Opinión

¿Por qué es diferente García Harfuch?

Hay varias alertas que se deben atender para dimensionar lo que se vivió en la región donde convergen las sedes de los tres poderes del Estado mexicano… hace algunos años, un atentado en la CDMX sería impensable.

Itzel Ramírez

El atentado del viernes pasado en contra de Omar García Harfuch, jefe de la policía de Ciudad de México, no es un incidente más de violencia en México. Se trata de un despliegue inusual de fuerza en la capital del país, del primer ataque contra un funcionario de altísimo nivel en este sexenio.

De acuerdo con los reportes de prensa, al vehículo del secretario de Seguridad Ciudadana le dispararon más de 400 veces. Además de granadas y bombas, en el ataque se usaron armas con la capacidad de traspasar vehículos blindados. Los atacantes, presuntamente contratados por el Cártel Jalisco Nueva Generación, usaban chalecos antibalas e inhibidores de señal, supuestamente para evitar que el secretario y su equipo pidieran apoyo durante el atentado.

Del hecho hay varias alertas que se deben atender para dimensionar lo que se vivió en la región donde convergen las sedes de los tres poderes del Estado mexicano, para entender que este atentado es por mucho diferente a lo que hemos visto antes.  

1.- LAS LOMAS

La zona donde fue interceptado el vehículo de García Harfuch es una de las de mayor plusvalía de todo el país. Cerca están sedes de embajadas, restaurantes, oficinas corporativas y por supuesto las residencias de políticos, artistas y empresarios.

Dimensionémoslo así, Las Lomas es una zona tan segura que no muy lejos de ahí se encuentra la Casa Blanca de Angélica Rivera, la que fue ícono de la corrupción que reinó en el sexenio de Enrique Peña Nieto.

2.- INMEDIATA RESPONSABILIDAD

Mientras desde el gobierno federal se establecían varias líneas de investigación y no se había determinado a los autores del hecho, García Harfuch adjudicó inmediatamente el atentado al Cártel Jalisco Nueva Generación. Lo hizo antes de entrar al quirófano a consecuencia de sus heridas y adelantándose a cualquier otra autoridad.

Hasta hoy no ha sido desmentido. El funcionario sabía de las amenazas en su contra –no por ello se tomaron medidas de seguridad adicionales, hasta donde sabemos– y las investigaciones iniciales muestran que, en efecto, el CJNG está involucrado en el atentado.

3.- ¿QUIÉN GOBIERNA?

Hay una lección clara y esta es que no importa el partido que esté al frente del gobierno cuando de crimen organizado se trata.

Desde 1997 la Ciudad de México ha tenido gobiernos emanados de la izquierda (lo que sea que eso signifique en este país). Por años la capital metropolitana fue prácticamente un ‘oasis’ protegido de la violencia, pero donde ya operaban bandas del crimen organizado a sus anchas en tráfico de mercancías, trata de personas y piratería.

Como jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard tuvo como procurador de justicia a Miguel Ángel Mancera, que sería su sucesor. Mancera, ya como gobernante, siempre no solamente fue incapaz de frenar a las bandas del crimen organizado, sino que permitió (así haya sido por omisión), que el centro del país se convirtiera en terreno en disputa.

A diferencia de Guanajuato (de tradición panista) o del Estado de México (donde no ha habido alternancia), en territorio chilango no hay manera de que no se culpe al PRD y ahora a Morena por la inseguridad que parecía relato de otra dimensión, niveles de violencia que nunca padecerían los habitantes de la Ciudad de México.

Sin importar quién gobierne, ahí está el narco que a base de sobornos o amenaza se infiltra y opera a sus anchas. 

Según informó la Fiscalía General de Justicia, en el ataque participaron cuando menos 28 personas, varios vehículos y células apostadas en tres puntos diferentes de la ciudad, cada uno en el camino que sigue el secretario para ir de su casa a la sede de la Secretaría de Seguridad Ciudadana. En los videos que se han hecho públicos puede apreciarse cómo una de las camionetas donde se transportaron los delincuentes cuenta con un logotipo de Carso, empresa que negó que el vehículo perteneciera a su flota.

Si en la CDMX nadie se dio cuenta del traslado de armamento y de la vigilancia a la rutina del secretario, pésima la inteligencia; si alguien supo y no actuó en consecuencia, urge una investigación interna.

