Corrupción

Parque Central oriente: el abandono de más de 300 millones de pesos

En 23 años de su existencia, las instalaciones del parque han sido intervenidas con proyectos fallidos que lo han mantenido cerrado por años para la convivencia ciudadana. Solo la zona poniente se logró mantener abierta al público

Texto: Martín Orquiz/ La Verdad

Fotografías: Alejandro Sánchez

La estatua de un policía sobresale entre las hierbas crecidas y la basura dispersa por la acumulación producida a lo largo de años de abandono en las 21 hectáreas que comprenden la sección oriente del Parque Central, espacio que han permanecido cerrado pese a los más de 300 millones de pesos que se han invertido desde su creación hace 23 años.

Una gran parte del perímetro permanece resguardada por una alambrada para evitar el ingreso al sitio en completo desuso. De construirse como parque público paso a un espacio exclusivo para el uso de agentes policiacos y sus familias, pero ni ellos lo pudieron usar a plenitud.

La vegetación del lugar luce crecida, descuidada y seca, mientras que cúmulos de desperdicios se extienden por los senderos y áreas verdes, algunas ya sin árboles. Una situación que genera altos costos sociales y el desperdicio del recurso público, expresan especialistas en desarrollo urbano.

Ese escenario es el que ve casi todos los días Daniel Delgadillo Díaz, un activista social integrante de la agrupación Árboles en Resistencia, quien vive muy cerca del Parque Central oriente, ubicado en el polígono qué forman las avenidas Tecnológico y Teófilo Borunda con las calles Pedro Meneses Hoyos y De las Parcelas.

“Paso muy seguido por ahí y me doy cuenta del mantenimiento que no tiene y de las condiciones en las que está”, menciona.

Luego de años en el abandono, en el 2014 el Gobierno del Estado, con apoyo de la federación, rehabilitó la zona para que lo usaran policías municipales, estatales y federales, pero el proyecto finalizó en el 2018 y, desde entonces, permanece clausurada en su totalidad.

Ahora, la misma instancia de gobierno, interviene en las instalaciones con un proyecto de más de 200 millones para reabrirlo al público y conectarlo a la zona poniente del parque.

Estatua al policía caído.

Policías entrevistados sobre este parque por él que estuvieron pagando indicaron que durante cuatro años les descontaron una cuota equivalente a tres pesos diarios o 30 a la decena, pero que lo usaron muy poco.

“Ahí realizaban eventos especiales, era cuando íbamos, pero muchos compañeros no podíamos ir porque vivimos lejos, en Riberas del Bravo o Parajes del Sur”, comenta uno de los agentes, quienes pidieron no dar a conocer su identidad.

Otro señala que asistía al menos una vez al mes ya que era problemático porque, desde siempre, deben trabajar de forma rotativa en los tres turnos, así que resultaba difícil aprovechar esa prestación.

Un elemento municipal más dice que la falta de costumbre para convivir en ese tipo de espacios también incidió en el poco uso del lugar, tanque que ahora que ya no lo tienen ni siquiera lo extrañan.

“Cuando uno sale del turno usa el tiempo para otras cosas, problemas que se tienen que resolver, no había tiempo para ir”, menciona una mujer policía acerca del tema.

Un ‘pulmón verde’ colapsado

En la localidad existe un déficit muy importante no sólo de áreas verdes, sino de espacio público, que la parte oriente del parque esté subutilizada, con tan buena localización y en esas condiciones “es muy triste”, comenta el urbanista y profesor de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), Gabriel García Murillo.

Agrega que en la actualidad la zona es el centro geográfico de la ciudad y por ahí pasa “prácticamente todo Juárez”, condición que debe aprovecharse.

Explica que las personas que viajan de sur a norte o viceversa, también de oriente a poniente y en sentido contrario, atraviesan por ese sitio neurálgico para la comunidad fronteriza, entonces resulta “una lástima” que permanezca cerrado por los costos sociales y ecológicos que ese hecho genera.

María de Lourdes Romo Aguilar, investigadora del Colegio de la Frontera Norte (Colef), menciona que el cierre y la falta de atención en ese parque le quitan a la ciudad un pulmón de 21 hectáreas.

“(Las autoridades) en lugar de construir, le restan áreas verdes a la ciudad”, declara.

Añade que en los últimos 20 años no se ha dado en la región la creación de un área recreativa de esas características y dimensiones que ayude al desarrollo de la comunidad fronteriza.

