Opinión

Las lecciones de la empresa para la reactivación económica

El gran reto para la reapertura económica es lo contagioso del virus y su característica de tener portadores asintomáticos, pero las empresas pueden ser un elemento que brinde mayor orden y disciplina para el combate al virus y avanzar en la nueva normalidad

José Mario Sánchez Soledad

La pandemia nos está dejando muchas lecciones y una de ellas es revalorizar o hasta redefinir el valor de la empresa como célula de la sociedad. Por muchos años se ha escuchado que la familia, la empresa, la escuela, la iglesia y la colonia, son las células u organizaciones básicas de una comunidad. Y éstas tienen funciones esenciales para el ser humano.

La familia proveé los principios básicos, la seguridad personal. La escuela amplía los principios y el conocimiento, nos hace personas con capacidad para resolver problemas. La iglesia nos hace seres humanos sensibles, con propósito de trascendencia. La colonia debe ser una extensión de la seguridad familiar.

Por lo regular, la empresa en México es mal entendida. Con frecuencia, se le ve sólo desde la perspectiva de generación de ganancia para el capital y de explotación del trabajo. Y esto no es la función trascendental de la empresa, es un error verla desde sólo esa perspectiva materialista.

Así como todas las demás células básicas de la sociedad humana, la empresa debe tener funciones educativas, de seguridad y fortaleza para todos los que pertenecen a ella, tanto trabajo como capital. En esta ciudad hay muchos ejemplos de empresas con programas de educación continua y apoyo a sus empleados, así como otros programas de responsabilidad social.

El gobierno, durante la pandemia, ha exigido a las empresas, por el bien de todos, el hacer sacrificios muy fuertes como cerrar operaciones, seguir pagando impuestos, seguir cumpliendo con sueldos y salarios. La mayoría han pagado sueldos y salarios del 100 por ciento y han gastado miles de millones de pesos al respecto. Conozco el caso de una industria de transformación que tiene sin operar más de dos meses y ha sufragado más de siete millones de dólares en apoyo al ingreso de sus empleados confinados y así existen muchos otros ejemplos. La empresa juarense ha cumplido bien en lo general y sin apoyo real por parte de la autoridad. Se me viene a la mente muchos restaurantes y negocios de diversión que, por cumplir, enfrentan la quiebra.

Ahora la pandemia nos presenta un reto. El virus estará presente en nuestro futuro inmediato y mientras no exista vacuna o tratamiento seguro, vamos a tener que convivir con sus posibles consecuencias.

En esta situación, ya no es posible seguir un comportamiento de avestruz escondida en el agujero. Seguir cerrados no es sostenible, la pérdida de miles de empleos y el incremento de la pobreza puede generar daños similares o peores que la misma pandemia.

Por eso la empresa no puede considerarse sólo como una institución de interés material puro, ni tampoco se le puede satanizar o responsabilizar de la desgracia cuando en realidad ha sido promotora del bien general. Un dato, la gente se fue a su casa con sueldo pagado y a pesar de estar en cuarentena las infecciones se siguieron dando, la infección no provino de la empresa, fue generada por la falta de disciplina e irresponsabilidad ciudadana. Así también lo demostró el aumento de mujeres hospitalizadas debido al impacto de las celebraciones del día de la madre en las casas habitación.

Para salir de la crisis será necesario darle toda su dimensión a lo que es y debe ser una empresa, no solo un lugar para generar utilidad. La empresa debe ser un ente educativo, de vigilancia y protección para todos los que laboran en ella. Ésa es la dimensión social verdadera de la empresa, es una célula básica de organización social, que debe generar bienestar integral para todos los que participan en ella.

Una función muy importante de la autoridad es vigilar la justicia laboral y empresarial. El estado debe coadyuvar con la actividad económica para que la empresa genere ese bien integral a la sociedad.

En estos dos últimos meses hemos visto cómo las empresas que permanecieron abiertas se han esforzado para garantizar mayor seguridad, adoptando protocolos generados por ellas mismas y antes de que fueran obligatorios por ley. De pronto aparecieron tapabocas, caretas, pantallas de acrílico, dispensarios de gel, programas de limpieza y sanidad de instalaciones, protocolos, abasto de mascarillas, círculos pintados en el piso, esquemas de orden y atención, abasto de equipo médico, programas de apoyo al gobierno, donaciones a la autoridad. La empresa y el ciudadano se han abastecido por sus propios medios para su seguridad.

