COVID-19

Prolifera sin control basura de COVID-19 generada en hogares

Desde el inicio del confinamiento, los desechos de viviendas en Ciudad Juárez aumentaron en promedio 350 toneladas al día, entre los que se encuentran material infeccioso inusual recolectado como cubrebocas y guantes, que se tiran sin cumplir con algún procedimiento para evitar contagios

Martín Orquiz / La Verdad

Como si trajera pinzas en sus manos, Pedro toma cajas y bolsas de basura que están alrededor de un bote repleto de desperdicios caseros para aventarlas al camión recolector en el que recorre varias colonias de la ciudad

El trabajador del servicio de limpia, que pide no publicar su apellido para no tener problemas con sus jefes, trae unos guantes gruesos y un cubrebocas con el que tapa su papada pues deja al descubierto su nariz y boca.

Dice que desde comenzó “todo esto” de la pandemia de COVID-19, su trabajo como recolector de basura es más arduo, duro y peligroso, ya que entre los desperdicios que recogen de las viviendas se topa con cubrebocas y guantes usados, así como jeringas con agujas y otros tipos de materiales infectocontagioso no usuales que se desechan sin mayor protección.

“Así es en todos lados, platicamos de eso, que están tirando mucha basura de medicina (médica) y nos dicen que es peligrosa, que tengamos cuidado”, comenta mientras corre para alcanzar el camión recolector porque el chofer no detiene su marcha.

Mucho de este material es desechado por pacientes de coronavirus que permanecen en casa. De acuerdo con datos de la Secretaría de Salud estatal, al mes de mayo se estimaba que cerca de 35 por ciento de las personas que contrajeron la enfermedad se mantenían con un tratamiento ambulatorio, es decir, aislados en sus viviendas.

Esa circunstancia generó en los hogares residuos no usuales, como son: cubrebocas, guantes, toallitas húmedas y viseras, entre otros objetos. El problema es que se desecha sin control y sin advertir los riesgos de contagios para recolectores, pepenadores y población en general, así como el impacto ambiental que eso puede generar.

Mucha de esa basura de COVID-19, como cubrebocas y guantes, termina tirada en la calle, parques públicos o enredada en hierba de lotes baldíos, lo que se ha podido apreciar por distintos rumbos de la ciudad.

Fotografía: Martín Orquiz

La situación es preocupante, advierte la doctora e investigadora del Colegio de la Frontera Norte (Colef), María Eugenia González Ávila, quien considera que, ante la problemática, los gobiernos locales deben habilitar a su personal con medidas de seguridad e informar a los ciudadanos para que contribuyan a bajar el riesgo en el manejo de desechos domésticos.

La académica publicó en mayo pasado la investigación Gestión de Residuos Bajo el Contexto COVID-19 México, donde encontró que no hay condiciones ni para colectar ni disponer material infeccioso por COVID-19.

“Me puse a averiguar la situación de los residuos y encontré que todos se quejan, incluso algunos municipios no prestan servicio porque trabajadores tienen temor, no tienen infraestructura ni para colectar ni para disponer”, expone.

Declara que verificó la situación de los estados fronterizos del norte y le sorprendió las cifras de contagios y fallecimientos en Ciudad Juárez.

“¿Por qué tienen niveles tan altos de enfermos? No entendí la dinámica social que hay para que haya tanta gente contagiada y muertos”, añade.

En su investigación encontró también que los residuos, en este momento, no son un tema prioritario para nadie.

Desde el pasado 8 de abril la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) publicó la Cartilla de Mejores Prácticas para la Prevención del COVID-19, con el objetivo de garantizar la seguridad sanitaria de la población a través de un manejo adecuado de los residuos sólidos urbanos (RSU), pero el documento es desdeñado por las autoridades locales y desconocido por la población.

Aumenta basura por COVID- 19… y riesgos

Desde del 17 de marzo, cuando se hizo público el primer caso de contagio con COVID-19 en Ciudad Juárez, el cúmulo de basura generada se incrementó en un promedio de 350 toneladas al día, informa el director de Servicios Públicos Municipales, Daniel Pando Morales.

Sin embargo, no existe control en cuanto a los desechos clínicos ya que se mezclan con la basura común, por lo que el funcionario apela a la consciencia de los ciudadanos para que cuiden la forma en cómo disponen los remanentes médicos.

