Opinión

La tregua de AMLO

En la histórica y grave pandemia de coronavirus el presidente Andrés Manuel López Obrador propuso una tregua a la estrategia golpista de sus adversarios. No le hicieron caso. Empeñados en su rabia mantienen la estrategia de provocar el fracaso del gobierno, aunque en su rabiosa venganza arriesguen la vida de millones de mexicanos

Alberto Najar
Twitter: @anajarnajar

Hace tiempo que decidí evitar, en lo posible, hablar del presidente Andrés Manuel López Obrador con las personas que quiero.

Es una lección que aprendí en 2006, un período particularmente difícil por la elección presidencial de ese año. Los meses en que el entonces candidato fue definido como “Un peligro para México”.

Días de rabia, odio, de mentiras, suciedad descarada en la mayoría de los medios de comunicación, Televisa el más metido en tales cañerías.

Muchas familias se dividieron. Amistades de toda la vida se extraviaron sin remedio.

Todavía hoy es complicado lidiar con los resabios de ese tiempo oscuro pero de algo sirve la experiencia. El cariño de los amades siempre es más importante que ganar, o perder, un inútil debate político.

En ese 2006 nació la idea de que AMLO, como se conoce en México al presidente de la República, enfrentaba a los mexicanos, dividía familias, separaba matrimonios.

Esta semana recordé esos meses aciagos cuando López Obrador recomendó hacer una pausa en la salvaje y desmedida campaña de odio de sus adversarios.

Una propuesta, dijo, que sólo busca salvar vidas, enfocar los esfuerzos de todo el país en superar la pandemia mundial del Coronavirus.

Machetazo a caballo de espadas. El personaje a quien desde 1996 se acusa de violento, de promover la discordia, de poner en riesgo al país entero resulta ser el primero en llamar a la calma, a la paz.

No es un comentario cualquiera. Implica desde luego un movimiento político, pasar el balón de la respuesta a los agresores.

También, claro, es una especie de mentís, una cachetada con guante blanco a quienes ahora se desgarran las vestiduras y acusan al mandatario de promover violencia y discordia.

Pero sobre todo es un ejercicio contra la desmemoria. No fue el movimiento de López Obrador el que empezó la ola de violencia que ahora nos consume.

Quien desató el odio, la inseguridad, las ansias homicidas entre muchos mexicanos es Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa.

El mismo personaje acusado de difundir mentiras en sus redes sociales, de patrocinar ejércitos de bots para sustentar campañas negras, de desprestigio y odio.

A quien el gobierno de Estados Unidos vincula con el Cartel de Sinaloa, a partir de las negociaciones de su mano derecha en su gobierno. Genaro García Luna, su nombre.

Calderón escribió en Twitter que aceptaba la tregua de López Obrador. Su respuesta se acercó mucho al cinismo político: no polaricemos, dijo, “ni desde la Presidencia (conservadores, etc) ni desde la oposición”.

A saber si es real. Porque la mayoría de sus promotores en redes sociales entendieron algo distinto. Siguieron en su estrategia golpista, el afán de crear una idea inexistente de un país en crisis.

Los mensajes del impresentable personaje evidencian un oportunismo político muy barato.

Al final, en este complicado escenario, no está de más preguntarse a quién le sirve el camino de poner en riesgo al país con aras de cumplir una revancha furiosa por la derrota del 1 de julio de 2018.

Pretender construir la plataforma que suplican a partir de su orfandad política a partir la pandemia de coronavirus es miserable.

No es algo que les preocupe, la historia de las últimas décadas lo deja muy claro.

Para los promotores del odio y la violencia lo más importante es su bienestar. No importa si en ese afán de conseguirlo acercan al país a una debacle.

El problema es que ahora sus afanes de venganza ponen en riesgo la vida de millones de personas.

A personajes como Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa –junto con los periodistas, académicos, payasos e intelectuales que le respaldan- es un terreno conocido.

Sus decisiones de emprender una guerra sangrienta para evadir la etiqueta de ilegítimo lo demuestra.

Pero el resto de los mexicanos no tiene por qué pagar un nuevo costo de esa soberbia. La tregua al odio en tiempos del coronavirus es indispensable.

Cada quien elige el lado de la historia para su juicio.

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