Corrupción

Denuncia a policías estatales por robo y arresto ilegal, lo matan

Fotografía tomada de video

El tío del adolescente detenido por elementos de las fuerzas especiales de Chihuahua fue asesinado casi un mes y medio después de que denunció a los agentes; su familia abandonó la ciudad por temor y desconfianza de las autoridades. Compartimos esta historia narrada por un hermano de la víctima

Martín Orquiz
La Verdad

Asesinado, en el interior de la cajuela de su propio vehículo y con varios disparos sobre su cuerpo, así fue localizado el hombre que denunció a los agentes de la Comisión Estatal de Seguridad (CES) acusados de inventar delitos a un adolescente tras saquear su casa.

Se trata de José Ángel M. M., tío del adolescente de 16 años arrestado por los policías estatales el pasado 30 de enero, en la colonia 16 de Septiembre, al poniente de la ciudad.

Su cadáver fue localizado casi un mes y medio después de interponer la denuncia contra los agentes e iniciar su propia investigación para exigir justicia para su familia.

Buscar justicia le costó la vida, asegura un hermano de José Ángel, quien solicita el resguardo de su identidad por temor y desconfianza hacia las autoridades.

Él denunció, consiguió todos los elementos para probar el robo y exigir justicia, narra el hombre sin titubear, aunque la voz se le quiebra varias veces durante su relato de lo que han vivido desde el 30 de enero, cuando los policías estatales en servicio y con uniforme detuvieron a su sobrino y robaron su vivienda.

Ahora, toda su familia está escondida, se fueron de la ciudad, tuvieron que dejar la frontera para no terminar igual, porque varios de sus parientes recibieron llamadas telefónicas para advertirles que “si le seguían moviendo” también los matarían, cuenta el hombre en entrevista por teléfono con La Verdad.

Nueve agentes acusados por estos hechos fueron detenidos el 3 de junio y se les inició un proceso penal por robo, abuso de autoridad y uso ilegal de la fuerza, anunció la Fiscalía General del Estado de Chihuahua. Dos más se encuentran prófugos.

“Tenemos mucho miedo de que los agentes que siguen libres nos hagan algo a nosotros”, comenta el hombre que sospecha del involucramiento de un comandante en este caso.

Considera que una protección para sobrevivir es que se haga del conocimiento público su historia, lo que han vivido él y su familia, pero también que se haga justicia.

Por eso, dice, la acusación contra los agentes les parece insuficiente. Su familia busca que los agentes detenidos también sean investigados por el homicidio de José Ángel.

“Queremos agilizar y que los acusen de lo que en realidad pasó y de lo que hicieron: de la muerte de mi hermano”, exige. “Que paguen por lo que hicieron, que les den los años que la justicia considere necesarios, pero ojalá que no volvieran a salir a afectar a más familias”.

Consultado sobre el tema, el coordinador de Comunicación Social de la Fiscalía en la zona norte, Alejandro Ruvalcaba, informó que se trabaja en la integración de una carpeta de investigación por el homicidio de José Ángel M. M., pero no habrá comentarios acerca de su contenido debido a la secrecía de la indagatoria.

Fotografía tomada de video

Los hechos, el testimonio

La madrugada del 22 de marzo, el cadáver de José Ángel fue encontrado en la cajuela de su propio vehículo, abandonado sobre el Camino Real y casi prolongación de la avenida 16 de Septiembre, al poniente de la ciudad. Tenía varios balazos, uno de ellos en la cabeza.

Sin embargo, la pesadilla para su familia comenzó el pasado 30 de enero, cuando su sobrino y dos de sus hermanas de 11 y 9 años, caminaban por la tarde en dirección a un parque cercano a su domicilio, ubicado en la colonia 16 de Septiembre, para encontrarse con sus amigos.

Las niñas se adelantaron dos o tres cuadras, mientras que el varón se quedó atrás; de pronto llegaron al lugar patrullas con la insignia de Fuerzas Especiales a los costados, detuvieron su marcha y enseguida abordaron al adolescente, narra vía telefónica el hermano de la víctima.

Los agentes le preguntaron que a dónde se dirigía, les contestó que a un parque cercano. Enseguida lo cuestionaron sobre su domicilio, respondió que estaba muy cerca.