“En lugar de crearse un espacio de área verde en condiciones adecuadas y sanas, desde mi punto de vista, ha decrecido”, señala.

Aunque desde principios del año el Gobierno del Estado anunció una inversión en el Parque Central Oriente para rehabilitarlo y abrirlo al público, hasta ahora, sólo proyectos relacionados con obras hidráulicas llevan a cabo.

Se solicitó información sobre el proyecto y el tiempo estimado para su realización, pero el subsecretario de Obras Públicas del Gobierno del Estado, Roberto Barraza Ornelas, no estuvo disponible. Sin embargo, hace unos días, la administración estatal dio a conocer que la restauración integral del Parque Central se basará en la reintegración de la zona oriente para la consolidación de una sola área, con un replanteamiento completo del sistema hidrológico, reforestación y el estacionamiento.

Proyectos van, inversiones se esfuman

Las inversiones hechas en ese lugar desde su creación incluyen 300 millones de pesos que inicialmente se aplicaron para abrir las áreas poniente y oriente – en promedio 150 millones por área, no se informó cuánto se destinó a cada zona– a partir del 10 de octubre de 1997.  Ese mismo año se entregó la zona oriente a la Asociación de Transportistas de Ciudad Juárez en comodato, pero por incumplir con el acuerdo los gobiernos municipal y estatal se lo retiraron con el pago de una indemnización de 24 millones 300 mil pesos.

En diciembre del 2007, las autoridades invirtieron otros 12 millones 700 mil pesos en equipar y remodelar esa parte del Parque Central, para reabrirla al público, ya que estuvo cerrada desde el 2005 por el conflicto con los transportistas.

Al año siguiente, se anunció un gasto de 16 millones de pesos para edificar un pozo de absorción en ese lado del parque, mientras que en el 2009 se aplicaron otros siete millones 265 mil 394 pesos para rehabilitar la zona.

Para el 2013, los gobiernos municipal y estatal construyeron instalaciones deportivas que tuvieron un costo de siete millones de pesos; además, entre el 2014 y el 2015 el gobierno federal aportó 100 millones de pesos para reacondicionarlo para el uso exclusivo de policías y sus familias.

Entre el 2015 y el 2018, los ´policías municipales y estatales aportaron, a través de cuotas de 30 pesos a la decena, un total de 17 millones 508 mil pesos, indican datos proporcionados por la Tesorería del Ayuntamiento de Juárez.

Este mes, el gobierno de Javier Corral anunció la restauración integral del Parque Central, que se basará en la reintegración de la zona oriente en un solo parque con un replanteamiento completo del sistema hidrológico y reforestación del parque oriente y el estacionamiento.

Para este nuevo plan sobre estas hectáreas anunció una nueva inversión de 330 millones de pesos, de los cuales 80 millones se sumarán del Fideicomiso de Puentes Fronterizos.

Un parque jamás realizado

Las dos porciones del Parque Central, poniente y la oriente que alcanzan 52.8 hectáreas de superficie, tuvieron su origen en 1997, cuatro años después de que un conflicto político provocara el cierre y el aseguramiento –por parte de los gobiernos estatal y municipal– de los terrenos donde se asentó la Escuela Superior de Agricultura Hermanos Escobar (ESAHE), explican archivos periodísticos.

El área completa fue dispuesta para edificar un espacio público de recreación, el Gobierno Federal otorgó la posesión de las instalaciones al del Estado, pero finalmente quedó en manos del Ayuntamiento juarense abrir un espacio que pretendía ser ecológico, moderno, recreativo y cultural.

Luego de 11 años de intentos por alcanzar ese objetivo, en noviembre de 2005 las autoridades cerraron la porción oriente con la justificación de que resultaba inoperante debido a las condiciones climáticas frías de la temporada.

El sitio fue reabierto a la ciudadanía en el 2006, pero sólo en fechas especiales, como los 30 de abril para celebrar el Día del Niño. Sin embargo, fue clausurado de nuevo al acceso público desde inicios del 2014, cuando fue acondicionado para uso exclusivo de policías de los tres niveles de gobierno.

Se remozaron 10 hectáreas y se habilitaron instalaciones como una alberca de olas, toboganes acuáticos, una piscina semi olímpica techada, una cancha de frontenis, otra multideportiva, un campo de béisbol y hasta un gimnasio de pesas.

Contaba con 22 mil metros de pasto natural, sistema de riego, 30 asadores, sombrillas con mesas y bancas, teatro al aire libre, circuito para correr y una ciclovía, así como baños y vestidores.

