Opinión

Roberto Vázquez Muñoz: una vida con dimensión ética

De profesión fue médico, aunque Vázquez Muñoz hizo de la política una actividad humana de alta dimensión por la entrega a los otros, en este caso a los explotados, los oprimidos, los olvidados. Se ha ido un hombre indispensable y de los que hacen mucha falta

Por Jaime García Chávez

Ha muerto Roberto Vázquez Muñoz, después de una larga y fecunda vida en la que alcanzó el ideal ético que convierte a la política en una actividad humana de alta dimensión por la entrega a los otros, en este caso a los explotados, los oprimidos, los olvidados. De profesión fue médico, donde destacó excepcionalmente; originario de Sabinas, Coahuila, estudió medicina en la UNAM y ejerció de manera constante, con un gran volumen de pacientes que lo buscaban, así fueran vecinos de otras ciudades.

Por azar llegó a Ciudad Juárez en los años 50 del siglo pasado. Resulta que al concluir sus estudios le asignaron el poblado de San Lorenzo, Chihuahua, para llevar a cabo su estancia de servicio social. Fue así que se trasladó al poblado que lleva ese nombre en Ciudad Juárez, casi en los límites de esa ciudad, que entonces llegaban hacia lo que es hoy la avenida López Mateos. Pero la comisión real era en el pueblo de San Lorenzo, en el municipio de Buenaventura, Chihuahua. Por esa pequeña confusión el doctor Vázquez Muñoz se asentó en la frontera y ahí vivió el resto de su existencia, donde contrajo matrimonio con la señora Luz Alicia Molinar (qepd), con quien procreó a Luz Alicia, Roberto, Rosario, Cecilia (qepd) y Gustavo, hasta la noche del pasado 6 de junio, día que lo alcanzó la muerte.

Tuvo fuertes inclinaciones poéticas y llegó a publicar varios pequeños poemarios, que mostraron su sensibilidad. Su producción de escritos políticos es innumerable y vasta. Originalmente se organizó con otros ciudadanos en un grupo que se denominó “Cuauhtémoc”, que luego dio nombre a un periódico de larga y constante vida. Fue probablemente desde el año de 1954 que se agrupó al lado de Bernardo Jiménez Pérez, Salvador López Chávez, Antonio Castillo, Horacio Lastra y Jaime Márquez. Emprendieron la lectura de textos de Carlos Marx y fue un defensor de su ideal marxista porque, en palabras de él, “… se conjuga armónicamente el amor verdadero de cada hombre consigo mismo y con sus semejantes, con sus connacionales y con los hombres de cualquier otra latitud o dimensión, sin importar color, idioma o creencia”.

Las tareas políticas en aquellos lejanos años eran de encuentro con otras organizaciones, como el Partido Comunista Mexicano, el Partido Popular Socialista, el Movimiento Revolucionario del Magisterio, el Movimiento de Liberación Nacional y en parte con la masonería misma.

Sus preferencias hacia las luchas sociales fueron captadas en las ideas políticas esbozadas por Guillermo Rousset Banda entre 1964 y 1965, dirigente entonces de la Asociación Revolucionaria Espartaco, uno de los grupos de izquierda que proliferaron independientes del Partido Comunista Mexicano. Esta pequeña organización enarbolaba críticas al socialismo soviético y al estalinismo, y tuvo ciertas simpatías hacia el comunismo que se edificaba en China.

Hoy casi no se recuerda esto, pero entonces se planteaba que el principal enemigo de los trabajadores asalariados del país no era solamente el imperialismo norteamericano sino también el capital financiero mexicano y lo que se denominó como “burguesía burocrática”. Un problema central era definir el papel de la historia nacional y al respecto se sostenía que la Revolución mexicana ya estaba concluida y que la filosofía del “nacionalismo revolucionario” era la envoltura ideológica de la nueva oligarquía al mismo tiempo que el PRI en México, entre otras cosas. Nuestro personaje abrazó con entusiasmo y firmeza esas concepciones y prácticamente las mantuvo toda su vida.

En 1965 fundó la Alianza Cívico-Demócrata Juarense y en las elecciones para presidente municipal en ese año, esta organización lo postuló como su candidato, y fue así como desde entonces, domingo a domingo, la Alianza se reunía para discutir, para planear actividades, difundir ideas y consignas. De esta manera transcurrieron al menos 50 años de constante actividad política semanal, siendo la plaza principal de la ciudad el lugar donde culminaban todas las movilizaciones.