El hostigamiento siguió para que les dijera si había personas adultas en el domicilio, a lo que respondió que no, cuenta al reconstruir los hechos.

Los oficiales presuntamente quisieron asegurarse de que el adolescente decía la verdad y lo subieron a la unidad oficial para acercarse a la casa. Al arribar, le pidieron que descendiera de la patrulla y abriera la puerta de la vivienda.

Al menos unos cinco policías entraron detrás de su sobrino, dice, mientras que el resto se quedó en el exterior. En total, calcula la intervención de entre 15 y 20 agentes.

Casi de inmediato, los intrusos provocaron un corto para que el sistema de cámaras de vigilancia instalado en la vivienda dejara de funcionar y, según el testimonio del menor, comenzaron a revisar todo, cuenta el hombre.

José Ángel, el tío del adolescente detenido, era comerciante, carnicero, y compraba y vendía automóviles usados, así que tenía dos vehículos y una pick up F150 de color arena en el patio, mientras que en su recámara había una caja fuerte, asegura el entrevistado.

Cuando los policías observaron que había cosas de valor comenzaron a apoderarse de algunas, como cascos de motocicleta y ropa, mientras unos se apoderaron de la caja fuerte, otros se robaron diversos artículos.

En la casa tienen dos televisores con pantalla de 70 pulgadas, aunque intentaron desmontarlas de sus bases, solo las destrozaron debido a que tienen candado.

Lo que sí pudieron mover fue la caja fuerte, donde había papeles de automóviles, facturas de joyas, además de 150 mil pesos en efectivo, una cantidad no establecida de dólares y varios relojes y cadenas, pero también se llevaron al adolescente detenido, afirma.

Para trasladar los objetos, menciona el entrevistado, los agentes forzaron el portón eléctrico del patio para meter una de las patrullas y cargarla, lo mismo hicieron con la pick up F-150

Varios vecinos observaron el movimiento policiaco, por lo que se comunicaron con José Ángel para avisarle, pero debido a que se encontraba lejos tardó unos 40 minutos en llegar. Ya no encontró a nadie, solo los destrozos hechos por los policías.

Luego de investigar lo que pasó, José Ángel se dirigió a la Fiscalía para buscar a su sobrino, pues los vecinos le dijeron que se lo habían llevado policías estatales; ahí se enteró que los agentes acusaron al menor de vender “papeles” de cocaína y que viajaba a bordo de la F-150 cuando fue interceptado, lo que le pareció inverosímil.

Contrató a un abogado y comenzó a pelear por la inocencia de su pariente, quien después de varios días obtuvo su libertad, al tiempo que inició la denuncia contra los oficiales por el robo de sus pertenencias.

El menor de edad tiene problemas de salud serios, de los que no dio detalles pero fueron demostrados ante el Ministerio Público, además presentó la versión de sus vecinos, quienes observaron el movimiento policiaco y cómo los agentes fueron quienes sacaron la pick up del domicilio.

El hermano de José Ángel indica que todos creyeron que las imágenes captadas en video estaban perdidas por el daño que le causaron al sistema de videovigilancia, pero algunas amistades les ayudaron a “bajarlas de la nube” digital, debido a que la red de vigilancia estaba conectada a sus teléfonos, así lograron probar parte de la versión del robo cometido por los oficiales.

Entre sus gestiones ante la Fiscalía, la víctima de homicidio se entrevistó con un comandante de la corporación, quien se identificó con el apellido Flores, y con un agente del Ministerio Público, a quienes entregó las pruebas recabadas.

El afectado continuó con las diligencias que le marcaba Flores, cuenta su hermano, hasta que apareció en la escena una persona al que identifica solo como ‘El Tín’, amigo de José Ángel desde hace unos 15 años. Asegura que no sabe si es agente estatal activo o que trabajó en la Fiscalía.

Lo que sí sabe, dice, es que ‘El Tín’ le ofreció a su hermano su respaldo e incluso lo acompañó a interponer su denuncia formal, con los elementos que logró recabar en su propia investigación. También, asegura, fue el último que lo vio con vida.

El comandante de la corporación le pidió a su hermano mostrar las facturas de lo robado para demostrar su propiedad, pero iban dentro de la caja fuerte; sin embargo, acudió a la joyería y logró que le dieran copias de los comprobantes de venta, los que exibió ante la autoridad. Así demostró que lo que se llevaron los policías era de su propiedad, cuenta.

