COVID-19

“Nadie dice lo que pasa después del alta, queda el miedo”: sobreviviente del COVID-19

Esta es la historia de Linda y Mateos una pareja que logró superar el coronavirus. Ella narra el testimonio de cómo enfrentaron la enfermedad

Martín Orquiz / La Verdad

Aislamiento, pánico, desesperación, ansiedad, incertidumbre y dolor forman parte de la gama de emociones y circunstancias que experimentan Linda y Mateo, una pareja de esposos que sobrevivió al COVID-19, durante las últimas semanas.

A pesar de que ya están casi fuera de peligro, Linda, de 40 años y empleada de una oficina pública, cuenta que el suplicio todavía no concluye para ellos porque considera que aún quedan muchas secuelas por enfrentar porque el camino hacia la recuperación no termina al vencer clínicamente al virus.

“Nadie dice lo que pasa después del alta, queda la ansiedad y el miedo”, menciona. “A él (Mateo, de 40 años y también empleado) le dio, los últimos días, ansiedad, tenía que quedarme hablando con él para calmarlo, realmente es muy duro pasar por esto”.

Tal es su temor, que aun ahora ambos permanecen recluidos en su domicilio, mientras que sus familiares se encargan de llevarles lo indispensable para subsistir, pero no los reciben, todo se los dejan en las escaleras de su hogar.

El camino a la recuperación total, es largo y abrupto, dice Linda, quien cuenta su historia con la condición de resguardar su identidad.

“Esta es nuestra quinta semana y él se va recuperando gracias a Dios, aún faltan estudios, la tomografía, los análisis de sangre y un electrocardiograma para confirmar su evolución favorable y ver qué tanto se dañaron sus pulmones, todavía tiene dolor en los pulmones”, explica.

La enfermedad, agrega, en sí puede durar unos 15 días, pero las secuelas son mucho más prolongadas.

A la fecha, en el estado de Chihuahua suman 313 personas que se han recuperado de la enfermedad, de acuerdo con el reporte de Salud estatal presentado este 19 de mayo, donde también se informa que suman ya mil 142 contagios y 209 personas fallecidas en la entidad.

Los síntomas, un calvario

Su calvario inició a principios de abril, pero realmente desconocen dónde o cómo fue que se contagiaron, respetaron la cuarentena decretada desde mediados de marzo y sólo salían a realizar compras de alimentos y artículos de primera necesidad.

De hecho, Mateo le comentó que sólo saldría él para que ella no corriera riesgos debido a que ella padece diabetes.

Aun así, Linda y su esposo contrajeron COVID-19, inicialmente la mujer sufrió agotamiento, luego dolor de cabeza (específicamente en la frente y la sien), luego se le fue el sentido del olfato y el apetito; al final, padeció diarrea.

Sus síntomas, sin embargo, fueron leves comparados con los que tuvo Mateo, sólo duró ocho días padeciéndolos, cuando la revisó un médico le comentó que se encontraba muy bien a pesar de ser diabética.

El hombre no corrió con la misma suerte: experimentó dolor muscular, fatiga, no podía hablar, temperatura, oxigenación baja y las ondas de su corazón salieron por encima de los parámetros, él no es diabético y también se elevó su glucosa. No respondió al tratamiento y lo tuvo que internar.

Su PCR (prueba para detectar el Covid por sus siglas en inglés, Polymerase Chain Reaction, reacción en cadena de la polimerasa), salió como falso negativo, su diagnóstico fue neumonía atípica, que a fin de cuentas no es más que COVID-19, afirma Linda, quien estudió enfermería y conoce de la materia.

La razón, añade, fue que se le hizo la prueba fuera de tiempo.

“Los falsos negativos se dan comúnmente porque, para que la prueba salga fidedigna, debe hacerse durante los primeros tres días de sintomatología”, dice. “Yo lo llevé al cuarto día (al hospital), llegamos muy a tiempo porque yo tengo los conocimientos e instrumentos para monitorear, gracias a Dios”.

Inicialmente ambos se revisaron en un hospital privado, pero cuando Mateo cayó grave les pedían 300 mil pesos para ingresarlo, entonces optaron por acudir al Hospital General. En los dos recibió tratamiento como paciente de COVID-19.

Todo ocurrió, recuerda, de una forma vertiginosa.

Él le decía que se sentía bien esa mañana, pero cuando le midió la saturación de oxígeno, supo que ya no podía tenerlo en casa, en sólo tres horas su salud decayó de forma evidente. Además, una de sus amigas, que es enfermera, le llamó y al enterarse de la situación le dijo que lo internara de inmediato, que no le quitara la oportunidad de recuperarse.

“Temblando y con muchas ganas de llorar, lo arreglé y me lo llevé al hospital, él ya no iba bien, estaba ya desorientado”, comenta.

Debido a sus estudios de enfermería posee algunos aparatos, entre ellos un pulsoxímetro, que mide la oxigenación del cuerpo.

Tiene la convicción de que ese instrumento ayudó a salvarle la vida a Mateo, aconseja que es un elemento que debería estar en todo hogar para vigilar esta enfermedad, pero, desgraciadamente, se enteró de que su precio se triplicó durante esta contingencia.

Su esposo fue llevado a tiempo al hospital, sólo le colocaron una mascarilla de oxígeno y no lo intubaron. Esa es la diferencia, señala, de llevar a los pacientes de COVID-19 de forma oportuna a que reciban atención.

“Yo todo documentaba con fotos, anotaciones, también las llamadas de los Servicios Estatales de Salud que nos monitoreaban todos los días después del alta, nombres, medicamentos, todo”, menciona.

Aunque el viernes 22 de mayo terminarán sus 15 días de aislamiento, el miedo parece estático: “Me da pánico salir, pido todo a domicilio, el mandado, insumos médicos…”.

La recuperación tampoco termina todavía. Cuando Mateo estaba en casa se mostraba desorientado, en el hospital tuvo alucinaciones provocadas, analiza, posiblemente por el medicamento,

Cuando Mateo fue dado de alta, Linda esperó por tres horas a que su esposo saliera, en ese lapso pudo atestiguar que personal de un par de funerarias llegó a recoger el mismo número de personas fallecidas a causa del COVID-19.

“Gracias a Dios nosotros salimos adelante. El sufrimiento es tolerable a comparación con la gente que no logra sobrevivir. Son cosas que la gente debe saber, que sí existen sobrevivientes”, comenta.

Expresa agradecimiento al personal médico, enfermería, trabajo social, intendencia y cafetería, que atendió a su esposo en el Hospital General y que logró que sobreviviera.

Su esposo, dice, es una persona que realmente merecía una oportunidad de vivir y no entiende por qué a la gente buena le pasan cosas así, pero no puede cuestionar a Dios porque la escuchó y le está infinitamente agradecida.

Ahora, afirma, tiene el compromiso de convertirse en un mejor ser humano: “Mateo y yo pensamos que por algo se nos brindó otra oportunidad. La vamos a aprovechar realmente”.

laverdadjz@gmail.com

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