Pero el transcurrir del tiempo y al ver que el camino electoral no presentaba ventajas claras para asomarse al porvenir y además calibrar la poca calidad de candidatos de los diversos partidos, la Alianza optó por participar en procesos electorales con una postura satírica y de crítica burlesca; por eso, durante años su utilizó la figura del “Burro Chon” –sí, un burro– como candidato. Era sin duda una burla certera, pero sin solución alguna porque no presentaba alternativa real.

El doctor Vázquez lo sabía, pero era el arma de combate más próxima en sus manos y no escatimó esfuerzos para criticar la caricaturesca democracia mexicana.

Tanto el doctor Vázquez como su inseparable amigo Bernardo Jiménez, cabezas más importantes de la Alianza, formaban además parte del Partido Mexicano del Proletariado, organismo que fue producto de la evolución grupuscular de la mencionada Asociación Revolucionaria Espartaco. Eran un pequeño número de militantes con un nombre muy ambicioso, aunque con un programa político interesante y sugestivo, con posturas independientes, marxista y de firme denuncia del llamado “socialismo realmente existente” como sociedades burocráticas con un capitalismo colectivo estatal.

Guillermo Rousset tuvo acercamientos en Europa –Ginebra en particular– con la embajada china, y producto de ese contacto se decidió el envío de seis militantes del Partido Mexicano del Proletariado a la República Popular China en 1966 y 1967, para entablar relaciones y asistir a una “escuela de cuadros”, por decirlo en el viejo argot. Roberto Vázquez fue uno de ellos y llegó incluso a entrevistarse con Chou En Lai, primer ministro de China y notable personaje en el mundo por aquellos años. Él mismo recordaba este episodio con gusto. El doctor regresó, pero esta aventura no duró muchos meses y los demás militantes fueron regresados al poco tiempo. Este episodio es poco conocido y quizá convenga regresar a él para explicarlo al lado de otros de la misma índole que se dieron al supuesto amparo de un internacionalismo proletario.

Año con año la Alianza desplegó actividades dominicales en la plaza pública con mítines de apoyo a los trabajadores y denuncia de la explotación y de los excesos y corrupción de la clase política. Tan segura era esta presencia como las misas en las iglesias.

En una etapa reciente y a consecuencia de la insurgencia zapatista en Chiapas, Roberto Vázquez asistió al “Encuentro Intercontinental por la Humanidad y Contra el Neoliberalismo”, organizado por el neozapatismo en 1996 en dicho estado. Ratificó así ser un hombre que jamás transigió ni con la clase política ni con los intereses económicos creados. Siempre vivió del ejercicio de su profesión como médico en jornadas extenuantes que concluían a altas horas de la noche. Su consultorio y su casa fue una especie de santuario al que asistimos muchos en búsqueda de sus enseñanza y solidaridad. En una de esas visitas me comentó una conversación que sostuvo con el guerrillero Arturo Gámiz.

Un día, mientras estaba en su consultorio, los delincuentes lo atacaron peligrosamente y él con calma los atendió, los pasó a su despacho y les explicó las raíces de esa violencia y descomposición social, argumentándoles que él no era el adversario a destruir, sino otros que tenían postrado al país.

Quizá su seguridad y su confianza en sí mismo lo hizo sortear con éxito el gran riesgo que esta anécdota revela.

Se ha ido un hombre indispensable, de los que hacen mucha falta y que siempre tuvo el ideal que hoy podemos reducir al reconocimiento de la dignidad humana. Él vio en nuestros mejores héroes nacionales y en figuras como Marx, Engels, El Ché y Rousset, “hombres subversivos, cuyos espíritus insatisfechos se encuentran rebozantes de fuerza moral”, y al recordar a su amigo Guillermo Rousset Banda, se autocuestionó: “Si no fuera así, ¿cómo podrían exponer su vida, el más alto valor axiológico, por lo demás y tratar de llevar su rebeldía individual hasta la insurrección de la sociedad”.

La respuesta a una inquietante pregunta cómo está sólo la da una vida ejemplar y congruente, justamente como la del médico y revolucionario Roberto Vázquez Muñoz, que nos lega su gran ejemplo.

Hasta siempre, doctor Roberto Vázquez Muñoz.

08 junio 2020

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