Narra que poco a poco, José Ángel fue obteniendo pruebas hasta que Flores le comentó que era un asunto delicado y que iban a proceder, pero le recomendó que tuviera cuidado porque no eran uno o dos los policías involucrados, sino varios y que su comandante participó también.

Además, le comentó que tenían datos que indicaban la participación de unos 20 policías estatales en actividades ilícitas similares.

Durante sus asistencias a la FGE, José Ángel se topó con otras posibles víctimas de los elementos, entre ellas una mujer que acudió a denunciar que su esposo sufrió un secuestro exprés por parte de policías, quienes le pidieron 50 mil pesos para no consignarlo por delitos contra la salud, asegura el hombre.

Un mes después de que su hermano interpuso la denuncia, cuenta el entrevistado, no había resultados, incluso buscó negociar con los policías para que le entregaran los papeles que había en la caja fuerte a cambio de 20 mil pesos y de retirar la denuncia, olvidándose del efectivo que se habían llevado. “El Tín” estaba enterado de ese hecho.

Para entonces ya nadie habitaba la casa saqueada, por temor abandonaron el lugar, asegura. Pero un día, José Ángel acudió a revisarla y encontró los papeles que estaban en su caja fuerte metidos en un hueco de una de las paredes, sospechó que los policías entraron a la vivienda con las llaves que le quitaron a su sobrino.

Entre el 20 y el 21 de marzo, recuerda el quejoso, ‘El Tín’ le marcó a su hermano para invitarle unas cervezas, no desconfío debido a que tenían muchos años de amistad. Una persona que estaba con José Ángel tuvo conocimiento de esa cita.

Desde entonces, dice, “ya no volvimos a saber de él”. Su hermano ya no respondió a las llamadas que le hicieron a su teléfono, pero el testigo les dijo que se había ido con su amigo.

La mañana del 22 de marzo, les comunicaron que habían encontrado muerto a su hermano en el Camino Real.

El viacrusis continuó. A los tres días agentes del Ministerio Público y de Asuntos Internos de la FGE estuvieron hablándoles a sus teléfonos indicándoles que tenían que presentar a su sobrino para que ampliara su declaración en torno a los hechos. También para darle protección y que no le pasara lo mismo que a José Ángel.

La desconfianza ya estaba sembrada y consultaron con varias personas, quienes les dijeron que aquí no existe algún programa de protección a testigos, por lo que desdeñaron la petición oficial por desconfianza.

“Quieren matarlo porque es el único testigo que queda en este caso, nos dijeron: no lo presenten, no se acerquen, salgan huyendo de la ciudad”, dice el hombre, y eso hicieron todos los de su familia.

Luego del homicidio, marcaron al número del papá del adolescente para advertirle: “sabes qué cabrón, ve lo que le pasó a tu hermano, se calman su pinche pedo güey o le va a pasar lo mismo a toda la familia”.

Dejaron todo. La familia escapó, pero les siguieron marcando, algunos incluso cambiaron de número telefónico ante el hostigamiento.

Mientras, las autoridades insistieron en que presentaran al adolescente y les aseguraron que habría consecuencias para los elementos estatales.

“No somos tontos. Lógico, ¿para qué lo quieren? Es el único testigo y lo quieren matar también”, afirma, así que mejor lo sacaron de la ciudad.

A pesar del miedo, ahora buscan justicia para José Ángel y que las autoridades no vayan a salir con que no hubo pruebas suficientes y los dejen libres. Hasta ahora únicamente los acusan de robo, pero todavía no giran órdenes contra ellos por el homicidio, se queja.

“Nosotros ya no estamos en Ciudad Juárez porque fuimos amenazados por ellos mismos cuando pasó el homicidio.

Probablemente regresemos, pero primero queremos asegurarnos, ir con personas de la Fiscalía, ver que no estén involucradas, ver qué es lo que está pasando”, añade.

Antes de volver, desean que su historia se haga pública para que la ciudadanía se entere de lo que ocurrió y, de alguna forma, estar protegidos contra las acciones ilegales de los oficiales.

Pero, más que nada, su objetivo es obtener castigo para quienes asesinaron a José Ángel tan solo por exigir sus derechos y enfrentar a policías corruptos.

Justicia, “eso es lo que andamos buscando”, sentencia.

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