Opinión

La rebelión golpista de los privilegiados

El Consejo Coordinador Empresarial convocó a un “plan alternativo” contra la pandemia de coronavirus. El pretexto es proteger empleos y a la economía, pero en realidad es el inicio de un movimiento que busca sacar del poder al presidente López Obrador en 2022

Alberto Najar
Twitter: @anajarnajar

Una de las discusiones más intensas en estos días de pandemia es el uso masivo de cubrebocas.

No son pocos los que exigen un decreto presidencial para obligar a los mexicanos a cubrirse la mitad de la cara.

Paradójicamente el coronavirus ha servido también para quitar muchas máscaras: de académicos, escritores y periodistas que presumían ser liberales.

O de políticos que en el discurso dicen morirse en la raya por el bienestar del país, pero que en los hechos hacen todo lo posible por esparcir y promover la muerte.

La careta más reciente en caer es la del sector privado. Con el argumento de que el presidente Andrés Manuel López Obrador no atendió sus propuestas, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) anunció un “plan alterno” para enfrentar la pandemia.

El organismo, que representa a las cámaras empresariales más importantes del país, convocó a sindicatos, grupos religiosos y asociaciones de padres de familia a unirse.

El pretexto, dijo el líder del CCE Carlos Salazar, es que “no existe un gobierno que nos organice, nos oriente, conduzca nuestras actividades”.

La idea, aseguran, es proteger empleos, garantizar el ingreso de las familias. Mienten.

La convocatoria del CCE es el principio de una rebelión empresarial contra el gobierno.

Detrás de la intentona se encuentran algunos de los más rabiosos adversarios de López Obrador. Los que promovieron su desafuero en 2005, con la esperanza de cancelar su participación en la contienda presidencial del año siguiente.

Los responsables de la campaña de odio, clasismo y discriminación que emprendieron desde entonces y que mantiene al país en un pozo de rabia y desencuentros.

Es un movimiento golpista, pues claramente la intención es organizar una campaña para minar la credibilidad del presidente y obligarlo a dejar el poder en 2022.

Ese año se espera un referéndum, promovido por el mismo López Obrador, para saber si la mayoría de los mexicanos están de acuerdo en que siga al frente del Poder Ejecutivo.

Los rebeldes quieren tomarle la palabra y presionar para que AMLO pierda la votación. Y para eso, como lo han hecho hasta ahora, echarán mano de toda la guerra sucia, mentiras, amenazas y discriminación que puedan.

Ya empezaron. La etiqueta en Twitter #Nopago es la muestra. Fue un intento de promover una huelga en el pago de impuestos, como una represalia al presidente quien se niega a acatar la orden de los empresarios para que les otorgue estímulos fiscales en la pandemia.

Es una maniobra típica en los golpistas de todo el mundo, la receta inicial para desestabilizar a un gobierno y conseguir el caos en cualquier país.

Hasta en eso son predecibles estos rebeldes.

La idea de que la convocatoria del CCE y otros empresarios busca un golpe de Estado constitucional no es especulación. Lo confesó el mismo presidente del organismo, Carlos Salazar, en un mensaje al sector privado.

“Si alguien cree que ésa es la forma, por favor organícense”, dijo. “Si es lo que queremos pues unámonos, nomás que tenemos que tener a 30 millones de mexicanos detrás de nosotros”.

Es la misma cifra de votantes en favor del presidente. Quién sabe si podrán conseguirlo, pues quienes respaldan este movimiento golpista pertenecen a una élite construida a partir de suprimir derechos laborales.

Son los promotores del outsorcing, de ofrecer contratos leoninos a sus empleados, con sueldos miserables y sin seguridad social.

Ciertamente esos rebeldes no son muy populares. Pero van a hacer su luchita. Y en ese camino habrá mucho lodo, no sólo en redes sociales.

No se pueden descartar acciones más radicales. Qué tan intensas dependerá de la forma como el país –y el gobierno de AMLO- supere la pandemia actual.

Si el resultado es negativo es previsible que intensifiquen sus esfuerzos para atizar el odio aún más el odio hacia el mandatario.

Pero si la estrategia oficial contra la pandemia funciona y el país sale bien librado lo más probable es que estos rebeldes busquen otros temas para, otra vez, seguir en su campaña de odio y desprecio.

Es un lugar común decir que vivimos tiempos de canallas, o de zopilotes como repite López Obrador.

Pero es cierto. Aún falta mucho para salir de este camino de suciedad.

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