fue la apertura de numerosos hoteles, tiendas de curiosidades y fondas así como la proliferación de taxis que daban servicio a los visitantes.

DIVORCIOS AL VAPOR Y LAS GUERRAS

La Ley Seca vería su final en 1933 al ser derogada y los fronterizos pronto tendrían que buscar nuevas formas de generar ingresos, aunque los giros negros siguieron siendo un baluarte importante en la economía de Ciudad Juárez en las siguientes décadas.

Uno de los factores que contribuyeron a que la vida nocturna de Juárez siguiera siendo atractiva para el turismo fue el de los conflictos bélicos en los que Estados Unidos se involucró, así como los divorcios al “vapor”, autorizados en el estado de Chihuahua.

La avenida Juárez

Durante la Segunda Guerra Mundial y las guerras de Corea y Vietnam, fue típico ver cómo miles de soldados acantonados en Fort Bliss cruzaban a Juárez a buscar entretenimiento mientras eran enviados al frente de batalla.

A lo anterior se sumó la Ley del Divorcio, expedida en 1932 por el gobernador Roberto Fierro, como medida para obtener mayores ingresos, más que para cumplir una función social, lo que a la larga le dio a Juárez fama como lugar para divorcios y matrimonios rápidos o “al vapor”, como fueron conocidos.

Esta Ley provocó que Ciudad Juárez siguiera figurando como destino turístico, pese a que Estados Unidos dio por terminada la prohibición de alcohol en su territorio.

Personalidades como Anthony Quinn, Marilyn Monroe, Franklin D. Roosevelt, Bette Davis, Lauren Bacall y Zsa Zsa Gabor, arribaron a Juárez para obtener un divorcio al vapor.

A partir de los años 40’s, aparecen otros centros nocturnos que se pusieron de moda por la variedad de espectáculos que brindaban. Entre ellos se encontraban el Chairmant, La Cucaracha, El Palacio Chino, El Lobby, El Tívoli y El Stork.

A esos se sumarían El Regis y El Molino Rojo así como el Cabaret Lobby, donde Long John tocaba blues para deleite de quienes acudían a escucharlo.
La mayoría de los cabarets y cantinas estaban en la Avenida Juárez, entre ellos, La Cucaracha, el Jockey Club, el Mint, el Kentucky Bar, El Chicago, y el Manhattan.

Los centros nocturnos invadían también las calles Lerdo, Mariscal y 16 de Septiembre, así como los callejones.

LA FIESTA

Localizado sobre la avenida Mariscal, en la confluencia de la calle Segunda de Ugarte y callejón Guadalupe Victoria, a partir de la década del 50, el cabaret La Fiesta logró sobresalir y alcanzar fama internacional por la variedad de espectáculos que ofrecía.

Salón La Fiesta

Este centro nocturno, originalmente propiedad de los hermanos de nombre Efrén y Mariano Valle, ofrecía en los años 60 espectáculos provenientes de Las Vegas Nevada y la presentación de grandes artistas nacionales e internacionales como María Félix, Pedro Armendáriz. Los Xochimilcas y los Excéntricos Musicales, los Violines de Villafontana, los Pulsadores Hermanos Esqueda, y personajes de talla internacional como Earl Grant.

Al principio, quienes acudían eran invitados por los propietarios del lugar y su acceso se daba tras cumplir ciertas reglas como llegar con chofer, los caballeros estar acompañados de sus esposas, vestir elegantemente y pagar una cuota de 100 dólares por persona.

En el interior, se disfrutaba de dos de las mejores orquestas de la región, cena, los mejores vinos y en numerosas ocasiones de la presentación de artistas de gran fama. Uno de los atractivos del lugar siempre era el decorado, las temáticas siempre fueron diferentes, cambiaban de acuerdo al espectáculo que se presentaba.

El diseño y la construcción del edificio en estilo ecléctico y acabados nacionalistas fueron realizadas por el ingeniero en minería Manuel Leandro Cardona; con ayuda del cantero Jacinto “El Bizcochito” Castro y el ebanista Marcial Esparza, quienes combinaron con armonía en un espacio madera, cantera y tezontle.

La decoración remontaba a un pueblito mexicano con piedra, la cantera y su escalera. Combinaban en el escenario estilos decorativos, que iban desde el prehispánico con el Calendario Azteca en la parte central y en la parte de arriba elementos misionales, coloniales, y otros.

Ahí, en La Fiesta, que el empresario Francisco Yepo logro rescatar recientemente para volverla a reabrir, Earl Grant se presentaría en el verano de 1962 para deleitar a sus fans con su éxito del momento: The End.

***

FUENTES: Martín González de la Vara en Breve Historia de Ciudad Juárez y su región; Armando B. Chávez en Visión Histórica de la Frontera Norte de México; Luis Aboites, en Breve Historia de Chihuahua; David Pérez López, en Los Años Vividos, Ciudad Juárez, Crónicas Pendientes; http://docentes2.uacj.mx, Lidia Sandoval en Historia del Cabaret y Vida Nocturna como Transformadores de la identidad Cultural en el Centro de Ciudad Juárez; Jaime Castañeda, Jaime en “Estrellas de la Noche”)

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