COVID-19

Infodemia: rápidos y rabiosos

Durante semanas, los propagadores de odio se han dedicado a sabotear la estrategia de salud para contener al coronavirus. Con mala suerte: hasta ahora no se han presentado los miles de muertos que apetecían. A estos personajes les quedó mal la pandemia

Alberto Najar / @anajarnajar

Como muchos en México a mi cuenta de WhatsApp llegan decenas, a veces cientos de mensajes al día.

La mayor parte son noticias, comunicados, conversaciones entre colegas. Pero también aparecen, especialmente en estos días, supuestas alertas sobre la pandemia de coronavirus.

Son mentiras, algunas evidentemente burdas. Van desde avisos para quedarse en casa porque empezarán toques de queda hasta videos de personas que dicen haber sido contagiados de coronavirus por una inyección.

Abundan las que culpan al gobierno del presidente Andrés Manuel
López Obrador de aplicar acciones no adecuadas o dejar morir a las
personas contagiadas.

Al principio me causó sorpresa –y enojo, lo confieso- ver cómo hubo algunas personas que se creyeron tales babosadas, e inclusive las compartieron en sus redes personales.

Y no eran personas con poca educación, o quienes son abiertamente opositores. Algunos de mis contactos son votantes de la derecha.

Entre los más convencidos de la veracidad de estos mensajes hay abogados, expertos en mercadotecnia, arquitectos y graduados en comunicación, por ejemplo.

Es parte de la llamada “infodemia”, la propagación masiva de mensajes de odio, mentiras y noticias falsas. La difusión por WhatsApp es la siguiente etapa de las campañas más conocidas en Twitter o Facebook.

Ha resultado muy efectiva básicamente porque es una red privada. Solamente los invitados a participar reciben los mensajes, y tendrían la posibilidad de refutar las mentiras.

Casi no lo hacen. Los administradores de estas redes de odio saben bien a quiénes elegir, conocen los perfiles de incautos que les servirán en el propósito de extender silenciosamente la infodemia.

En estos días el gobierno de López Obrador anunció una nueva estrategia para tratar de contener la propagación de mentiras en redes sociales.

Habla específicamente de los espacios públicos como Twitter donde la participación es masiva y en los cuales, insisten las autoridades, hay una ganancia importante de dinero por estas campañas.

Pero no ha sido posible meterse con redes como WhatsApp. Es, por ahora, el terreno más fértil de los opositores.

También evidencia la estrategia cada vez más clara de provocar un golpe de estado constitucional en 2022, y también muestra la capacidad de articulación que han logrado en estos meses.

Se nota a diario. Al inicio de la pandemia el centro de las críticas fue el bajo número de pruebas para detectar anticuerpos contra el coronavirus.

México no las aplicó de manera masiva como en otros países y por eso no se detectaron todos los casos, fue el argumento. La respuesta, repetida decenas de veces, fue que no existe evidencia científica de que tales procedimientos sean realmente útiles.

Ante el fracaso de la hipótesis los opositores se concentraron en la escasez de equipo médico especializado para atender a pacientes graves.

Cuando los hospitales empezaron a abastecerse cambiaron de municiones y se enfocaron en el jefe del equipo oficial contra la pandemia, el doctor Hugo López-Gatell.

En esas andan todavía, auxiliados con el respaldo de medios tradicionales huérfanos del dinero público que les ha mantenido con vida durante décadas. El chayote, para decirlo en el caló del periodismo mexicano.

Llama la atención de capacidad de moverse de un tema a otro. Los propagadores de odio son rápidos y cada vez más rabiosos en sus campañas de miedo.

Hay razones para su desesperación. Hasta ahora, las medidas sanitarias aplicadas en el país han resultado eficientes para reducir la velocidad de propagación del coronavirus.

Sus pronósticos catastróficos no se han presentado. Y posiblemente no aparezcan.

Para ellos es frustrante que México no sea un espejo de lo ocurrido en Guayaquil, Ecuador, donde las imágenes de decenas de personas muertas por covid en las calles dieron la vuelta al mundo.

En este escenario puede ser hasta entendible su desesperación. El nivel de contagios parece empezar su entrar fase de declive en varias regiones del país.

A personajes como el impresentable Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, sus voceros y lacayos oficiosos y alguno que otro colado al festín del odio, les falló la pandemia.

Si las expectativas oficiales se cumplen se quedarán con las ganas de ver morir a miles de personas, a lo que tanto son aficionados.

Así, lo más probable es que aceleren el paso en su estrategia de miedo, terror y violencia mediática. Serán cada vez más rápidos y más rabiosos.

Ciudad de México, donde vive la mayor parte de los propagadores de odio, se encuentra en la etapa más crítica de la covid. Vienen días intensos en el índice de contagios y ocupación de hospitales.

Y se espera, claro, la fase más intensa de la infodemia.

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