En este lugar se instaló el Monumento al Policía Caído, la estatua se retiró de donde fue colocada originalmente, el cruce de Eje Vial Juan Gabriel y Municipio Libre.

Fue bautizado como Centro Deportivo y de Esparcimiento Familiar (CEDEFAM) y fue inaugurado por el entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto, el 14 de enero de 2015.

El uso exclusivo para agentes policiacos estuvo vigente hasta octubre del 2018. Desde entonces, se encuentra en desuso.

Lo que ahora se ve, dice el activista Delgadillo Díaz, es un descuido total en las áreas verdes, sobre todo desde que dejó de funcionar como parque exclusivo para agentes policiacos y sus familias.

Al margen de esa situación, el mantenimiento de instalaciones de esa naturaleza debe ser por parte del Gobierno del Estado, pero quedó totalmente abandonado.

“No hay sistemas de riego, los árboles que permanecen ahí desde la época de la escuela de agricultura están completamente secos porque dejaron de regarlos, los abandonaros”, indica.

La situación es grave porque los fronterizos solo cuentan con El Chamizal y el Parque Central para llevar a sus familias en busca de esparcimiento, pero no pueden acceder a la parte oriente.

Mantener sin acceso ese lugar, añade, es negar el derecho de las personas para recrearse, más todavía porque se trata de un sitio público.

“Debe abrirse para que las familias, sobre todo las de bajos recursos, lleven a sus familias a esos lugares, pero no pueden hacerlo”, declara. “Es lo que vemos, cada vez se nos reducen los espacios públicos a los ciudadanos”.

El profesor García Murillo destaca que el origen del Parque Central es muy relevante debido a que era una escuela de agricultura y termina convertido en área recreativa por cuestiones políticas.

Pero, además, porque tiene un valor económico muy alto debido a que está muy bien ubicado y parte del nuevo centro geográfico de la ciudad, al que cualquier persona puede tener acceso si se maneja bien como proyecto urbano.

Llama la atención hacia el hecho de que en un extremo de ese polígono se ubica un centro comercial que recibe a miles de personas cada semana y que enfrenta conflictos por el cobro de estacionamiento, mientras que en el otro está un espacio público que debería ser completo para el acceso gratuito de las personas.

“Le hace falta mantenimiento, pero los espacios son muy extensos, tiene mucho valor si se rescata para la ciudadanía”, declara.

Aunque no hay una medición del impacto que genera que esa área esté cerrada, indica que es lógico que tenga costos ambientales por la vegetación que pudiera sembrarse en el sitio que se encuentra a un lado de la vialidad que atraviesa toda la ciudad y comunica con el resto del continente.

También hay costos sociales, como la falta de oportunidad para tener un espacio de que sea de todos.

“El Chamizal es mucho más grande, pero está en la parte norte de la ciudad y no pasa mucho transporte público, mientras que por el Parque Central se concentran muchas de las rutas que viajan a distintos puntos de la ciudad”, dice.

La inaccesibilidad a esa zona, menciona la investigadora Romo Aguilar, es una pérdida para la ciudad.

Agrega que aquí sólo existen dos grandes parques, el central poniente y El Chamizal, pero se requieren más para una comunidad como la fronteriza.

“No sólo se requiere un espacio ecológico, sino uno que tenga función social, las áreas verdes urbanas son elementos fundamentales para mejorar el bienestar de la condición humana y de cualquier sociedad”, indica.

Aunque el área verde tiene beneficios lógicos en la parte ambiental y es algo que todos entienden, está también la imagen urbana, una ciudad que tiene espacios agradables que invitan al confort y al bienestar, tiene impacto en la parte de la salud e invita a caminar, leer y hacer ejercicio.

Está demostrado, agrega, que el verde de la naturaleza relaja la mente y las emociones en lo individual, pero además genera integración, cohesión social y convivencia, donde la gente se puede reunir e interactuar y eso es algo que se necesita aquí.

“Es mucho más sano el espacio abierto que uno cerrado, abre puertas a espacios positivos para contrarrestar el tema de la delincuencia con seguridad, iluminación, sendas peatonales y bancas de lectura”, señala.

Mantener cerrada un área como la parte oriente del parque Central también tiene un impacto al omitir fomentar lugares de convivencia que puedan disminuir los factores de delincuencia porque genera que los jóvenes sean más proclives a buscar otras formas de diversión en las calles.

“Tendría que haber más espacios verdes, no menos”, señala.

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