Fotografía: Cortesía

Hasta este sábado, Ciudad Juárez había 2 mil 52 pacientes confirmados con COVID-19 y 477 decesos, de acuerdo con datos dados a conocer la Secretaría de Salud del estado.

Todas esas personas generaron residuos médicos u hospitalarios, la mayoría desde sus domicilios, sin embargo, el modelo para la recolección, manejo y disposición del material clínico que se genera en los hogares, no se está aplicando, concede la subdirectora de Medicina Preventiva y Promoción de la Salud, Leticia Ruiz González.

De esa condición se desprende un reto para las autoridades municipales, estatales y federales sobre el manejo de esos desechos generados por la población confinada en el hogar, advierte María Eugenia González Ávila.

Desgraciadamente en algo que hasta ahora no se ha dado prioridad.

“No hay información, sólo informan (del manejo de residuos) a los que se internan y salen del hospital, pero en general a la población no, a la que está en su casa”, afirma González Ávila en entrevista con La Verdad.

La situación, explica, lleva a dos escenarios. El primero tiene que ver con un incremento en los RSU, situación que origina una mayor presión a los servicios de recolección y limpieza municipales.

El segundo es la generación de residuos por parte de personas que pueden o no ser asintomáticos al coronavirus, así como de materiales plásticos que tendrán un impacto ambiental aún no estimado.

Se dispone la basura sin precaución

Rosa y su pareja fueron diagnosticados con COVID-19 en mayo pasado, ambos pasaron varios días en su hogar sufriendo los síntomas, solo cuando él se agravó tuvo que ser internado en el Hospital General debido a que presentó severas dificultades para respirar.

Ella permaneció en su hogar, aunque estuvo en contacto con las autoridades, dice que no recibió instrucciones de cómo deshacerse de la basura que generó en el lapso cuando el virus estuvo activo en su organismo.

“Nunca me dijeron qué hacer, yo estudié enfermería y trataba de cuidar que lo que tiraba fuera en una bolsa cerrada, pero no me dijeron cómo debería hacerle”, señala.

Aunque las autoridades locales saben que la situación es delicada, sólo manejan el tema cuando se les pregunta.

La subsecretaria de promoción a la Salud, Ruiz González, dice que no hay un lugar o forma específica para eliminar desechos de contagiados por COVID-19, poco un lugar establecido dónde depositarlo.

“Lo que se recomienda es ponerlo en una bolsa bien cerrada, de preferencia hermética, y si no doble bolsa de plástico para depositarlos en la basura normal”, declara la subdirectora de medicina preventiva y promoción de la salud.

Con relación a los deshechos generados en las instituciones médicas, fue más parca: “… en los hospitales tenemos otra clase de cuidados; sin embargo, para el público en general… esas son las recomendaciones, marcar lo cubrebocas de preferencia, envolverlos en una doble bolsa y con eso los podemos eliminar en el sistema normal de desecho de basura”.

Del cúmulo de los restos infectocontagiosos hospitalarios, indica que no cuenta con el dato, pero que una empresa privada presta el servicio para recogerlos y eliminarlos “como siempre”.

Acerca de eventuales contagios por el material COVID-19 dispuesto en la basura común, asegura que no se ha identificado contaminación ni contagio por ese motivo.

Pando Morales, en entrevista sobre el tema, menciona que desde que inició la emergencia por la pandemia, la generación de basura en Ciudad Juárez creció en un 26 por ciento cada día.

“Recogíamos a diario mil 350 toneladas diarias de basura, ahora estamos recogiendo mil 700”, da a conocer.

Y como lo advierte la investigadora del Colef, la situación genera serios problemas.

“Los camiones se saturan más rápido, obviamente el servicio es más lento por la dimensión de basura que hay… los camiones están trabajando de cinco de la mañana a 11 de la noche”, cuenta el director de Servicios Públicos.

Ante el hecho, pide paciencia a los ciudadanos, que cierren bien sus bolsas de basura y hasta que las rocíen con un poco de cloro como medida preventiva.

“Es un tema muy sensible el de la basura, si se colapsa ese servicio sería algo grave, sería un desorden en la ciudad… el servicio es monitoreado por GPS, hay supervisores, si es necesario meter otro turno, se hará” establece.

