Opinión

Duarte: los factores de su caída

Resulta mezquino arrogarse paternidades únicas o causas unifactoriales a la detención de César Duarte. Se han combinado un movimiento social, una acción responsable de periodistas libres y de dos órdenes de gobierno: las administraciones actuales del estado y de la Federación

Por Víctor M. Quintana S.

Por fin fue detenido, con fines de extradición el exgobernador priísta de Chihuahua, César Duarte. Para la sociedad chihuahuense este hecho comienza a devolverle su confianza en la acción de la justicia. Y decimos comienza porque habrá que ver si se le va a extraditar y procesar por todos los delitos graves de que se acusa y si, junto con él, se investiga y se detiene a toda la red de corrupción que operó en torno a él y a la red más amplia de la que seguramente él formó parte.

Dicen que la victoria tiene muchos padres y la derrota es huérfana. Ahora le sobran paternidades a la detención. En honor de la objetividad y la justicia anoto cuatro factores que a mi juicio fueron decisivos en empezar a combatir la impunidad de Duarte y sus cómplices, todos ellos con su peso, pero ninguno de ellos prescindible.

Primero que nada, el movimiento ciudadano que desde 2014 se generó a partir de la documentada denuncia del licenciado Jaime García Chávez por los hechos de corrupción de Duarte Jáquez con el banco Unión Progreso. Ese otoño se conformó la Unión Ciudadana, en la que convergimos un amplio grupo de personas, con o sin militancia partidista, para apoyar dicha denuncia, invitar a presentar más, exigir justicia y castigo a los responsables.

En ese movimiento ciudadano se expresó la indignación de miles de chihuahuenses hartos del saqueo de los recursos públicos y de la cínica ostentación del duartismo.

Fueron también muy importantes las denuncias de un puñado de periodistas valientes, comprometidos con la verdad, que supieron difundir las corruptelas de Duarte y su pandilla con datos duros y bien fundamentados sobre varios de los hechos más escandalosos, no sólo el de Unión Progreso también el manejo de una unión ganadera para chupar recursos públicos para unos cuantos, el sistema delictivo que operaba en torno a la adquisición y suministro de medicamentos a varios estados de la República. Estas y estos periodistas sufrieron persecuciones, amenazas, les cortaron todo tipo de pagos, incluso los de publicidad ya contratada. Ellos le dieron pelos y señales, le pusieron carne al esqueleto de lo que era ya voz común en Chihuahua sobre el lucro político y económico del gobernador y su red de cómplices con la cosa pública.

En tercer lugar, no se puede regatear la labor del gobierno de Javier Corral: la Fiscalía General del Estado, la Secretaría de la Función Pública y la Consejería Jurídica formaron un equipo que se dio a la tarea de abrir y sustanciar varios expedientes, llamados “los expedientes X”, presentar denuncias y proceder dentro del ámbito del fuero común contra 23 exfuncionarios del gobierno de Duarte. El gobierno de Chihuahua cuenta con 21 órdenes de aprehensión en contra del exgobernador que involucran más de 6 mil millones de pesos. Con toda esta documentación se presentó al Gobierno Federal desde tiempos de Peña Nieto la solicitud de extradición del ballezano.

El cuarto factor es el compromiso efectivo del gobierno de López Obrador a través de la Fiscalía General de la República y la Cancillería en lograr la captura con fines de extradición del exgobernador. La importancia del papel del gobierno de la 4T se puede observar con toda claridad haciendo un contraste con lo “hecho” por el gobierno de Peña Nieto. Mientras éste se mantuvo en el poder, ni la Cancillería, ni la PGR –nos tocó incluso entrevistarnos con la procuradora Arely Gómez al respecto– hicieron nada por la justicia.

Duarte se pudo fugar y vivir con toda tranquilidad en los Estados Unidos entre 2016 y 2018. Pero desde su gira de agradecimiento por Chihuahua en octubre de ese año, López Obrador se comprometió a hacer realidad la extradición de Duarte. Y el miércoles 8 la Secretaría de Relaciones Exteriores anunció el cumplimiento de la promesa presidencial.

Para demeritar las cosas algunos dicen que fue “un regalo de Trump a López Obrador” por su visita. En buena lógica formal podríamos decir que el viaje a Washington del Presidente de la República tal vez haya sido la ocasión que aprovechara el gobierno estadounidense para la captura de Duarte pero de ninguna manera la causa eficiente de la misma. Esta se llevó a cabo porque los expedientes que fundamentan la aprehensión con fines de extradición están bien integrados conforme al derecho internacional, eso hay que reconocerlo.

Resulta mezquino arrogarse paternidades únicas o causas unifactoriales a la detención de César Duarte. Se han combinado un movimiento social, una acción responsable de periodistas libres y de dos órdenes de gobierno: las administraciones actuales del estado y de la Federación.

Pero tal vez sea demasiado pronto para decretar quien se pone las medallas y quien no. Porque hay dos tareas inmediatas que afrontar para hacer realmente efectiva la lucha contra la impunidad: investigar y proceder contra toda la red de políticos y empresarios que se tejió a partir del exgobernador, no sólo en el estado sino también a nivel federal. Y continuar sustanciando las denuncias de tal manera que esto no pase de ser un susto más o una breve estancia en prisión para quien consumó el mayor atropello que Chihuahua haya sufrido.

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