Mi madre dice que las comparaciones son odiosas, pero en este caso creo necesario realizarlas. Los protocolos seguidos por los empleados que se han mantenido laborando han sido ejecutados con mayor disciplina (vigilados bajo las empresas) en comparación con los protocolos dictados por la autoridad a nivel general. La gente se mandó a sus casas y éstas en lugar de resguardarse, lo tomaron como vacaciones, realizando reuniones familiares, paseos, compras y fiestas. Se calcula que sólo un 40 por ciento de la población obedeció los protocolos oficiales, el resto no lo hizo, por indisciplina, incredulidad o por la informalidad. Además de la realidad de que muchos si no trabajan, no comen.

La anterior experiencia ha demostrado que las empresas y el trabajo ayudan a estructurar y ordenar el comportamiento de la población porque la productividad provee una rutina y una disciplina diaria.

También es importante mencionar que el cierre de empresas y la cuarentena fue necesaria. Esto nos ha ayudado a evitar una crisis mayor de colapso en la infraestructura de salud y también nos ha dado tiempo para conocer los impactos y comportamiento del virus, así como el comportamiento de la población ante la crisis.

El gran reto para la reapertura económica es lo contagioso del virus y su característica de tener portadores asintomáticos. Lo anterior es un problema para la funcionalidad de la sociedad al no poder ver quiénes son propagadores del virus. Estamos a ciegas, solo conocemos los resultados post impacto del virus, éstos sirven para administrar la curva y evitar el colapso de la infraestructura de salud, pero no es información suficiente o funcional para la operatividad de la economía.

Las decisiones deben ser tomadas con la mayor información, seriedad y transparencia, porque se está hablando de una situación de vida o muerte. Las decisiones no pueden ser sólo pensando en lo material, tienen que tomarse procurando la protección de la vida y la seguridad de todos, capital y trabajo.

Ahora se evidencia la necesidad de aplicar pruebas de detección masiva y poder así administrar rebaños de población de infectados activos, así como aquellos que ya han desarrollado anticuerpos. Esto es fácil decirlo y debe de tratar de hacerse, pero también se enfrentan complicaciones financieras y de abasto para realizarlo.

Considerando lo anterior se llega a la necesidad de proponer que la empresa puede ser un elemento que brinde mayor orden y disciplina para el combate al virus por diferentes razones:

  1. Puede adoptar, aplicar y garantizar protocolos de salud,
  2. Provee rutinas, disciplina y orden a la población,
  3. Es de su propio interés el derrotar al virus lo más pronto posible (ni capital, ni trabajo quieren morir),
  4. Cuenta con recursos financieros y humanos para hacerlo.

Para avanzar en la apertura económica, Ciudad Juárez tiene como gran ventaja que la mayor parte de la población trabaja en empresas que tienen que lidiar principalmente con poblaciones internas. Por ejemplo, la industria de la transformación y de la construcción de casas habitación nuevas pasan su día sólo conviviendo con su población interna. Hay otras actividades, como son el comercio y los servicios que están forzados a convivir con poblaciones internas y además externas (clientes).

Las poblaciones externas son las más difíciles de controlar, por eso se puede vislumbrar que las actividades masivas y públicas son las que tardarán más en reactivarse.

Al permitirse la apertura de los centros de transformación, se deben adoptar protocolos que tengan como objetivo la prevención al extremo para evitar contaminar a la población interna. Por ende, el trabajo de vigilancia debe iniciarse desde antes de salir de casa. Ya existen organizaciones que exigen a sus trabajadores contestar un cuestionario en línea antes de presentarse al centro de trabajo y el tratamiento, en caso de síntomas, está siendo promovido desde el inicio de la infección, además de los protocolos en el centro laboral. La letalidad de la infección ha demostrado la falta de atención oportuna de la enfermedad. Tristemente, en el caso de muchos infectados, éstos han recurrido a los servicios de salud hasta que ya es muy complicada la recuperación y no ha existido una vigilancia previa, la oportunidad del servicio médico ha sido cuestionable.

Por último, es vital la comunicación profesional y la transparencia. Se van a enfrentar muchos retos y hasta retrocesos. El enemigo es muy peligroso y difícil de vencer. Con seguridad las organizaciones enfrentarán retos y si éstas son perseguidas, calumniadas o exhibidas, sólo se logrará su ostracismo y se retardará el regreso a la normalidad.

Estamos de acuerdo con la vigilancia y la denuncia, pero debemos entender que todos navegamos en el mismo barco y sólo en la unidad saldremos triunfantes de esta prueba.

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