Además, la geografía de los desechos también cambió, ejemplifica el hecho con lo que ocurre en el Centro Histórico, donde antes de la pandemia se recogían a diario entre 12 y 13 toneladas, pero ahora sólo se genera entre una y una y media en el mismo lapso.

Ante la situación, la Dirección de Ecología del Municipio lanzó un exhorto a la población para que evite desechar en la vía pública cubrebocas y guantes utilizados como protección contra el Coronavirus.

La directora de la dependencia, Margarita Edith Peña Pérez, solicita que ese material sea depositado en botes de basura, dentro de bolsas desinfectadas y, de ser posible, identificadas para que el personal de recolección de basura extreme precauciones en su manejo.

Los cubrebocas, dice, deben ser cortados en trozos para evitar que alguien más los utilice.

Todas las anteriores recomendaciones no empatan a las que contiene la Cartilla de Mejores Prácticas para la Prevención del COVID-19 de la Semarnat.

El documento clasifica los residuos generados en la pandemia como “normales” cuando provienen de viviendas u organizaciones no hospitalarias con habitantes sin contagio aparente, y como “COVID-19” a los que se generan en esos mismos sitios, pero cuando hay personas con el padecimiento.

Para manejar los desechos del contagio, el documento establece el uso de guantes de látex o nitrilo, así como de una mascarilla con fijador metálico para la nariz que debe reemplazarse diariamente, además de lentes de protección.

Se recomienda la aplicación de una solución anti-COVID-19, que puede prepararse con un tercio de taza de cloro por cuatro litros de agua o cuatro cucharaditas de cloro por un litro de agua.

Cuando las superficies pueden ser dañadas por el cloro, recomienda utilizar una concentración de etanol al 70 por ciento.

Para el cuidado de quienes manejan los residuos normales, la guía oficial establece un protocolo de cuidado que incluye la revisión de sus condiciones básicas de salud antes de comenzar sus labores, así como la desinfección del cuerpo y herramientas de trabajo.

Los desechos que tengan vestigios de contagio deben tratarse con la solución anti-COVID-19 y envolverse con doble bolsa, usando guantes, evitar comprimirlos y etiquetarlos con un rótulo que diga “COVID-19”.

Pero, se advierte, este material debe ser almacenado al menos cinco días en un lugar ventilado lejos de mascotas o animales que pudieran abrir las bolsas.

Cuando pase ese lapso, los residuos deben ser incinerados o confinados en una celda de emergencia separada del resto de la basura y lavar los vehículos usados para su transportación con la solución anti-COVID-19.

El protocolo indica que durante la contingencia se deben ofrecer servicios médicos básicos en el sitio de disposición final.

La Verdad trató de corroborar si estas medidas de aplican aquí tanto con funcionarios de Servicios Públicos Municipales, pero establecieron que esa información sólo la tiene la empresa privada que da el servicio de recolección, Promotora Ambiental, Sociedad Anónima (PASA), de quien tampoco se obtuvo respuesta.

La investigadora González Ávila menciona que la comunidad ignora que algo tan sencillo, como tirar basura, puede tener un efecto colateral -o directo en algunos casos- para personas con las que en ni siquiera tienen contacto, como lo empleados de limpia o los pepenadores.

“Ellos pueden ser afectados por lo que generamos, sobre todo si estamos enfermos. Nadie ha dicho que existe esa cartilla… no sólo es ver muertos, sino producir menos contagios”, menciona.

Cuando los ciudadanos sacan la basura a la calle, afirma, por competencia legal le toca recogerla al Municipio, pero en realidad es un problema para todos los vecinos en las circunstancias actuales.

El Municipio tiene la obligación de informar a la gente cómo debe disponer los residuos y pedir solidaridad para no enfermar a más personas, agrega.

La investigadora indica que es un momento idóneo para que los gobiernos municipales y estatales se acerquen a la población y juntos adquieran conocimientos para manejar asertivamente las circunstancias actuales, pero ese proceso no se ha dado.

“Son acciones pequeñas para que en la comunidad sea menos vulnerable, para que se dé realmente un proceso de aprendizaje, pero los gobiernos no han tomado esa oportunidad para hacerlo”, advierte.

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