4.- LA JUSTICIA NI ES IGUAL, NI ES LA MISMA

Hasta la tarde de ayer domingo, apenas dos días después del atentado, se reportaban 15 personas detenidas, entre ellas el presunto autor intelectual, José Armando, “La Vaca”, señalado como jefe de sicarios del Cártel Jalisco Nueva Generación. A estas horas, elementos de varias corporaciones habían cateado domicilios, ubicado y detenido responsables, trasladado a los imputados al Reclusorio Sur y avanzado en la tarea de castigar a quienes atacaron al secretario y causaron la muerte de dos de sus escoltas y de una civil que transitaba por el área.

Mucho han avanzado quienes estudian la administración pública como para regatear que quienes son responsables de la seguridad ciudadana merecen cuidados extraordinarios. Ni siquiera en aras de la cacareada austeridad cabría exigir que nuestros jefes policiacos (yo diría que ni siquiera los elementos rasos) dejaran de usar todos aquellos instrumentos que les garanticen protección. También vale aplaudir que en tiempo récord se ha avanzado en las investigaciones para dar con los responsables de un atentado que vaya que significa un desafío al Estado.

Las loas se tuercen cuando se recuerda cómo la impunidad reina en México, incluida por supuesto la CDMX. Miles de víctimas se enfrentan una y otra vez a un sistema que, lejos de garantizarles justicia, les pone en la mira de los criminales, quienes muchas veces son los encargados de la seguridad. Cuando para una familia la búsqueda de un desaparecido se hace eterna, no hay autoridad que investigue; cuando el agravio es en contra de un funcionario del nivel de García Harfuch, bastan unas horas para tener resultados.

5.- DE NUEVO, LA DESIGUALDAD

Gabriela Gómez tenía 26 años cuando en su camino cruzó con el de García Harfuch. Gabriela iba a vender quesadillas en los alrededores del Auditorio Nacional cuando una bala le quitó la vida. Su hermana fue trasladada a un hospital, también herida de las armas de fuego detonadas en contra del jefe policiaco.

Gabriela no iba en un auto blindado (no tendría porqué), tampoco tenía un sueldo fijo, ni una compensación garantizada, ni seguro de vida, ni siquiera manera de pagar la cuenta de un hospital privado como en el que operaron a García Harfuch.

De cubrir los servicios funerarios de Gabriela se ha encargado el gobierno capitalino y se ingresará su caso a la Comisión de Víctimas local. Ninguna de esas dos intervenciones tendrá un impacto significativo en la vida de las dos hijas de Gabriela, ni en la de su familia.

Como millones de mexicanos, tendrán que seguir así, ganándose la vida en empleos informales donde no hay seguridad social de ningún tipo, donde el salario no alcanza para blindar un auto.

6.- LA LIGA SE ESTIRA

Hace algunos años, un atentado en la CDMX sería impensable. Ahora, entre la contingencia por Covid, la crisis económica, las matanzas en Oaxaca, Guanajuato y Sonora, el asesinato de un juez federal, la noticia del atentado contra García Harfuch parece una más de la violencia.

Como sociedad, hacemos de la violencia un asunto cotidiano. El ciclo pasa por acostumbrarse a que la nueva normalidad es esa: se vive en un país peligroso y nada puede hacerse al respecto. La línea de la tolerancia sube cada vez más, tanto, que las masacres ya ni siquiera son titulares.

¿Cuánto falta para convertirnos en los peores años de Colombia y sus atentados terroristas; cuándo estaremos en manos de la mafia como la siciliana que asesinaba jueces?, ¿estaremos cerca de ser los territorios sin ley de Brasil o de Centroamérica, donde no se distingue quién es criminal y quién militar o policía?

Tal vez sea que estamos ya ahí, pero no nos hemos dado cuenta.

DESDE LA FRANJA. A casi dos mil kilómetros de la Ciudad de México, en Juárez ya inició la carrera electoral. Tan vital para muchos resulta disfrutar del poder y de las mieles del erario, que comenzaron los enroques, las renuncias, los deslindes y la búsqueda de candidaturas por donde sea posible. Hoy el Congreso aprobará las últimas modificaciones a la ley electoral antes de que inicie el proceso.

***

Itzel Ramírez. Periodista con estudios en Ciencia Política y Administración Pública por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Sus trabajos periodísticos han sido publicados en Reforma, El Diario de Juárez y La Verdad. Actualmente realiza consultoría, investigación, análisis y diseño de políticas públicas y construcción de indicadores de evaluación.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

lo más leido

To Top
Translate »